¿Qué pasa en Chile (4): ¿cambiando o ajustando el modelo?

Infolatam
Nueva York, 15 septiembre 2011
Por Patricio Navia

Las protestas callejeras y las marchas que han marcado el quehacer político chileno en los últimos meses han sido interpretadas por muchos como cuestionamientos a legitimidad del modelo económico y político que ha existido en ese país desde el fin de la dictadura. Pero si bien los movimientos sociales desnudan las fallas y falencias del modelo, la voluntad de la gente reflejada en las encuestas parece apuntar hacia mejoras en el modelo y no hacia un intento por abandonar la economía social de mercado chilena.

Desde que las movilizaciones estudiantiles se tomaron la agenda política nacional, muchos chilenos parecen ya expertos en política educacional. Los debates sobre las fortalezas y debilidades del sistema educativo son tema de conversación—y debate—permanente en la televisión, pero también en las conversaciones familiares, en los cafés de las ciudades y en la locomoción colectiva. Aunque hay consenso en que se deben corregir las falencias, no hay acuerdo sobre cuál es el mejor remedio para la enfermedad de la educación chilena. El desigual acceso a educación de calidad y el prohibitivo costo de la educación superior son las principales banderas de lucha del movimiento estudiantil. Los estudiantes han personificado sus críticas en la existencia de instituciones educacionales con fines de lucro, tanto las que existen legalmente en la educación básica y secundaria como las que, a través de artimañas legales, existen también en universidades privadas.

Pero ya que las protestas estudiantiles no son la única señal de descontento con la falta de provisión de derechos ciudadanos e insuficiente protección a los derechos de los consumidores ni el movimiento estudiantil es el único problema social que enfrenta el gobierno del Presidente Piñera, al evaluar el movimiento estudiantil en el contexto de la evolución de la sociedad chilena y su democracia podemos sacar lecciones sobre qué cosas están fallando con el modelo y qué problemas son más bien responsabilidad de los errores cometidos por el gobierno del Presidente Piñera.

En un país donde se han privatizado las pensiones, buena parte de la salud y de la educación, e incluso las carreteras, los ciudadanos devienen en consumidores.

El modelo social de mercado en vigor en Chile, implantado por Pinochet, pero corregido y mejorado por sucesivos gobiernos democráticos de centro-izquierda desde el retorno de la democracia en 1990, ha contribuido al crecimiento y desarrollo económico en Chile. Pero la insuficiente capacidad reguladora del estado hace que muchos chilenos se sientan desprotegidos ante las empresas con las que interactúan diariamente. En un país donde se han privatizado las pensiones, buena parte de la salud y de la educación, e incluso las carreteras, los ciudadanos devienen en consumidores.

Lo que muchos pudieran considerar derechos se transforman en bienes de consumo, con el Estado preocupado de subsidiar la demanda de los más necesitados. Ya que el estado focaliza el gasto social en los dos quintiles de menos ingresos, el 40% siguiente—aquel que no alcanza a estar en el quintil de ingresos más altos—se siente desprotegido ya que no recibe subsidios estatales y debe acceder a todos los servicios a través del sector privado.

La falta de protección de los derechos de los consumidores explica parte de las demandas estudiantiles—en particular la crítica a las instituciones con fines de lucro que entregan una educación de mala calidad porque no son fiscalizadas adecuadamente—pero también se hace evidente en una serie de otros ámbitos. Un reciente escándalo en una cadena de tiendas que repactaba las deuda de sus clientes morosos sin su consentimiento, y a tasas de interés superiores que hacían casi imposible pagar las deudas, es otra muestra de que el modelo social de mercado precisa de un marco regulatorio más adecuado, con mejores mecanismos de protección a los usuarios y consumidores. Los chilenos gustan del mercado, gozan de las posibilidades de acceso y de consumo que éste ofrece. Pero los chilenos también resienten la desprotección y rechazan el abuso. Más que cambiar el modelo, quieren una cancha pareja, en que puedan sentido protegidos de los abusos de empresas inescrupulosas.

