La lluvia y la ballena
El Periódico
Guatemala, 17 de octubre de 2011
Por Dina Fernández
“El escritor nicaragüense Sergio Ramírez tiene un relato donde cuenta cómo una ballena llega a morirse a una playa de Nicaragua.
El pobre animal, arrastrado por el mar, se convierte en un espectáculo. Uno a uno, acuden los curiosos a contemplar su agonía. Algunos de ellos, no contentos con el solo hecho de mirar, sacan el cuchillo y van trinchando la carne de la ballena, mientras el sol le abrasa la piel.
…La mayoría de las muertes que ocurren en Guatemala resultan absurdas porque podrían evitarse. Las que ha provocado el temporal nos indignan especialmente porque su origen es predecible y puntual. No se puede hacer nada para evitar que aparezca la temporada de lluvias, pero sí deberíamos ser capaces de prepararnos para impedir que pase sobre nosotros.
Nos han venido cantando que somos uno de los países más vulnerables al cambio climático. De mayo a noviembre, sabemos que el océano puede enviarnos huracanes, tormentas y depresiones tropicales, pero nadie parece lo suficientemente interesado como para reaccionar.
Ni siquiera porque ya los economistas afilaron el lápiz y calcularon cuánto nos cuesta cada aguacero de estos. La factura de un Stan o de un Agatha puede ascender a US$1 millardo, suficiente como para motivarnos a buscar acciones de largo plazo para adaptarnos a la nueva realidad o cuando menos, para mitigar los daños.
En lugar de ponernos a trabajar, ignoramos el peligro porque estamos acostumbrados a despreciar el poder del clima. Seguimos pensando que las condiciones del tiempo son una constante sosa e irrelevante en nuestra vida.
De ahí que pongamos cara de susto cuando se aparecen las lluvias y nos traen ríos crecidos que devoran puentes y desatan correntadas de piedras que bajan por las laderas aplastando cuanto encuentran a su paso”.


























