Morales cruzó la línea

Infolatam
La Paz, 26 de septiembre de 2011
Por Fernando Molina

El Gobierno de Evo Morales acaba de cruzar la línea que marcará un antes y un después en la historia de su administración. El domingo reprimió con la fuerza pública la marcha de miles de indígenas que partieron hace varias semanas de las tierras bajas del este y pretendían llegar a pie a La Paz. La marcha estaba bloqueada desde hace varios días en las cercanías del Chapare, el lugar de donde es oriundo el poder de Evo Morales, por un nutrido grupo de seguidores del Presidente.

Un día antes de la intervención policial, los indígenas capturaron al canciller David Choquehuanca, que los visitaba para tratar de encontrar una vía de negociación, y lo obligaron a encabezar la marcha, a fin de asegurar que ésta atravesara el bloqueo oficialista. Horas después, la policía irrumpió en los campamentos indígenas, detuvo a varios manifestantes, desmovilizó a los demás y lanzó gases lacrimógenos que, según denunciaron los dirigentes indígenas, causaron varios heridos.

Con ello llegó a su ápice la estrategia de hostigamiento de la protesta que en los días previos había desplegado el Gobierno con una dureza extraordinaria; tanta que un ex miembro de éste, Alejandro Almaraz, la comparó con las que solían usar los gobiernos militares. En los días previos a la represión, los indígenas, muchos de ellos mujeres y niños, sólo podían acceder de forma limitada a agua y alimentos, lo que mereció la crítica de las organizaciones de derechos humanos. Poco después, y por primera vez en los cinco años de gestión, Morales mandó a “gasificar” y a detener a activistas de larga trayectoria, que pertenecen a organizaciones populares con muchas décadas de antigüedad y que hasta hace poco podían contarse como parte de la base de simpatizantes del gubernamental MAS.

Esta acción puede compararse con el acto insensato de dispararse en el propio pie. Los indígenas marchaban para evitar que una carretera –demandada por los habitantes de El Chapare, es decir, por las bases del Presidente–, cruzara por el territorio yuracaré, que al mismo tiempo es un parque nacional. Es decir, luchaban por una de las reivindicaciones que llevaron a Morales al poder.

Éste levantó la imagen que lo llevó a la Presidencia sobre la base de la exaltación de la naturaleza amenazada por el “capitalismo depredador” y su condición de “primer presidente indígena”. Ahora ambos elementos de su discurso han quedado derogados con la marcha y, sobre todo, con este su desenlace, tan parecido al que tuvieron las movilizaciones populares que enfrentaban a los gobiernos previos, que en su momento fueron calificados por Morales y su partido como “asesinos”, pues impusieron el orden público de la misma manera en que ahora lo hace él.

Por eso Morales debe tomar un trago de su propia medicina. La oposición no quiere detenerse en el hecho de que las órdenes que dio a la Policía son legales y parte de las atribuciones presidenciales. Por el contrario, explota el sentimentalismo de la población, impactado por las imágenes que llegan del lugar de los hechos, en las cuales mujeres y niños autóctonos y pobres escapan de uniformados arrogantemente equipados con bastones.

La mayor parte de la oposición no quiere reconocer que gobernar en Bolivia a veces exige echar mano del aparato represivo, en primer lugar porque el Presidente actual no lo reconoció nunca. Si en el pasado Morales jamás se puso en los zapatos de los gobernantes a los que enfrentó, que tuvieron que enfrentarse al radicalismo y la cerrazón a veces propios de los movimientos sociales, ahora los políticos del resto del espectro político tampoco van a ponerse en los zapatos de Morales. Por el contrario, están empeñados en reforzar el esquema político maniqueo que predomina en la población, solo que cambiándolo de signo. Así, estamos ante otro episodio de la clásica oposición entre una élite canalla que no escucha al pueblo, y una multitud que porta todos los valores positivos imaginables: lealtad al país, entrega y sacrificio por una causa y por los demás, sed de justicia e igualdad.

Este esquematismo se ve facilitado porque el programa del Gobierno: “construir el camino a toda costa”, que Evo expresó contundentemente en uno de los primero discursos en los que se refirió al tema, responde al desarrollismo que impregna la cultura nacional de una forma muy tosca y políticamente incorrecta. En el tiempo del calentamiento global, en el que las nuevas generaciones se alinean entusiastamente con el ambientalismo, no es posible ser tan abiertamente “edificador”.

Morales le dio la espalda a un sentimiento sobre el que se subió para llegar al poder; un sentimiento que es uno de los factores del indianismo, que prefiere lo natural, por esencia “bueno”, y lo opone a la artificialidad deshumanizadora de lo moderno. Hizo una apuesta fuerte y ahora debe pagar el precio.

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3 comentarios a “Morales cruzó la línea”

  1. Adriana dijo:

    Como siempre,, muy agudo análisis éste de Fernando Molina. Pero echo de menos el que “alguien” levante la voz por la “dignidad” del movimiento de los indígenas… por la “dignidad” de cada uno de ellos en su calidad de “ciudadanos”.El presidente Morales y sus “boys”, con toda “sans façon” proclaman su convencimiento de que el movimiento indígena está manipulado por la derecha, por la extrema izquierda y…cómo no … por E.E.U.U. Es decir nos coloca en la calidad de monigotes. Creo que ésta es una insolencia y una falta de respeto fundamental que ningún ciudadano debe aceptar … y toda la “gente de bien” debemos defender, ser trate de quien se trate el insultado.

  2. Carlos Arze dijo:

    El Sr. Molina no puede con su pasado: defiende el derecho del gobierno al uso de la violencia porque sigue reivindicando la actuación del gobierno de Sánchez de Lozada -del que fue parte- que reprimió en 2003 y motivo por el cual tuvo que huir del país. Al mismo tiempo, ataca el “maniqueísmo” del pueblo que no acepta el “desarrollo”, pues no cabe en su cabeza que alguien se oponga a los monopolios capitalistas extranjeros a los que tiene como portadores de progreso. Por eso, su crítica al gobierno y su actuación en el caso TIPNIS parece estar impulsada más por un viejo dolor personal que por la intención de analizar las causas y perspectivas de este conflicto social…

  3. Federico Vasta dijo:

    Coincido totalmente con Carlos Arce, el escritor de esta nota comete la falacia de decir que el Presidente ordeno directamente a la policia. Una verguenza.

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