El segundo tiempo
La Tercera
Santiago de Chile, 26 de noviembre de 2011
Por Héctor Soto
“…El gobierno llegará pronto a la mitad de su mandato y, después de todo, algún tiempo le queda. Algo más de dos años, según el calendario. Bastante menos en términos políticos, puesto que el próximo y el 2013 serán años electorales, con todo lo que eso significa. La pista se endurecerá, el piso para los acuerdos se achicará y difícilmente habrá vuelta atrás en la dinámica de la polarización que ya se entronizó el 2011.
¿Qué tiene que hacer el gobierno en lo que le queda? Muy simple. Gobernar con la vista clavada en los intereses superiores del país. Y haciendo política, esto es, negociando y sacando acuerdos. Da lo mismo que al Presidente lo quieran o no lo quieran cuando aparezca en televisión. Da lo mismo que la Alameda siga siendo la válvula de las furias. Da lo mismo que la embarcación deba cruzar por aguas turbulentas; lo importante es que no se detenga y que las olas de la tempestad económica mundial no nos pillen de lado.
Alguna vez se le agradecerá a Piñera que no haya relajado el gasto como lo quieren sus principales críticos, que haya vuelto al principio del realismo en temas fiscales y no esté muy convencido de una reforma tributaria ahora. Son resguardos sanos en los tiempos que corren. Pero nada de esto es lo más importante, que está y seguirá estando en los próximos años en la posibilidad de hacer de Chile una sociedad más desarrollada y decente. Eso significa más equitativa, también. Para este efecto, varias (no todas) de las batallas libradas este año en nombre de la educación fueron provechosas y lo que va a salir de todo esto debería ser una sociedad más preocupada de emparejar la cancha….
Contra esto último hay que estar particularmente en guardia. Las redes sociales se han convertido en torrentes de emoción que circulan de un lado a otro por el sistema nervioso central del mundo wired. Pero la nube no necesariamente es representativa de la sociedad chilena. Las redes sociales apestan hoy día a consignas utópicas y sirven para convocar a gente que estando en desacuerdo en casi todo sólo coinciden en una cosa, que puede ser la educación gratis, el bullying a fulano o mengano, la igualdad de género o el no a HidroAysén.
Las redes sociales se han vuelto el reino de la falta de compromiso y si hay rasgo que es las caracteriza es paradójicamente insociabilidad: yo me junto solo con el coincido. Punto: por una causa, por un momento, por una vez. Eso es el reino de la antipolítica, también. La política, al contrario, consiste en comprometer, en jerarquizar, en compatibilizar tareas y desafíos en prioridades, en negociar con objetivos contrapuestos, en manejar no una sino muchas variables, en contener la cuota de frustración que invariablemente acompaña a las soluciones negociadas. No puede ser de otro modo. Hacer política y gobernar no es lo mismo que cliklear.
La agenda del gobierno para el segundo tiempo tiene varios temas que van a ser parte de su legado: reforma del sistema político y reforma tributaria; el ataque a algunos de los nudos gordianos de la desigualdad y la introducción de nuevos estándares de competencia, productividad e información en los mercados.
El Presidente tendrá que decidir si tiene o no un equipo preparado para acompañarlo hasta el final. Nadie mejor que él conoce las fortalezas y debilidades de su gente. Los buenos gobiernos -es sano tenerlo presente- no se hacen con puros campeones. Se hacen poniendo al hombre adecuado en el lugar donde más pueda rendir.
De lo que no cabe duda es que tendrá que haber más política. Piñera llegó al gobierno pensando que no era necesaria. Y qué duda cabe que harto caro le terminó costando este año su error”.


























