Del derrumbe a la reconstrucción
La Nación
Buenos Aires, 10 de diciembre de 2011
Por Carlos Pagni
“…Cristina Kirchner reasume el gobierno con un contundente respaldo popular. Obtuvo el 54% de los votos, controla el Congreso y cuenta con la fidelidad de 21 provincias. Esa masa de poder, llamativa por su volumen, se vuelve sorprendente a la luz de aquella secuencia. No es difícil encontrar gobiernos que se asienten sobre un consenso mayoritario. Pero es muy extraño dar con uno que consigue semejante suceso después de una caída catastrófica. Lo que sucederá hoy no debe su rareza a la dimensión, sino a la genética del éxito alcanzado. La Presidenta no ha conservado el poder. Lo ha recuperado.
¿Cómo se explica esa regeneración? La respuesta está condicionada, como siempre, por el punto de vista. Quienes rivalizan con el Gobierno, o lo observan desde una distancia crítica, enfatizan motivos impersonales, ajenos a la acción del oficialismo.
Uno de ellos ha sido la reactivación económica, que sucedió a la reducción de tres puntos del PBI del año 2009. El sagaz Pablo Gerchunoff sostiene que el kirchnerismo debería estar agradecido a esa retracción. Es verdad que influyó en la derrota legislativa, tal vez más de lo que lo advirtió la oposición. Pero sin aquel enfriamiento, el ajuste obligado de estos días debería haberse realizado hace un año.
La desaceleración de 2009 presta otro servicio al oficialismo. Es un término de comparación muy ventajoso. Frente a él, la economía no ha hecho más que mejorar. Si, en cambio, se confrontaran los indicadores actuales con los del año 2007, se advertiría que el segundo kirchnerismo es menos confortable que el primero. Disminuyó la creación de empleo, las ventas cayeron y la inflación se disparó. El repunte de estos dos años disfraza el deterioro de los últimos cuatro.
La muerte de Kirchner
El otro factor que, para muchas opiniones opositoras o independientes, explica la recuperación oficial es la muerte de Néstor Kirchner. No sólo porque cargaba al Gobierno con el peso de su imagen negativa. Kirchner reformuló al kirchnerismo durante la presidencia de su esposa. Lo llevó a batallas costosísimas, muchas veces incomprensibles, y lo replegó hacia la frontera del PJ…
… ella imputa su victoria a un motivo principal: la voluntad. Las palabras de esa noche fueron un homenaje al valor de la obstinación, virtud que el oficialismo personificaba en Kirchner. El ex presidente no pasó por la vida como un jefe voraz que pagó con la pérdida de creatividad la ansiedad por concentrar el poder, sino que fue un militante altruista, capaz de morir por una causa.
Esta forma de entender la política se expresa en una exaltación épica. Ejercer el poder es estar en conflicto. El éxito es, siempre, hijo de la lucha. Para los protagonistas oficiales, la memoria de estos cuatro años es, sobre todo, la memoria de una contradicción. La Presidenta dedicó su discurso de apertura de sesiones legislativas de 2010, con un Congreso dominado por sus adversarios, a la presentación sinóptica de esa dramática. En la Argentina luchan un país real, donde se registra un justiciero proceso distribucionista, y un país virtual, que tergiversa a través de los medios de comunicación la imagen de ese proceso, en beneficio de quienes se ven afectados por él.
La voluntad
Cristina Kirchner está convencida de que ha recuperado el poder gracias a dos iniciativas que son el signo de su primer mandato: el entredicho con una prensa a la que se propone desenmascarar en su pretendida independencia, y la intervención estatal sobre la economía. Estas son las manifestaciones más contundentes de eso que llama “la voluntad”. A esto se refiere la reivindicación de la política. La ley de medios audiovisuales y la estatización del sistema previsional -permitió, entre otras cosas, el establecimiento de la Asignación Universal por Hijo- son las dos armas preciosas que posibilitaron la coronación del “país real” sobre el “virtual”…”


























