Paro de la CUT: la hora de los políticos de fuste

El Mercurio
Santiago de Chile, 24 de agosto de 2011
Por El Mercurio (Chile)

“La CUT ha fundado su convocatoria a un paro nacional de dos días en una variedad de exigencias, que, además de sus habituales demandas de modificaciones al régimen laboral (sindicatos únicos, negociación por área, impedir contrataciones durante la huelga y similares), incluyen, entre otras, reemplazar la Constitución Política y el modelo económico vigente, introducir una reforma tributaria, terminar con el sistema educacional actual y cambiar el previsional.

Sin el actual cuadro de movilizaciones estudiantiles, un llamado a paro nacional de esta especie probablemente no hubiera tenido mayor apoyo. Se habría considerado que sus demandas iban mucho más allá de los problemas que su organización intenta representar, y se habría estimado que los canales para procesar esta clase de demandas son otros muy distintos de un paro nacional. Más aún, en ausencia del actual clima político, es muy probable que la CUT no hubiera corrido el riesgo de convocar sin mayor éxito a dicho paro. Sin embargo, la situación política creada por las demandas estudiantiles y la forma de discusión a que ella ha dado lugar han permitido que se instalen en el país debates en torno a temas fundamentales, como la Constitución o la libertad para emprender y obtener ganancias en sectores como la educación. La convocatoria de la CUT es funcional a ese debate.

Así las cosas, Chile se encuentra en medio de una discusión política sobre temas de fondo, que en sí no es necesariamente inconveniente, pero resulta obvio que, en paralelo, los opositores al Gobierno buscan sacar dividendos políticos y electorales de la presente coyuntura, lamentablemente a costa de las instituciones que le dan gobernabilidad y estabilidad al país. La legitimidad del debate no valida el método de fuerza y sobrepasamiento del derecho escogido para obtener lo segundo.

Como la discusión implícita en el llamado de la CUT está mucho menos orientada a obtener medidas específicas que a cambiar las reglas básicas de nuestra sociedad, el camino escogido por ese grupo sindical, con el apoyo de la Concertación y otras organizaciones gremiales y políticas -utilizar el clamor de la calle o el entusiasmo de un plebiscito para lograr sus aspiraciones-, es el peor para adoptar resoluciones que requieren una mirada de largo plazo, y suponen prudencia y mesura en debates ilustrados para, efectivamente, obtener resultados conducentes al desarrollo del país.

Desde esa perspectiva, no se comprende el apoyo de la Concertación al paro, pues de los sectores políticos organizados y responsables se espera, precisamente, que profundicen las instituciones que ellos mismos han contribuido con gran esfuerzo a construir -nada menos que el restablecimiento de la democracia representativa-, y no que pretendan conseguir ahora, mediante la emocionalidad (o la violencia) de marchas callejeras, los cambios que no han sido capaces de concretar persuadiendo a la ciudadanía en las elecciones.

Validar el método de saltarse los canales institucionales para lograr objetivos políticos no debería formar parte de las prácticas políticas aceptadas, y tanto menos en un país que se siente en el umbral del desarrollo.

Con todo, en una democracia, para que las manifestaciones populares tengan un canal institucional de desahogo, el Gobierno debe buscar los acuerdos políticos que incorporen propuestas sensatas para descomprimir las tensiones. Eso no será posible si no cuenta con colaboración de la oposición. Para los políticos, es hora de dejar de lado las acusaciones mutuas, y actuar con responsabilidad por el país. Es la hora de los políticos de fuste”.

Editorial del diario El Mercurio

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