EE.UU. y Cuba: antes de parar la diplomacia…

Infolatam
Denver (EE.UU)
Por Arturo López Levy

(Especial para Infolatam).- A pesar de las tensiones de la venidera campaña electoral de 2012 en EE.UU., un diálogo entre Washington y La Habana, como lo propuso el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba Bruno Rodríguez[i], es también conveniente a la administración norteamericana. La Casa Blanca no tiene nada que ganar si arrecian los conflictos con Cuba.

Las posiciones del presidente Barack Obama favorables al diálogo sin precondiciones, a incrementar los contactos pueblo a pueblo, y a  negociar acuerdos mutuamente beneficiosos en asuntos bilaterales nunca se basaron en simpatías hacia Fidel o Raúl Castro, sino en la convicción de que la diplomacia y los contactos entre sociedades son las mejores maneras de promover los intereses nacionales de EE.UU.

Según esa norma, los tres primeros años de la relación de la administración Obama con Cuba arrojan un balance positivo. El incremento en viajes norteamericanos culturales, familiares, humanitarios y religiosos a la isla acelera las actuales reformas en Cuba, mejora la imagen internacional de EE.UU., y fortalece las tendencias políticas en la política estadounidense  que favorecen una estrategia de contactos menos dependiente de la derecha de Miami y más coherente con los valores democráticos y los intereses de seguridad y económicos de EE.UU.

Este progreso está limitado ahora por las exigencias del ciclo electoral de 2012. Debido a que la importancia para el presidente Obama de ganar votos en el Sur de la Florida, nadie debe esperar cambios dramáticos en la política de la Casa Blanca hacia Cuba en ausencia de una crisis. Mientras que el presidente no ganaría nada con revertir las flexibilizaciones ya adoptadas, no tiene suficiente incentivos financieros o electorales para arriesgarse a dar otros pasos sustanciales hacia un acercamiento con Cuba antes de las elecciones.

Un tema en el que las probabilidades de un progreso a corto plazo parecen mínimas es la negociación de gestos humanitarios recíprocos para la liberación paralela del subcontratista Alan Gross y los cinco cubanos arrestados en la Florida en 1998. Washington y La Habana no están de acuerdo en lo que implica el principio de “reciprocidad”[ii] invocado por Josefina Vidal, directora del Departamento de Norteamérica del Ministerio de relaciones Exteriores. Según Cuba –y mucho me agradaría que la directora Vidal corrija mi interpretación– reciprocidad significa lo que algunos llaman “gesto por gesto”.

La Habana está lista para liberar al señor Gross, un norteamericano que violó las leyes cubanas al servicio del gobierno de EE.UU., con el entendimiento de que Washington reciprocaría con un gesto humanitario propio y dejaría en libertad a los cinco cubanos que servían al gobierno cubano en la Florida, violando así las leyes norteamericanas.

El precedente en la mente de La Habana es la liberación paralela de prisioneros que Cuba y Estados Unidos realizaron durante la administración Carter. En 1979, La Habana liberó a varios agentes de la CIA y Washington dejó en libertad a un grupo de independentistas puertorriqueños que participaron en actividades terroristas, incluyendo un atentado al presidente Truman y un ametrallamiento a la Cámara de Representantes de EE.UU.

La administración  Obama no se opone al principio de reciprocidad. Según los informes de prensa[iii] acerca de la visita a Cuba del ex gobernador de Nuevo México Bill Richardson, si Cuba hubiera liberado al señor Gross, Washington estaba dispuesto a no exigir el período de libertad condicional de uno de los cinco que saldrá en libertad el 7 de octubre y comenzar un proceso para eliminar el nombre de Cuba de países patrocinadores del terrorismo.

La respuesta a la visita de Richardson parece aclarar que el gobierno de Raúl Castro no considera esta oferta como el comienzo de una negociación. La Habana ha denunciado la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo como una deliberada distorsión de la realidad por parte de Washington y un pretexto para desacreditar sus genuinos esfuerzos antiterroristas.

Aunque  ninguno de los dos gobiernos consideran equivalentes el caso de los Cinco cubanos y el de Gross, sus opiniones opuestas a cerca de por qué sus respectivos ciudadanos fueron arrestados no debieran ser impedimento para negociar y comprender por qué las propuestas de una parte son actualmente inaceptables para la otra. ¿Hay alguna manera de acercar las dos posiciones? Sí, en un contexto de mejoramiento general de las relaciones bilaterales entre los dos países.

"... Para la Casa Blanca, tal amnistía, y la relación con Cuba que surgiría de ella, es impensable según el actual cálculo electoral".

