Elián cogió su fusil

Infolatam
Madrid, 13 diciembre 2011
Por Vicente Botín

Elián González celebró públicamente su 18 cumpleaños, aunque lejos de la pompa y circunstancia con que Fidel Castro conmemoró sus anteriores aniversarios. La revolución cubana da por amortizado al niño balsero y Raúl Castro, menos propenso que su hermano Fidel a los show mediáticos, prefirió una ceremonia discreta. Eso sí, el niño balsero apareció en televisión con el flamante uniforme de los “camilitos”, como se llama en Cuba a los cadetes de la escuela militar Camilo Cienfuegos, hablando por teléfono con René González, un espía cubano que permanece en libertad condicional en Estados Unidos, después de 13 años de prisión en cárceles federales. Elián González y René González, junto con otros cuatro agentes de la Red Avispa presos en cárceles estadounidenses, fueron la punta de lanza de la “Batalla de Ideas”, la última gran ofensiva ideológica de Fidel Castro contra el “imperio”.

El 25 de noviembre de 1999, unos pescadores que faenaban en las costas de la Florida encontraron flotando, amarrado a un neumático, al niño de siete años de edad, Elián González y a tres personas más. La precaria balsa en la que navegaban se había hundido y la madre de Elián, Elisabeth Brotoms y otras 10 personas murieron en el naufragio. La peripecia del pequeño balsero daba testimonio del drama que viven desde hace décadas miles de cubanos que arriesgan su vida para poder escapar de la isla. Pero la tragedia de aquél huérfano quedó opacada por la (sin) razón política. El padre de Elián, Juan Miguel González, que no había autorizado la salida del niño de Cuba, reclamó su vuelta a casa. Pero su tío abuelo, Lázaro González, apoyado por organizaciones del exilio de Miami, donde vivía, se negó a devolverlo. Se inició entonces una dura batalla legal que acabaría siete meses después con el regreso de un traumatizado Elián a Cuba.

Elián gonzález recibe de Fidel Castro el carnet del partido comunista de Cuba

Fidel Castro no dejó escapar aquella oportunidad que el destino le sirvió en bandeja. El “ogro” imperialista había “secuestrado” a un pobre niño cubano y qué mejor paladín que el propio Comandante en Jefe para liberarlo de sus garras. Los periódicos, las emisoras de radio y la televisión le acompañaron en aquél combate singular que libró “contra ese acto de terrorismo amparado por la extrema derecha norteamericana en contubernio con la mafia de Miami”, como escribió el diario Granma. Al calor de esa batalla nació la Mesa Redonda, el programa estrella de adoctrinamiento de la televisión cubana que todavía hoy se mantiene, pese a los cambios de look de Raúl Castro, con emisiones que llevan por título perlas como estas: “Infamia de Washington, jauría en Miami” o “Protestas, revelaciones, miedos y amenazas desde las entrañas del imperio”.

Pero la batalla para exigir la devolución de Elián no se libró sólo en los medios. Los cubanos todos tenían que hacer suya aquella reivindicación y al grito de “Elián, Cuba te reclama” se organizaron multitudinarias “marchas del pueblo combatiente” frente a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Decenas de miles de personas fueron acarreadas diariamente hasta la legación diplomática, donde se construyó la llamada “Tribuna antiimperialista”, presidida por una estatua del héroe de la independencia de Cuba, José Martí, con Elián González apoyado sobre su hombro derecho, mientras con el dedo índice de su mano izquierda apunta acusadoramente al edificio diplomático del “imperio”.

Fidel Castro manipuló deliberadamente el caso porque Estados Unidos nunca se opuso a que el niño regresara a Cuba. El Servicio de Inmigración y Naturalización y el departamento de Justicia determinaron que en el caso de Elián el derecho de custodia prevalecía sobre el de asilo y que el niño, que salió de Cuba sin el consentimiento de su padre, debía volver con él. Los parientes de Elián, apoyados por organizaciones del exilio, iniciaron una batalla legal en los tribunales federales, la Corte Suprema y el Congreso de Estados Unidos.

El 22 de abril, el Departamento de Justicia ordenó que el pequeño balsero fuera sacado por la fuerza de la casa de su tío-abuelo. La imagen del asalto a la vivienda, efectuada por agentes del Servicio de Inmigración vestidos con uniformes de combate y armados con fusiles de asalto, dio la vuelta al mundo. El niño, muy asustado, fue trasladado a la base aérea Andrews donde le esperaba su padre. Sin embargo ambos permanecieron en Estados Unidos hasta que los parientes de Miami agotaron todas las instancias judiciales.

El regreso de Elián a Cuba, el 28 de junio de 2000, fue apoteósico. Miles de personas, con Fidel Castro al frente, le recibieron con vítores y fanfarrias en el aeropuerto José Martí, de La Habana. El dictador cubano exhibió al pequeño balsero como si fuera un héroe de guerra y lo presentó como “un símbolo, un ejemplo y una gloria para todos los niños de nuestro país, y un orgullo para la educación de Cuba”.

Fidel Castro nunca faltó en los cumpleaños del pequeño Elián que se celebraron en su casa de Cárdenas, rodeado de amigos y bajo la beatífica sonrisa de su padre, Juan Miguel González, premiado con un asiento en la Asamblea Nacional del Poder Popular.   Pero el filón no se había acabado todavía. Aquél niño juguetón pronto se iba a convertir en un juguete, en un símbolo, en un modelo para todos los niños de la isla.

Elian González cumple ahora 18 años

Cinco años después de su regreso a Cuba, el 5 de abril de 2005, el pequeño balsero recibió su bautizo político. Y lo hizo, claro está, en la “Tribuna antiimperialista”, frente a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Allí donde tantas veces se gritó “Elián, Cuba te reclama”, el ya adolescente balserito leyó, ante Fidel Castro y centenares de niños, un discurso que apenas entendía para dar las gracias al dictador y a la revolución “por hacer realidad mi sueño de ser un niño libre”.

En junio de 2008, con 14 años cumplidos, Elián González recibió el carné de la UJC, la Unión de Jóvenes Comunistas, un reclamo para que los niños de la isla imitaran su ejemplo. El último paso, por ahora, es su ingreso en los “camilitos”, la escuela de cadetes de las FAR, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, encargadas de garantizar la continuidad de la revolución.

Elián González fue un niño probeta, un muñeco en manos de Fidel Castro que lo exprimió sin escrúpulos para utilizarlo en su guerra particular contra Estados Unidos. El pequeño Elián fue la arcilla con que el dictador cubano pretendió resucitar al fracasado “hombre nuevo”. La revolución cubana, necesitada de héroes, trazó la ruta de Elián, lo convirtió en estatua y ahora pone un fusil en sus manos. ¡Qué mejor destino que el Ejército para un “hijo” de la revolución! La madre del pequeño balsero perdió la vida y arriesgó la suya, cuando apenas tenía siete años de edad, porque creyó que en Estados Unidos tendría un futuro mejor. En Cuba le fabricaron un futuro sin futuro. En ningún caso Elián pudo elegir.

- Imprimir

Comentar esta noticia