Más votos, ¿más impunidad?

La Nación
Buenos Aires, 20 de octubre de 2011
Por Luis Majul

“Hay que repetirlo una vez más, aunque aburra o resulte extemporáneo días antes del triunfo arrollador con el que Cristina Fernández logrará su reelección: en cualquier país con un gobierno más o menos serio, Guillermo Moreno, el “golpeador oficial”, habría sido despedido por el ministro de Economía o el mismo presidente. Mantenerlo en el cargo, reivindicarlo como un funcionario honesto el mismo día en que una fiscal lo imputó bajo el cargo de agresiones en riña, contiene múltiples mensajes, y todos son malos.

El primero es “puedo hacer, como dueño del Estado, todo lo que se me da la gana”. Incluso agredir físicamente a cualquiera y vanagloriarme de haberlo hecho. Otro mensaje sería: “tengo más de diez millones de votos y por lo tanto mi poder no tiene límites. Los votos no sólo me dan apoyo y legitimidad, sino también, sobre todo, impunidad”.

Hay un tercer mensaje, que no estaría dirigido a la sociedad en su conjunto, sino, en especial, al sistema judicial. ¿Cómo podría actuar a partir de ahora cualquier fiscal o juez después de semejante exhibición de poder e impunidad? Los que trabajan en el fuero federal lo saben de memoria: al juez que saca los pies del plato le puede caer un pedido de juicio político; al que hace los deberes este gobierno lo protege, porque al mismo tiempo lo usa. El de Norberto Oyarbide es el caso más escandaloso, pero no el único. Para eso el oficialismo tiene mayoría en el Consejo de la Magistratura.

El otro asunto para discutir es si se debe considerar o no a Moreno un funcionario honesto. ¿Es honesto, de verdad, alguien que usa su cargo para presionar a empresarios con el fin de que vendan sus empresas a precio vil y si es posible a los amigos de la administración K? ¿Puede considerarse honesto un secretario de Comercio que persigue, en forma personal, a un ejecutivo como el presidente de Shell, Juan José Aranguren, sólo porque no le cae simpático o porque no acata sus órdenes verbales, prepotentes y extemporáneas? ¿Es honesta una persona que recibe a sus visitantes con un arma en el escritorio o, para amedrentar, los chicanea diciendo que sus próximas víctimas serán sus esposas, porque “someter” a sus maridos había sido una faena demasiado fácil?

…El matrimonio por conveniencia entre Grondona y la Presidenta es un caso paradigmático. Se abrazaron al dirigente de fútbol para perjudicar a Clarín y darle uso propagandístico al Fútbol para Todos. Pero tarde o temprano al Gobierno tendrá que rendir cuentas sobre los más de 1300 millones de pesos que ya se destinaron para esa iniciativa. Tendrá que explicar por qué, para financiarlo, usó dinero público destinado a la protección de bosques.

Deberá informar de qué manera distribuye tanto dinero, que va del bolsillo de los contribuyentes a la caja de Grondona sin pasar por una auditoría o el más mínimo control. Hay que preguntárselo otra vez, aunque resulte aburrido o inoportuno. ¿Todos, en este gobierno, suponen que el dinero del Estado se puede usar de manera arbitraria, discrecional, como si fueran fondos propios y personalísimos?

Disponer de las partidas presupuestarias es una obligación, pero hacerlo de manera caprichosa constituye un delito. El uso y abuso de los fondos de la publicidad oficial es otro escándalo que terminará desparramando estiércol sobre los repartidores y también sobre sus beneficiarios.

El secretario de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina, decide, a dedo, a quiénes hay que dar mucho y a quiénes debe quitarles todo. Se ampara en que no existe una ley nacional que regule la manera de distribuir esos fondos. En realidad, no la hay porque el oficialismo nunca la quiso discutir, con la misma lógica con que se niega a debatir y aprobar un proyecto de ley de presupuesto consensuado con la oposición. Le conviene seguir operando con arbitrariedad y sin ley…”.

Extracto del artículo publicado por el diario La Nación

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