El problema es que hoy ni Washington ni La Habana están dispuestos a cambiar sus exigencias mínimas en aras de una relación bilateral libre de las cargas de 50 años de conflicto. Para la Habana, una amnistía presidencial de los Cinco cubanos no es una precondición para negociar otros asuntos, pero es un gesto humanitario esencial en el camino de la normalización. Para la Casa Blanca, tal amnistía, y la relación con Cuba que surgiría de ella, es impensable según el actual cálculo electoral. Hay poca esperanza de un cambio en esas posiciones antes de noviembre de 2012.

La situación es trágica, porque son escasos los incentivos políticos para solucionar el caso de Gross o el de los Cinco cubanos, de forma independiente al contexto de las relaciones bilaterales. Lo que es peor, no hay garantía de que estas diferencias serán más manejables en noviembre de 2012, en especial si hay una victoria republicana. Todo el peso de la hostilidad entre Cuba y Estados Unidos sigue cayendo sobre los detenidos y sus familiares, de acuerdo con los cálculos políticos de sus respectivos gobiernos.

Ningún prisionero será liberado por ofuscación. Una convergencia positiva ha emergido cuando Ricardo Alarcón y Judith Gross se refirieron a Alan Gross como una “víctima”  del conflicto de 50 años entre los dos países. El presidente Carter, aunque subrayó que los dos casos son diferentes, habló en términos similares en relación con los Cinco cubanos. El surgimiento de estos empáticos mensajes pudiera evitar un deterioro de la situación y dejar la puerta abierta a una solución cuando los obstáculos que actualmente cierran  el camino sean eliminados, o cuando un  mejoramiento general  de las relaciones EE.UU.-Cuba implique ventajas mayores (posibilidad de acceder al petróleo cubano por ejemplo).

Aun así, hay oportunidades de progreso. Las recientes declaraciones que el presidente Obama hizo a periodistas hispanos[iv] acerca de Cuba podrían leerse de manera más positiva que la reacción de Fidel Castro[v] a ellas. Según Obama, “es muy difícil separar la libertad de algunas reformas económicas”. A partir de esta premisa, Obama consideró las reformas económicas como una fuente de libertad, mencionando el derecho del pueblo cubano a “iniciar” sus propios negocios como un desarrollo positivo al que Estados Unidos podría responder.

Lo que el presidente Obama pidió ya está sucediendo en Cuba. El número de trabajadores por cuenta propia en Cuba ha aumentado de 157 000 en septiembre de 2010 a 333 216 en agosto pasado. El presidente Obama podría “enviar una señal” –para “mostrar flexibilidad”. Para Obama, el sector privado es una fuente de libertad; para Raúl Castro es una herramienta de desarrollo, parte de su nuevo modelo económico. ¿Por qué el gobierno norteamericano considera que vender maquinaria agrícola o equipamiento para cafeterías al sector privado cubano es “comerciar con el enemigo”? ¿Por qué Washington y La Habana no pueden permitir el acceso de este sector emergente al mercado norteamericano?

Los gobiernos de Washington y La Habana debieran pensar de manera creativa para arribar a negociaciones mutuamente beneficiosas. El progreso que genera la buena voluntad en comercio, viajes y la lucha contra enemigos comunes como el narcotráfico, el terrorismo o potenciales desastres medioambientales podría crear condiciones para soluciones integrales hasta para los problemas más difíciles, incluyendo el tema de los prisioneros.

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http://www.nytimes.com/2011/09/24/world/americas/cuban-minister-leaves-a-door-open-to-americans-release.html?_r=2&ref=randalcarchibold

http://dominicavibes.dm/news/cuba-reaffirms-willingness-to-open-dialogue-with-us

http://www.nytimes.com/2011/09/16/world/americas/america-cuba-relations-still-mired-in-distrust.html?pagewanted=1&_r=1

http://www.hispanicallyspeakingnews.com/notitas-de-noticias/details/watch-the-presidents-answers-to-hispanic-roundtable-questions-video/10613/

http://www.correodelorinoco.gob.ve/reflexiones-fidel/verguenza-supervisada-obama/

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Un comentario a “EE.UU. y Cuba: antes de parar la diplomacia…”

  1. Timbiriche dijo:

    Me parece que ninguno de los dos gobiernos puede ser débil frente al otro. En Cuba, Raúl debe seguir afianzando su poder político, mientras ubica en los mejores puestos a sus familiares y amigos íntimos, para dejarle una suerte de herencia económica vitalicia. En Washington, el bipartidismo desluce un discurso aperturista de muchos, por lo que termina por triunfar el statu quo.

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