Santos y Chávez, Chávez y Santos
El Universal
Caracas, 28 de noviembre de 2011
Por Roberto Giusti
“Que Chávez y Santos se sientan a conversar se ha convertido, pese a lo rutinario del asunto, en noticia bomba. Magnífico, espléndido, buenísimo, regio, llueven los adjetivos de un lado y del otro. Se restablece la comunicación, se entienden los presidentes, está abierta una nueva vía de cooperación, integración, complementación. Habrá un restablecimiento del comercio bilateral, respirarán aliviados los exportadores colombianos (seguros que tarde o temprano, poquito a poco, Chávez aflojará los dólares que les adeuda), salivarán los importadores venezolanos (en su mayoría del gobierno) y mientras el desempleo se dispara por estos lares, unos cuantos decenas de miles de colombianos agradecerán a Chávez el crecimiento de la oferta laboral.
Zamarros, ladinos y dobles, por partida doble, cada uno en su propio estilo, refinado hasta lo indecible uno, mendaz y marrullero el otro, Chávez y Santos, Santos y Chávez, no se quieren pero se hacen carantoñas, se juran alta fidelidad y se ponen de acuerdo de la manera más pragmática, llevándose por delante principios y finales, ungidos, siempre, por la supuesta defensa de los respectivos intereses nacionales, los cuales, a veces, hay que decirlo, coinciden con los personales…
El sorprendente Santos restableció el equilibrio, amansó a la fiera con sus suaves modales cachacos y ahora se disponen a vivir su segunda o tercera luna de miel, mientras los problemas siguen ahí. Chávez liberado de cualquier escrúpulo por dejar en estacada a sus amigos de las FARC y Santos indiferente ante la continuación de los desmanes de la guerrilla en el lado venezolano de la frontera. Allí se refugian del cerco que los asfixia y si Chávez rompió con ellos en casi todo, aún les permite sus proverbiales fechorías en territorio nacional. Y eso, a Santos, le tiene sin cuidado”.


























