Bloqueo y muerte

Reforma
México D.F., 15 de diciembre de 2011
Por Sergio Sarmiento

“…La fuerza que se usa para quitar un bloqueo debe ser, por supuesto, congruente con las armas de los propios bloqueadores. Solamente en aquellos casos en que los manifestantes recurran a armas de fuego estaría justificado el uso de este mismo tipo de armas en su contra. El ex procurador de Guerrero, Alberto López Rosas, destituido el martes 13, afirmaba que cuando menos uno de los manifestantes iba armado con un cuerno de chivo, una AK-47 que había sido percutida en siete ocasiones. Hay dudas, sin embargo, sobre esta versión de los hechos.

Disparar a personas desarmadas que están participando en un bloqueo es inaceptable. Quienes así lo hicieron y mataron a dos manifestantes deben ser procesados por homicidio doloso. De la misma manera es un delito golpear a alguien que, aunque haya violado la ley, se encuentre detenido y caído. Los policías federales que agredieron a golpes y patadas a los muchachos que detuvieron el lunes deben también ser procesados por lesiones y abuso de autoridad.

Estas tragedias, sin embargo, no se registrarían si no tuviéramos gobiernos cobardes que han acostumbrado a los grupos de presión política a tomar a los ciudadanos como rehenes al cerrar calles y carreteras para buscar beneficios personales o para sus organizaciones. En la Ciudad de México los bloqueos, protegidos por la autoridad, se han convertido en una pesadilla cotidiana para los ciudadanos. En el sexenio de Vicente Fox se perdió la posibilidad de construir un nuevo aeropuerto, el cual sigue siendo indispensable, debido a que un grupo de activistas de San Salvador Atenco obligó al gobierno, a través de bloqueos de carreteras y también después de un enfrentamiento violento, a cancelar el proyecto.

Un régimen que permite que las manifestaciones se conviertan en bloqueos o agresiones a terceros inocentes está promoviendo la violencia. Un gobierno debe tener la fuerza para permitir las protestas y buscar cauces pacíficos para resolver disputas entre distintos grupos de la población, pero también para evitar que las protestas se transformen en agresiones a los ciudadanos…”.

Extracto del artículo publicado por el diario Reforma

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