Eduardo Van der Kooy: Tras la reelección, el futuro incierto
Clarín
Buenos Aires, 23 de octubre de 2011
Por Eduardo Van der Kooy
“…El espaldarazo de Cristina a Moreno atentaría en dos planos contra aquella necesidad de consolidar confianza. Nada hace suponer que el secretario de Comercio, en ese sitio o en otro, no continúe en el próximo Gobierno.
Una señal de que poco o nada cambiaría en general.
Pero aquel espaldarazo pareció validar, además, una metodología política que no concuerda con los mensajes armoniosos que la Presidenta se encargó de difundir desde que quedó sola en el poder. Insistió con el diálogo y la institucionalidad en la clausura de su campaña.
¿Por cuál de los dos caminos optará en los próximos cuatro años? Los hechos parecieran tener mayor densidad que las palabras. Cristina jamás desautorizó ninguno de los frecuentes desbordes de algunos funcionarios. Sobre todo, si estuvieron dirigidos a confrontar con el periodismo no complaciente. A la oposición se acostumbró a ignorarla y no hay razón para pensar que la tendrá en cuenta después de la victoria, cuando recupere la mayoría en el Congreso. El cristinismo posee su misma textura. Sería probable, entonces, que a la sociedad no kirchnerista le aguarden tiempos difíciles.
La semana de Cristina no será sólo la de la victoria. El triunfalismo se fundirá rápido con el drama: el jueves se cumple el primer aniversario del fallecimiento de Kirchner. Una amalgama de estados de ánimos antagónicos que el peronismo a lo largo de su historia convirtió en una matriz política y cultural poderosa . Sucedió con Evita y con Perón cuando también habitaban el poder.
El kirchnerismo no ha cejado tampoco, en ese aspecto, en querer imponer su relato. Desparrama un culto a Kirchner en cada rincón del país. Con tenacidad trata de imprimir la imagen de un hombre siempre épico, principista, transgresor de raíz, excepcional.
El ex presidente fue, al parecer de quienes pudimos frecuentarlo varios años, un pragmático, de madera peronista, gran constructor de poder, apasionado de los negocios, turbio, atropellador y también, muchas veces afable.
Cuando pasen la victoria y el drama reaparecerá el país cotidiano. Aquel que se asoma a un horizonte poblado de interrogantes”.


























