Brasil 2011, el año que terminó
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Por Luis Nassif
Prevalece impunidad en México: informe de AI
Amnistía Internacional, en su Informe anual 2012 reseña que más de 12 mil personas murieron por la violencia entre grupos de narcotraficantes y contra las fuerzas de seguridad por el control de territorios, aunque destaca que “la gran mayoría de estos homicidios nunca se investigaron”
www.luisnassif.com.br.- Desde el punto de vista histórico, 2011 representa el final de un ciclo que se inicia con la elección de Tancredo y pasa por los gobiernos Collor, FHC y se completa con el gobierno Lula.
En ese periodo el país superó una inflación crónica, un desequilibrio fiscal renitente y, bajo las luces de una Constitución histórica, entró definitivamente en la modernidad. Masificó las modernas herramientas de gestión, asumió la innovación como valor mayor, consolidó un mercado de capitales pujante y políticas sociales incluyentes que permitieron ingresar definitivamente en la era de la democracia de masas.
En esa larga travesía, el gran desafío era mantener cohesionado el tejido político, expuesto a plantillas equiocadas de financiación de campaña, a un federalismo algo manco y al eje Río-São Paulo-Brasilia en un proceso insano de mostrar músculos a través de la caída de presidentes – derrumbó a Collor, lo intentó con FHC y Lula.
La habilidad política de FHC y Lula fue fundamental para completar el ciclo. Cupo a FHC crear la tecnología política del presidencialismo de coalición, domando el fisiologismo con algunas concesiones en pago de espacio para consolidar políticas.
Tras las tonterías del primer gobierno, Lula incorporó las lecciones y dio comienzo al más relevante desafío político del siglo: la incorporación de millones de personas al mercado de consumo y mercado político y la administración de los conflictos inevitables en esos momentos de tensión.
El siglo 19, fue la creación de ese mercado de consumo popular que permitió a los EE.UU. preprarse para hacerse de más importante economía del planeta. Pero costó la guerra de la Secesión.
En Europa de los años 20, el rápido proceso de urbanización creó cortocircuitos enormes, que acabaron resultando en la psicología de masas del fascismo.
En Brasil, todo proceso de inclusión en régimen democrático acabó en crisis continuadas: en el inicio de la República, en los años 20, en el periodo 1950-1965.
La recuperación del salario mínimo en la Sanidad y lo Bolsa Familia ayudaron la deflagrar el más abrangente movimiento de inclusión social del país, de una dimensión inédita, con repercusión en las nuevas clases sociales, en el desarrollo regional, en la escala de producción de las empresas.
Dentro de esa revolución, grandes empresas brasileñas se hicieron multinacionales, la diplomacia comercial avanzó sobre Oriente Medio, África, América del Sur.

El punto final en ese periodo y el inicio del nuevo ciclo dependería fundamentalmente de cómo se daría la sucesión de Lula.
El gran mérito de Lula fue haber hecho un pacto amplio, tanto en el plan político cuánto en el económico. Entregó el Ministerio de la Agricultura a hombres del sector, el Banco Céntral al mercado, varios ministerios sociales para los movimientos populares, el BNDES para las grandes empresas brasileñas, el Sebrae para las pequeñas.
Hubo un coste alto, especialmente en el mantenimiento de tasas de intereses escandalosamente elevadas. Pero, gracias a esa estrategia, Lula logrou llegar al final del mandato completando el ciclo de inclusión con el país en paz, unido.
El punto final en ese periodo y el inicio del nuevo ciclo dependería fundamentalmente de cómo se daría la sucesión de Lula.
Al completar el primer año de gobierno con los índices actuales de aprobación, Dilma Rousseff confirma que Lula acertó su última apuesta.
Hasta ahora, Dilma mostró ser capaz de consolidar la plantilla Lula, de creación de un fuerte mercado de consumo interno. Es bueno, pero es poco. Para inaugurar oficialmente la próxima etapa del país, tendrá que promover un salto cualitativo en la planificación estratégica del país, conducir una reforma política a la altura de los nuevos tiempos, preparar el Estado brasileño para el gran proceso de consolidación del nuevo desarrollismo.
En el política económica, Dilma tendrá que ser más osada para desmontar de la trama de intereses. El BC dio inicio a uno desarme lento y gradual que pasa por la reducción de la tasa Selic y algunas medidas de cara a impedir la apreciación cambiaria.
A lo sumo se pretende un cambio menos apreciado, pero aún en niveles que impiden un salto de competitividad de la producción brasileña. Cada día de cambio apreciado es un día a menos en la entrada en la nueva etapa.
El fin político de José Sierra abre espacio para la reconstrucción de la oposición, punto céntrico para la alternância democrática. Lo importante es que los movimientos de oposición y en el poder no se situarán en polos opuestos. Hoy día hay consenso sobre la importancia de la responsabilidad fiscal, del control de la inflación, de la búsqueda del desarrollo y, por encima de todo, de los compromisos sociales de eliminación de la pobreza.
El mayor riesgo que afronta la democracia brasileña desde la redemocratización fue la eventualidad de la elección de José Serra. Ninguno otro candidato del PSDB – Geraldo Alckmin, Aécio Nieves – o del PT hubiera representado el riesgo de desestabilización política. Serra, sí. Al contrario de FHC y Lula, tiene un estilo autoritário, vengativo, incapaz de convivir con el contraditório e incapaz de administrar realidades complejas, como un país.
La revelación de su estilo subterráneo, de recurrir la peleadas de arapongas, levantando dossieres contra adversarios y aliados – Paulo Renato de Souza, Aécio Nieves – comprueban que, electo, Serra lanzaría el país en una crisis política interminable. Peor: las revelaciones del libro “A Privataria Tucana” muestran que sería un presidente extremadamente vulnerable, fácilmente expuesto a un proceso de impeachment.
www.luisnassif.com.br Traducido por Infolatam


























