Londres, Madrid y la lucha por el Estado
Infolatam
Madrid, 16 agosto 2011
Por Joaquín Villalobos
“… Estamos frente a la crisis de los Estados en su capacidad para mantener la cohesión social, garantizar la seguridad y educar a los ciudadanos. Venimos de 30 años de mercados desregulados y Estados reducidos, y en Reino Unido apareció la consecuencia en su expresión más dramática para el mundo desarrollado. Si no se resuelve esta situación, la violencia podría volverse crónica. En los países pobres este mismo problema mezclado con el crimen organizado puede conducir a Estados fallidos.
La hegemonía del mercado durante varias décadas impuso a la sociedad un sistema de valores donde la política fue señalada persistentemente como corrupta, ineficiente y burocrática. Los empresarios fueron considerados seres superiores, mientras que maestros, policías y servidores públicos pasaron a ser ciudadanos de tercera. Los ricos se multiplicaron y el glamour de ostentar llegó a toda la sociedad. La revista Forbes incluyó, sin ningún reparo, a criminales como el Chapo Guzmán y Pablo Escobar en su lista. Corromperse se justificó porque tener se volvió más importante que ser. Los salarios de banqueros y futbolistas se despegaron de la realidad. Las enormes reservas de mano de obra no cualificada existente en los países pobres devaluaron el valor del trabajo y esto se mantendrá por muchos años. Hace 10 años el salario de un ejecutivo era varias decenas de veces mayor al de un trabajador y ahora es varios cientos de veces más alto.
Muchos de los empleos perdidos en la crisis de 2008 difícilmente retornarán, porque las empresas mejoran su rentabilidad con tecnología a costa de agravar la crisis social reduciendo empleos. Se dice ahora que el problema es que el Estado de bienestar es insostenible, pero el debate no es sobre asistencialismo, sino sobre seguridad. Si la situación sigue como hasta ahora, los conservadores tendrán que pensar en segregar naciones y barrios, expulsar inmigrantes masivamente y en crear ejércitos privados que protejan a los ricos.
El dilema es claro: o se reducen las utilidades o se reducen los servicios sociales y los policías. Se trata de escoger entre la paz social o el glamour. Es cierto que hasta ahora no se ha inventado nada mejor que el mercado para crear riqueza, pero es igualmente cierto que no se ha inventado nada mejor que el Estado para crear seguridad.”


























