Entre el adiós al cáncer y la bienvenida al ajuste

La Nación
Buenos Aires, 8 de enero de 2012
Por Fernando Laborda

“…Finalmente, el estudio histopatológico definitivo de la Presidenta modificó el diagnóstico inicial surgido de la punción, que daba cuenta de un carcinoma papilar, y descartó la presencia de células cancerígenas. El óptimo estado de salud de la primera mandataria hará innecesaria la administración de yodo radiactivo y, seguramente, le permitirá reintegrarse a sus funciones antes de lo planificado.

El interinato de Amado Boudou no será mucho más que un hecho anecdótico, que en todo caso sirvió para poner en evidencia los temores de ciertos sectores ultracristinistas sobre un prematuro inicio de la carrera presidencial hacia 2015.

Las buenas noticias vinculadas con la salud presidencial perderán velozmente impacto ante la irrupción de otras relacionadas con esa palabra tan temida y negada por el kirchnerismo: ajuste.

Los problemas de caja serán cada vez más serios. A menos que el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, pueda remontar la cuesta del rígido discurso oficial sobre el desendeudamiento externo y lograr el retorno de la Argentina al mercado internacional de crédito.

En los próximos días se cumplirá el plazo que se habían fijado el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional para definir un nuevo índice de precios. Hasta ahora, no hay novedades sobre esa cuestión. La relación del país con los organismos financieros del mundo continúa siendo muy fría.

El ajuste, aunque el Gobierno se empeñe en disimularlo, ya está entre nosotros.

Pocos recuerdan que, a poco de asumir por primera vez, en diciembre de 1991, la gobernación de Santa Cruz, Néstor Kirchner aplicó por decreto un ajuste cuyos seguidores hoy calificarían de salvaje. Las cuentas fiscales de la provincia estaban en rojo y, para equilibrarlas, Kirchner ideó una rebaja en los sueldos de los empleados públicos y de los jubilados locales del 15% en los haberes superiores a 500 pesos y del 10% en los inferiores a aquel monto.

…Tal vez inspirada en la primera decisión de su esposo cuando llegó a la gobernación de Santa Cruz, Cristina Kirchner firmó días atrás un decreto para revisar los sueldos de 300.000 empleados de la administración pública nacional en lo que respecta a bonificaciones y suplementos. Las necesidades fiscales, anunciadas con la eliminación de los subsidios a las tarifas de agua, luz y gas, son ya innegables.

Las inconsistencias del modelo kirchnerista son agravadas por un nuevo enemigo: la sequía. En los últimos días, mientras la militancia recitaba plegarias por la salud de la Presidenta frente al Hospital Austral, otros funcionarios miraban al cielo esperando la lluvia.

Si las condiciones climáticas no mejoran, hay quienes aventuran que las pérdidas para los productores y para el Estado nacional por las menores cosechas de soja y maíz podrían acercarse a las de la campaña 2008/2009, cuando se perdieron 30 millones de toneladas…”.

Extracto del artículo del diario La Nación

- Imprimir

Comentar esta noticia