Efectos políticos del caso Chehade
La República
Lima, 23 de octubre de 2011
Por Mirko Lauer
La idea de Isaac Humala según la cual el caso de Omar Chehade es algo banal y distractor de cosas con más importancia para el país es atractiva. Pero resulta evidente que el asunto va a producir efectos políticos, y en esa medida nos va a acompañar un tiempo. Como nos acompaña el caso petroaudios, ya camino de su cuarto añito.
Acaso el efecto más importante de los escándalos que tocan a congresistas del oficialismo, Chehade incluido, va a ser la constitución de un bunker en la psicología política del cogollo humalista. Para este los peligros ya no estarán en el bando opositor, sino también dentro de las propias filas del nacionalismo y sus aliados.
A Ollanta Humala la cosa le puede resultar más leve porque gobierna con una coalición, no solo con un partido. En consecuencia le corresponde cuidar la buena imagen de un núcleo, y no tanto de un conjunto de agrupaciones recogidas por el camino. Sin embargo las encuestas van a ir mostrando cuánto se puede sostener este argumento.
La celeridad con que Daniel Abugattás está dejando caer la guillotina en todos los casos y el reproche twiteado por la primera dama muestran que el gobierno está tomando los escándalos muy en serio. Es comprensible que no quieran verse manchados por la sombra de la corrupción antes de cumplir los 100 días de gobierno.
Un segundo efecto es que el humalismo va a tener que modificar su discurso sobre la corrupción, modulando la antinomia nosotros/ellos en el cual se ha venido sosteniendo. Entre otras cosas porque nada garantiza que los problemas de este tipo no sigan pareciendo por el camino. Lo cual invita a remojar las barbas en todo momento.
Podría decirse que el anterior escándalo vicepresidencial solo afectó realmente al empresario Raúl Diez Canseco, cuya renuncia terminó con el problema. Pero eran otros tiempos, en que los destapes de la corrupción todavía no producían largas campañas mediáticas que juzgan al todo por una de sus partes, como sucede ahora.
El otro efecto del caso Chehade y su contorno de casos es que en cierto modo descoloca a la comisión que se dispone a investigar al anterior gobierno. Podrá seguir actuando, pero lo hará dentro de un contexto enrarecido. Un paralelismo que los siguientes investigados no van a dejar de hacer notar a lo largo de todo el proceso.
Los últimos años han mostrado que padecer escándalos corruptivos es segunda naturaleza en una política asentada sobre una economía informal en más de 60%. En esa medida se trata de un tipo de problema que no puede ser evitado, sino que debe ser más bien administrado con actitud proactiva. Lo demás es, como se dice, ajo y agua.


























