Retos de Política Económica en Brasil


Por Jonás Fernández

La economía brasileña está transitando por un tiempo complejo. Hasta ahora estábamos observando una restricción de las políticas monetarias y fiscales, probablemente con un cierto retraso influenciadas por los comicios de 2010. Sin embargo, en los últimos días de agosto hemos presenciado una serie de decisiones que han elevado la incertidumbre sobre las autoridades del país.

En este sentido, el gobierno anunció el incremento del objetivo de superávit primario hasta el 3,3 por ciento del PIB. Esta mejora se fundamenta no en un ajuste adicional ante el calentamiento de la demanda interna, sino en el compromiso de no consumir el superávit acumulado por encima de la previsión durante la primera parte del año.

Sin duda, parece buena idea no activar tal superávit con más gasto público, pero esta medida tampoco supone una notable restricción adicional. En todo caso, apenas un día después de la revisión presupuestaria del Ejecutivo, el Banco Central (BCB) rebajó por sorpresa el tipo de intervención de política monetaria en 50 puntos básicos, hasta el 12,0 por ciento.

De este modo, ambos movimientos han parecido concertados, si bien el Presidente del BCB, Alexandre Antonio Tombini, ha garantizado la independencia de la autoridad monetaria y su compromiso con la estabilidad de precios. En todo caso, con o sin acuerdo previo, tal decisión ha generado una importante controversia.

Por una parte, es cierto que Brasil “sufre” los tipos de interés reales y nominales probablemente más elevados del planeta, lo cual dificulta el proceso de desarrollo del país. Por otra parte, también lo es el enorme esfuerzo fiscal del Estado, que desde la puesta en planta del Plan Real hasta el presente, pasando por los ocho años de Lula da Silva, ha permitido no sólo asegurar la sostenibilidad fiscal del país, sino también realizar una política anti-cíclica durante la crisis de 2008-09.

Sin embargo, cuando una economía ve acelerar su inflación de tal modo que el Banco Central no podrá ya cumplir la banda objetivo de 2011 (7,2 por ciento en agosto) y el crédito al sector privado crece por encima del 20 por ciento interanual, con aumentos en el segmento hipotecario del 50 por ciento, no parece el mejor escenario para rebajar tipos.

A su vez, si bien la tasa de morosidad se mantiene contenida en el 3,5 por ciento (dato de julio), tal ratio está “sesgada” por el fuerte incremento de los préstamos, dado que los créditos deteriorados crecen por encima del 15 por ciento. Es decir, bien parece que durante el último año, Brasil ha ido acumulando un notable incremento del crédito que aconseja un comportamiento de la política monetaria probablemente algo más prudente.

Además, siendo cierto que los datos de crecimiento muestran una desaceleración (el PIB se expandió en el segundo trimestre un 0,8 por ciento trimestral, por debajo del 1,2 por ciento del periodo previo), la demanda interna sigue tirando con fuerza, con incrementos sustanciales de todos los desagregados que la conforman, de modo que el dato global sólo se suaviza por el aumento de las importaciones. Con todo, el escenario para medio plazo mantiene tal desaceleración para acomodar el crecimiento del país al potencial, pero tal senda parece razonable, en ausencia de reformas estructurales.

Por todo ello, la rebaja de las últimas semanas parece cuando menos precipitada a la vista de los datos internos de la economía brasileña. Es verdad que el escenario global se ha debilitado, con las incertidumbres puestas en el futuro de la zona euro, pero resulta demasiado arriesgado poner en juego la credibilidad del Banco Central cuando aún podría gestionar una recaída del crecimiento global con suficiente espacio de maniobra. Todo esto nos conduce a un debate adicional.

Probablemente, Brasil ya ha explotado los rendimientos de una política macroeconómica ortodoxa. Es decir, el vector que ha conducido el crecimiento hasta ahora no puede ser el único para impulsar la actividad en un nuevo periodo. De este modo, el país necesita tomarse en serio las reformas estructurales. Parece difícil de entender cómo una economía con un crecimiento ciertamente por encima del potencial aunque no muy alejado y con unos tipos hasta ahora en el 12,50 por ciento, pueda registrar inflaciones más allá del 7 por ciento. Tal cuadro viene a reflejar importantes “cuellos de botella”, un peso muy significativo de oligopolios y problemas de consolidación interna del propio mercado.

Así pues, haría bien la Presidenta en dedicar su capital político en impulsar tales reformas, que tendrán una rentabilidad mucho mayor que jugar con combinaciones alternativas de política fiscal y monetaria.

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2 comentarios a “Retos de Política Económica en Brasil”

  1. Brasil desafíos dijo:

    Brasil desafíos

  2. u dijo:

    Excelente análisis. Está claro que el actual crecimiento económico elevado de Brasil es sólo un “vôo de galinha”. Hacen falta muchas reformas estructurales que casi con toda seguridad no verán la luz en un futuro a medio plazo. El sistema político brasileño es uno de los mayores impedimentos para avanzar en la dirección correcta. Y actualmente, Brasil todavía se está beneficiando del bonus demográfico. En unas décadas, el sistema público de pensiones, tal y como lo conocemos – absolutamente insostenible -, quebrará y obligará a los gobernantes en el poder a cortar pensiones y otros gastos públicos. El futuro de este BRIC no es tan halagüeno como los mal informados – muchos – piensan.

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