¿Un mal año?

Infolatam
Coquimbo, 29 de diciembre de 2011
Por Consuelo Ysart

Piñera no levanta cabeza en las encuestas, no logra encantar a nadie. Y su mayor problema es él, no lo que se ha hecho o no se ha hecho en estos dos años. La inscripción automática, el voto voluntario, el postnatal de seis meses, la eliminación de las listas de espera del AUGE, del 7% de salud para los jubilados, la creación de 600.000 empleos y del Sernac financiero, el aumento como nunca antes de los recursos para la educación,un crecimiento de un 6% aproximadamente en este año, entre otras muchas cosas, no logran disminuir la desaprobación del presidente, que llega a un 60%.

¿Indican las encuestas que un gobierno o un presidente lo está haciendo bien? ¿miden las encuestas la calidad del gobierno? Un bajo rating en las encuestas no indica necesariamente que todo se ha hecho mal, y viceversa.

La opinión pública es voluble y la sociedad llega a ser frívola. Por ejemplo, cada vez que un ministro ha estado cerca de una catástrofe, personal o pública, su aceptación sube como la espuma (Andrés Velasco, Golborne, Allamand). O el 44% de evaluación positiva de la joven y linda líder estudiantil, afiliada al partido Comunista, Camila Vallejo, en un país en que el PC y las ideas que defiende son absolutamente minoritarias.

Los encuestados responden livianamente a preguntas, saben que sus respuestas no van a tener consecuencias. Las respuestas a las encuestas y los votos en las elecciones no son lo mismo. Bachelet salió del gobierno con una tremenda aprobación, adorada en las encuestas, pero aún con esos niveles que no tenían precedente, tuvo que entregar el mando al candidato opositor.

El famoso “empoderamiento” ciudadano que promovió Michelle Bachelet, resultó en una sociedad descontenta, que igual que un niño caprichoso, siente que nada es suficiente y que se frustra al no alcanzar rapidamente lo que siente que le pertenece. Chile es una sociedad muy desigual, injusta en muchos casos, pero esto no es culpa de Sebastián Piñera, es un problema heredado que le ha explotado en sus manos.

El presidente no gusta, no es querido como lo fue su predecesora, sus características personales lo hacen imposible, pero si el presidente se resigna a no ser querido, asume un papel más de estado y menos mediático y los que le rodean no se obsesionan con las encuestas y se abocan a trabajar, a seguir avanzando en lo que les queda de gobierno, la Alianza podría volver a ganar las próximas elecciones. Eso sí, lo más probable que con otro hombre a la cabeza.

Los ciudadanos no pueden manejar toda la información necesaria para la toma de decisiones, por eso se elige a un presidente en el que se deposita la confianza para que gobierne durante 4 años. En ese tiempo puede haber encuentros, desencuentros e incomprensiones, pero al cabo de esos 4 años lo que se mide son los resultados y si no son los esperados, por muy querido que sea el líder en las encuestas, los votantes eligen un cambio,  y por el contrario si los resultados son buenos, probablemente el oficialismo seguirá gobernando. El amor en política no es fiel, es interesado.

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