Dos momentos mágicos en la política

El Tiempo
Bogotá, 27 de noviembre de 2011
Por Moises Naím

A pesar del desencanto universal con los políticos y la política, hay dos eventos que suelen motivar hasta a los más cínicos o desinteresados. Votar el día de las elecciones es uno de ellos. En todas partes, el porcentaje de la gente que se abstiene de votar es menor que el de quienes en las encuestas previas a las elecciones afirman que no participarán. Llegado el día, algo mágico pasa y muchos de los renuentes se ponen en fila y votan. El otro evento mágico que motiva hasta a los más desentendidos de la política es el debate entre los candidatos.

Los debates electorales son una mezcla de teatro político y reality show, que, a veces, definen el destino de un país. Con frecuencia, solo confirman las preferencias que cada quien tenía antes de ellos. Pero, a veces, voltean el resultado de una elección.

En estos días ha habido dos debates electorales que no han generado gran repercusión internacional. El primero fue entre los aspirantes del Partido Republicano de los EE. UU., y el otro, entre quienes pretenden representar a la oposición venezolana en su intento de ganarle las próximas elecciones a Hugo Chávez. El primero me produjo una mezcla de vergüenza y miedo. El segundo me llenó de orgullo y esperanza (nota a mis lectores: soy venezolano y opositor de Chávez). Ambos tienen implicaciones que van mas allá de lo que pasa en EE. UU. o Venezuela.

… Mientras tanto, en Venezuela… una oposición con fama de inepta, corrupta, elitista y golpista se ha transformado en uno de los movimientos políticos más democráticos e inspiradores de América Latina. Planea elecciones primarias (en las cuales todos los venezolanos podrán votar) para elegir el candidato que enfrentará a Hugo Chávez en las presidenciales del 2012.

Hace poco, los cinco aspirantes escenificaron un evento que la gran mayoría del país, los menores de 30 años, jamás habían presenciado: un debate televisado (el último fue en 1983). No los vieron proferir los más procaces insultos contra sus rivales. Vieron, en cambio, que la contienda política no requiere las brutales tácticas a las que usualmente recurre el presidente Chávez.

Comparados con los del Partido Republicano, los venezolanos lucieron informados, serios, capaces y preparados. Y, en un duro contraste con los estadounidenses, el venezolano que gane las primarias no enfrentará al presidente en ejercicio dentro de un marco institucional democrático, sino a Hugo Chávez dentro del marco institucional que a él le convenga y que él unilateralmente definirá.

Para muchos resultará imposible creerlo, pero los candidatos republicanos, Bachman, Cain, Gingrich, Huntsman, Santorum, Paul, Perry o Romney, podrían aprender mucho de líderes que probablemente usted nunca haya oído mencionar: Arria, Capriles, López, Machado y Pérez, los venezolanos que se atreven a enfrentar a Hugo Chávez.

Lo que sucedió en Venezuela hace poco es una noticia que merece más atención. Y lo que no sucede entre los republicanos, también.

(El Tiempo. Colombia)

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