Michelle Bachelet: ¿Y si no regresa?
La Tercera
Santiago de Chile, 5 de diciembre de 2011
Por Patricio Navia
“… Su candidatura es más importante para la Concertación que para la propia Bachelet, hay dudas sobre su disponibilidad a volver. Afortunadamente para la Concertación, Bachelet es una comprometida militante de la izquierda socialista. Para evitar que los herederos ideológicos de la dictadura sigan en el poder, Bachelet mostrará la misma disciplina de cuadro socialista que la llevó a residir en Alemania Oriental y que la hizo arriesgar su propia vida para avanzar la causa de derrotar a la dictadura.
Los silencios de Bachelet también alimentan las expectativas sobre su retorno. No sólo se ha negado a descartar su retorno, ha dado todas las señales de que se prepara para volver. Sus silencios han taponeado la aparición de nuevos líderes. El único aspirante declarado -su ex ministro Andrés Velasco- se ha apurado a señalar que si Bachelet vuelve, él declina su precandidatura.
Pero la vida a veces da sorpresas. Si Bachelet no vuelve, la Concertación se verá en la obligación de encontrar, apresuradamente, un candidato alternativo. La experiencia de las primarias truchas de 2009 y la poca disposición actual entre la dirigencia concertacionista a formalizar e institucionalizar un mecanismo de primarias abiertas y competitivas constituyen malos síntomas. Sin reglas claras de primarias, los posibles aspirantes concertacionistas no se van a atrever a lanzarse a la piscina.
La necesidad de incorporar a otras fuerzas y líderes de oposición es un obstáculo de difícil superación. Porque no tienen posibilidades de tener un candidato viable propio, el PC y los otros grupos de izquierda cambiarán sus candidaturas presidenciales simbólicas por cupos en la lista de candidatos concertacionistas al Congreso. Negociar con Enríquez-Ominami y su personalista partido PRO será más difícil. Si Bachelet no es candidata, ME-O tiene buenas posibilidades de ganar unas primarias de oposición, abiertas y vinculantes.
Para impulsar la refundación concertacionista, las primarias deberán ser de verdad, y abiertas a toda la oposición. Pero mientras más se demore la coalición en institucionalizarlas y definir el calendario, más difícil será que los tímidos aspirantes se conviertan en candidatos fuertes.
La convicción de que Bachelet es la mejor candidata ha llevado a la Concertación a poner todos sus huevos en la misma canasta. Sería más conveniente institucionalizar de una vez las primarias definiendo desde ya las reglas y el calendario. Así, la Concertación no sólo tendría un útil plan B -en el improbable caso de que Bachelet no regrese-, sino que además comenzaría a construir un puente que permita la unidad de todas las fuerzas de oposición, requisito necesario para lograr el anhelo concertacionista de desalojar a la Alianza de La Moneda en noviembre de 2013″.































18 diciembre 2011 a las 21:07
Bachelet no vuelve. Si volviera, pondría en serio peligro el puesto que tiene asegurado en la historia como primera Presidenta mujer con más de un 80% de adhesión popular cuando terminó su mandato pues, entre otros, tendría que dar cuenta, por ejemplo, de la Planta Campiche y la Privatización del Mar Austral, dos atentados contra el mejor interés de todos los chilenos que como Presidenta de la República tenía la obligación de defender y proteger. Para ello bastaba que hubiera dicho que no.
Aunque iniciado bajo el gobierno de Lagos, a estos dos botones de muestra, también cabe agregar en la misma línea el proyecto Pascua-Lama de Barrick Gold, otro desmadre en el cual Bachelet tiene responsabilidad con consecuencias desastrosas para el interés superior de Chile.
Y nada de esto es cuestión de detalle, un pelo de la cola o de importancia mínima, sino que todo lo contrario. El daño al patrimonio nacional causado por las decisiones de Bachelet en estos tres temas, incluido el daño al medio ambiente, además de la expoliación de Chile, es de una magnitud mayúscula, pero por lo visto nada de esto importa, todo ello está fuera de debate, opacado por la putativa cercanía a la gente de la ex Presidenta, en circunstancias que, según demuestran los ejemplos dados, más lejos de la gente y sus intereses permanentes a nivel nacional, no podría haber estado.
Además de esta razón –el riesgo en que pondría su sitio en la historia–, hay por lo menos dos más, estrechamente relacionadas:
Primero, el despelote que tiene la Concertación no es nuevo y es un despelote estructural que no es manejable pues obedece a profundas diferencias ideológicas de naturaleza polárica que a estas alturas han desbordado el marco de la conveniencia política instrumental. De hecho, Bachelet no lo manejó cuando fue Presidenta, especialmente cuando se agudizó a raíz de la última presidencial. Ella no es de las que se moja el potito pues se sabe políticamente incapaz. Bachelet no es ningún Lagos ni ningún Insulza y esto lo tiene o debería tener claro.
Segundo, la revolución de aspiraciones que generaría su candidatura a nivel político y social sería también inmanejable, especialmente en el contexto de los movimientos ciudadanos con los cuales tendría que lidiar y que no se podría pasar por el arco como en su época hizo con el movimiento de los pingüinos.
La única forma en que Bachelet podría efectivamente superar estas dos grandes dificultades sería lanzando una campaña presidencial con un solo gran tema: “Por un Congreso por una Asamblea Constituyente”. Si impusiera este tema como una condición sine qua non para su candidatura y recorriera el país captando y endosando candidatos parlamentarios de base, sería una oportunidad única para ella y el país. Única porque no habría otra dentro de la institucionalidad vigente. Además, todas las críticas que se le puedan hacer a su gestión anterior, que son muchas tanto desde la perspectiva de la derecha como de la izquierda, quedarían relegadas al plano de lo trivial frente a la magnitud e importancia del proyecto y ella se proyectaría como la gran Presidenta de Chile ya que de seguro que habría doblaje en la mayoría de los distritos parlamentarios.
Sin embargo, como Bachelet carece de espinazo político, es muy difícil que vaya a hacer nada de esto y lo más probable es que se quede donde está con la secreta esperanza de hacer carrera en la ONU y tal vez llegar a la Secretaría General. Para allá es donde va todo su trabajo, haciendo lo que sabe hacer mejor: su “estoy contigo”, que en lo relativo a las mujeres es ciertamente loable y genera consensos, sin los inconvenientes de tener que manejar ningún conflicto político grave.