La pauta inmutable de la economía
Por Luis Nassif
La economía brasileña está en franco enfriamiento.
Estudios de respetados consultores económicos predicen que el PIB de 2011 registrará una expansión de sólo el 4% en las inversiones, en comparación con el 21,9% en 21010. La demanda interna no debe alcanzar a más de un 4%, frente al 9% el año pasado. De ése 4%, más del 1% se cubre con importaciones, reduciendo aún más la proyección de crecimiento del PIB.
Hay un dato adicional. Como el año comenzó relativamente animado, significa que el crecimiento actual – lo que está sucediendo ahora – es probablemente cercano a cero, con amenaza de caída en los próximos trimestres.
Esto significa que el Banco Central equivocó el ritmo de la disminución de las tasas de interés – a pesar de que el descenso de medio punto en septiembre, haya sido aclamado como un cambio en la línea. Esto significa que no creyó en el efecto de las medidas cautelares adoptadas a fines de 2010. Mantuvieron la tasa Selic alta hasta la penúltima reunión del Copom (Comité de Política Monetaria), cuando ya se temía que la economía podría colapsar.
Entre tanto, cualquier persona que lee el estado de Sao Paulo de ayer, se llevará un susto: “los economistas temen por la vuelta de la inflación”. El informe es de tres o cuatro economistas
Con la economía colapsando, sólo uno de los entrevistados comete este enorme ridículo de defender las altas tasas de interés porque la inflación “podría” volver: Gustavo Loyolla, el ex presidente del Banco Central, en cuya gestión el país acumuló la mayor deuda de su historia, sin contrapartida de activos.
Durante el régimen militar, el endeudamiento creado correspondía a obras, levantadas por el estado. Durante Loyolla fue pura pérdida, con una deuda neta pasando de 20 a más del 50%, sin añadir un ladrillo al patrimonio nacional.
En marzo de 1995, Persio Arida aumentó violentamente la tasa Selic a un 45% al año. Había una justificación, una carrera contra el real que amenaza con desestabilizar la moneda.
En esas circunstancias, cualquier país racional aumenta la tasa de interés. Después de la carrera, trata de reducirla lo más pronto posible.
Loyolla no hizo nada. Bajó los intereses de una manera muy lenta y gradual, bajo la estúpida en razón de que “quedaría mal si el Banco Central derribase los intereses y después fuera necesario subirlos nuevamente”.
En cualquier país serio del mundo, con una opinión pública mínimamente informada, esa declaración le costaría el cargo al presidente del BC, por la falta de sentido.
A lo largo de la historia económica del país, pocas decisiones individuales fueron tan desastrosas y con consecuencias negativas tan duraderas como la política monetaria Loyolla.
Apenas una se iguala en maleficios: la decisión del Ministro Mailson da Nóbrega, en 1988, de permitir la conversión de deudas en dólares en nuevos cruzados – lo que catapultó a la inflación a más del 80% al mes.
Ambos jamás tuvieron una sólida formación académica, nunca desarrollaron un sofisticado análisis de la economía, probablemente serían incapaces de un análisis preciso de los datos del PIB.
Se limitan a dar pálpitos, tan válidos como cualquier discusión de bar.
Peor aún, con fuentes que se han equivocado en todos los graves momentos de la economía.
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