“Zapping” de campaña
El Periódico
Guatemala, 12 de septiembre de 2011
Por Dina Fernández
“…lo que se puede sacar en limpio son algunas de las lecciones de esta campaña.
Las hay muy prácticas. La primera es que las elites y las clases medias urbanas necesitamos un buen par de anteojos para discernir entre los espectáculos de variedades que se nos ofrecen en época electoral. Durante los últimos cuatro años nos esforzamos por satanizar a quien se vislumbraba como la candidata oficial, doña Sandra Torres, a quien convertimos en la heredera local del chavismo y la mensajera del Apocalipsis.
La ex-Primera Dama, lejos de amilanarse, se esmeró por complacer al exigente público capitalino. Lo logró desde el primer día, encendiendo los botones de la imaginación popular como si fuera Tokyo en día de ofertas.
Doña Sandra le tomó juramento al marido entrapajada de negro, como la bruja de los cuentos. Luego se impuso en el salón del trono (el gabinete), donde vociferó, tunante, al estilo de la matriarca perversa de las telenovelas. En los últimos capítulos del culebrón, intentó mudar de personaje: se vistió de blanco y moduló la voz, diciendo “sí, sí, sí”, frente a un jardín bucólico donde trinaban los pajarillos. Por último se dirigió a las Cortes, bañada en multitud, donde imploró su derecho a la presidencia asegurando ser madre soltera de cuatro hijos. Resultado: la sacó a rastras la Señorita Laura.
El público rezumaba chiflidos y zapateaba de contento hasta que se apareció el reemplazo. Más bien pequeño de estatura, con el pelo envaselinado y el pantalón ajustado arriba del ombligo. Napoleón hecho Ñoño. Fue objeto de la burla generalizada cuando ofreció el triunfo de la Selección Nacional de Fútbol y se dirigió a las multitudes alzando la Biblia en una mano y la Constitución en la otra.
Pero Manuel Baldizón no llegaba a bromear: desenfundó todas las armas. Fue el Hiroshima de la propaganda, la Isla de las Sirenas con amplificadores de reggaeton: un remix de todos los sonsonetes populistas. La pena de muerte y el bono 15, el Ché y Lincoln, la fotonovela de la familia unida y el impuesto único del 5 por ciento.
En ese momento se empezaron a turbar algunas miradas. Quienes siempre han creído que mandan el juego (porque ese es el orden natural, la cadena alimenticia del patio de primaria) empezaron a timonear con desesperación. Demasiado tarde: no hubo cómo taparle los oídos a la muchedumbre con bolitas de cera, ni cómo amarrarse al mástil.
…El actual modelo político, de partidos de cartón y campañas millonarias, está agotado. Ha producido una sociedad librada al caos, donde la administración es de mentiras y los abusos, de verdad.
La única salida pasa por una reforma política que desmantele este modelo fracasado que empieza con las contribuciones de campaña, pasa por el listado geográfico de obras, tropieza con la ley de compras y contrataciones, se enreda en tribunales, se pierde en instituciones construidas sobre la puerta giratoria del clientelismo y se asfixia en el marasmo fiscal.
Solemos repetir que no se puede vivir así, pero ni bien han barrido el confeti de la campaña y ya estamos de vuelta en el sofá, haciendo zapping”.


