Por su parte, el movimiento estudiantil se ha prolongado excesivamente por errores cometidos por el gobierno del Presidente Sebastián Piñera. Como primer gobierno de derecha democráticamente electo en medio siglo, la administración Piñera tempranamente quiso convertir la buena gestión en el sello de su gobierno. Con desmedido entusiasmo, Piñera señaló, apenas iniciado el gobierno, que lo que otros no habían podido hacer en 20 años, su gobierno lo había logrado en 20 días. Como el diseño e implementación de políticas públicas inevitablemente enfrenta obstáculos, la promesa de eficiencia se terminó por diluir y el gobierno comenzó a sentirse arrinconado. Las demandas sociales se acumularon a partir de las altas expectativas que creó el propio gobierno.

Después de todo, como buenos alumnos, han aprendido que esa es la forma de conseguir su objetivo antes un gobierno débil y poco hábil políticamente.

La equivocada decisión del Presidente Piñera de ceder a la presión de una marcha contra una central termoeléctrica que había conseguido todos los permisos para iniciar labores de construcción sentó un pésimo precedente. Después de que Piñera se saltara todos los procedimientos institucionales para pedir personalmente a la empresa involucrada no construir la central, la percepción que quedó en la ciudadanía es que este era un gobierno que cedía a las presiones.

El hecho que el gobierno haya realizado ya tres ofertas distintas a los estudiantes movilizados para que depongan las marchas también alimenta la percepción de que el gobierno no sabe negociar y está dispuesto a cederlo todo si hay suficiente gente en las calles. No sorprende entonces que los estudiantes insistan en sus marchas y movilizaciones. Después de todo, como buenos alumnos, han aprendido que esa es la forma de conseguir su objetivo antes un gobierno débil y poco hábil políticamente.

La combinación de un gobierno inhábil y las imperfecciones de un modelo que no protege adecuadamente a sus ciudadanos cuando interactúan con empresas privadas como consumidores han hecho que las movilizaciones estudiantiles lleven a muchos a creer, equivocadamente, que el modelo social de mercado está tambaleante en Chile. Las encuestas, no obstante, muestran que los chilenos son optimistas sobre su futuro, tiene una visión neutra o positiva respecto a la dirección en la que avanza el país y sienten que están hoy mejor que nunca en sus vidas personales y situación económica.

Más que terminar con la fiesta que ha producido crecimiento y desarrollo desde el fin de la dictadura, los chilenos quieren tener más y mejor protección, mejores oportunidades y derechos más robustos. Quieren una cancha pareja en la que competir, en igualdad de condiciones, y con acceso a una educación de calidad. Más que movilizaciones contra el modelo—cuestión que afirman algunos de los líderes del movimiento y algunos políticos de izquierda—estas son movilizaciones que piden mejorar y corregir el modelo, ampliando la estructura de oportunidades y mejorando la calidad de la educación y los marcos regulatorios que protegen los derechos de las personas.

2 comentarios a “¿Qué pasa en Chile (4): ¿cambiando o ajustando el modelo?”

  1. Leonel Medina dijo:

    Qué análisis más ligero. Navia, suelto de cuerpo, dice que a los chilenos nos gusta el mercado. ¿Cómo lo sabe? Dice que queremos sólo una cancha pareja pero bajo el mismo modelo. ¿Por qué? Navia dispara al voleo puras impresiones, pero no respalda sus conjeturas. Si los chilenos quisiéramos sólo un mercado mejor regulado (en desmedro de otro modelo) en educación, no habría un respaldo ciudadano tan potente hacia el movimiento estudiantil, que en esencia pide un cambio de paradigma.

  2. Sebastián Leroy Céspedes Montero dijo:

    De acuerdo en gran parte de la columna.

    Creo que el gobierno no ha sido hábil e incluso cobarde en no plantear a la ciudadanía sus reales expectativas y ambiciones, que como dices, deberian hacer eco, puesto que los chilenos están conformes con este sistema de mercado, solo desean más regulación.

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