Perú y el caso Favre: ni tanto poder ni tanta ingenuidad

Infolatam
Lima, 29 noviembre 2011
Por Fernando Tuesta Soldevilla

La renuncia del asesor presidencial Carlos Tapia y la pugna desatada a través del Twitter con el también asesor Luis Favre –cuyo nombre real es Felipe Belisario Wermus-, ha puesto sobre el tapete el real papel de los asesores políticos.

Que Luis Favre sea argentino, brasileño, francés o tener las tres nacionalidades a la vez, no debe ser un problema. Ha habido asesores presidenciales extranjeros, como el también argentino, Daniel Carbonetto Tortonessi, en el primer gobierno de García o el chileno Esteban Silva, en el caso del presidente Alejandro Toledo. Todos provenientes de diversas corrientes de la izquierda latinoamericana. El tema no es la nacionalidad, sino veamos al peruanísimo perverso asesor de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos.

El tema parece haberse centrado en quién y cuánto se le paga. Es cierto que en este punto debe existir claridad y transparencia. Pero si el presupuesto es de la oficina de la presidencia, del primer ministro u otra cercana, no le hace al problema que parece plantear la renuncia de Carlos Tapia. Este sería el aprovechamiento de la cercanía al presidente Humala, para beneficiar a empresas –sobre todo brasileñas- que invierten en el sector energía. Es decir, se plantearía una suerte de pugna entre los que asesoran al presidente Humala desde un punto de vista principista y otro desde las canteras mercantilistas.

Tapia ha denunciado, además, el cerco que se ha creado alrededor del presidente Humala y que no le permite tomar las medidas adecuadas, como el caso de Conga. Esta visión no es nueva. Se asume que los asesores tienen un gran poder y cual proyectos de Fouché, aquel permanente conspirador francés, tienen tal influencia que sus asesorados –en este caso el presidente Humala- se convierten en fáciles prisioneros. Se estaría así delante de las dos caras del poder: la amable y la perversa o la ingenua y la astuta. Esta visión es también la que hasta ahora manejan algunos, en relación estrecha entre Fujimori y Montesinos.

Esto parece ser, sin embargo, una visión reduccionista de las relaciones en el poder. Sobre todo aquella que siempre supone que los actos políticos son extremadamente racionales y conspirativos. Parece que el esquema ha sido pocos funcionarios de izquierda en la toma de decisiones, pero muchos asesores que hagan contrapeso. Luis Favre, ingresó a ese círculo concéntrico más reducido, al lado del presidente Humala. Según indican se lo ganó por derecho propio en la campaña electoral, en donde ser creó la fama de exitoso experto en campañas electorales y  que como estratega, es requerido en el momento en que el gobierno sufre en problema de carencia de una política comunicacional.

Todo parece indicar que Favre no tiene tanto poder y Humala no es tan ingenuo. No hay asesor que no quiere que sus opiniones no sean escuchadas. Es más, pugnará para que eso suceda. El tema de Luis Favre es que su nivel de incidencia ha sido acompañado también con un alto nivel de visibilidad, cuando lo propio es que sus actos tengan el perfil bajo que el puesto reclama. Parece que la seducción de los reflectores es algo que le atrae y que le está pasando factura.

Esta pugna en las alturas del poder, muestran otros matices, como el relativo a un gobierno sin partido. Un gobierno que asume las riendas del poder y carece de un partido que sea la fuente de los cuadros que acompañen al presidente en la aplicación de sus políticas, tiene que echar mano a las redes que haya podido articular antes. Si no las tiene, seguro que se acerca a sus más próximas, en donde familia y amigos, hacen uso a su vez, de sus propias redes que, en muchos casos, poco se relacionan entre sí.

Aquí adquieren un papel especial y de mayor relevancia, los asesores políticos, que hoy nutren los círculos de poder. Es por eso que se observa de manera frecuente desorden, poca coherencia y falta de comunicación entre los diversos sectores del gobierno, por lo que algunas pugnas, se hacen irreconciliables. Observar cuidadosamente y tomar decisiones en medio de este laberinto del poder, hará de Humala un presidente exitoso o no, pero responsable al fin de cuentas de sus propios actos, con independencia de Favre o de cualquier asesor.

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