Dilma corre riesgo en la política

Folha de Sao Paulo (Brasil)
Sao Paulo, 7 julio 2011
Por Kennedy Alencar

La inestabilidad política comienza a ser una marca de este primer año de gobierno de Dilma Rousseff. El efecto más dañino es paralizar la acción administrativa o dejarla a ritmo de tortuga.

Dilma ha hecho cambios en cuatro ministerios importantes en menos de ocho meses de gobierno. Es una actuación ruin. Con cada cambio de ministro, el presidente de turno siempre gasta una energía tremenda para tratar el asunto. Necesita consultar aliados, driblar lobbies con los candidatos al puesto vacante y torear a los partidos que quieren ocupar más espacio.

Para un primer año de gobierno, en el cual  la regla es que el presidente tiene un capital político que le da un poco de paz en la relación con sus aliados y con el Congreso, la gestión de Dilma ha atravesado fuertes turbulencias.

Apesar de haber salido bien parada frente a la opinión pública con el cambio del Ministerio de Transportes, la extensión de la crisis con el PR puede corroer esa ganancia de imagen. Finalmente van ya más de 40 dimisiones en el Ministerio de Transportes. Los aliados comienzan a indagar cómo era posible la permanencia de tanta gente sospechosa en un área tan importante desde el tiempo en que Dilma era la secretaria general de Gobierno.

Aún más: la crisis con el PR dejó como herencia un Senado más hostil a la presidente.

La articulación política va mal. El gobierno casi dejó pasar una comisión de investigación. El PMDB está más allá del descontento con el trato recibido por la presidente. Sobran problemas en un área neurálgica.

Lula cometió el mismo error en el primer año de su primer mandato. Desairó a los políticos. Evitó articulaciones necesarias. Dilma vive una mala fase política en una hora en que las nubes de la economía andan cargadas, no parece una buena combinación.

Autoridad cuestionada

La decisión de dimitir a Nelson Jobim estaba tomada desde la entrevista del periodista Fernando Rodrigues en el cual el ministro de Defensa admitió haber votado a José Serra, el tucano que fue adversario de Dilma Roussefff en la elección presidencial del año pasado.

Como el motivo de la dimisión nada tiene que ver con las acusaciones de corrupción o de ineptitud ministerial, Dilma respiró hondo y siguió los consejos para esperar un momento más tranquilo para cambiar al titular de Defensa. Ya había sondeado a Celso Amorim.

El deseo era cambiar a Jobim en una reforma ministerial planeada para más adelante, como a final de año. El ambiente en Brasilia anda algo eléctrico, lleno de emociones para un inicio de mandato. Hacía sentido esperar.

Sin embargo, las nuevas bombas de Jobim, no podían quedar sin una respuesta firme.

Al llamar “debilucha” a la ministra Ideli Salvatti y decir que la colega  Gleisi Hoffmann (Casa Civil) no conocía Brasília, Jobim atacó la autoridad de la propia Dilma, que acababa de nombrar a las dos en sus respectivos puestos.  Otras declaraciones recientes también desestabilizaron a Dilma, cuestionando su autoridad.

La evaluación de Gleisi es irrelevante, como dijo la propia ministra. Dilma nunca fue doctora en los códigos de Brasilia. Aun así, ocupó con competencia dos ministerios en el gobierno de Lula: la Casa Civil y el de Minas y Energía. Gleisi tiene curriculum para la tarea.

La opinión de Jobim sobre Ideli es compartida por muchos petistas. La actual inestabilidad política parece dar alguna razón a Jobim.

Pero, ¿qué explica los ataques de un ministro a su propio gobierno? Sus colegas del PMDB dicen lo siguiente: el venía sintiéndose incómodo con su poco espacio en el centro de las decisiones de la gestión de Dilma y con la forma incisiva en que la jefe se relaciona con sus ayudantes.

Test militar

Son naturales las quejas de las fuerzas armadas respecto al nombramiento de Celso Amorim como ministro de defensa. La cúpula del Ejército, la Marina y la Aeronaútica todavía se resiste a obedecer a un comando civil. Eso es una herencia de la falta de ajuste de cuentas con el 64.  Existen  militares que se comportan como viudas del golpe militar, uno de los  episodios más tristes de nuestra historia.

En una democracia, el poder militar debe saludar al poder civil. Nelson Jobim fue el único ministro de defensa al que los comandantes militares realmente respetaron. Amorim tiene el desafío de ejercer su autoridad. Un buen comienzo deberá ser la disposición de Amorim a comenzar a retirar las tropas brasileñas de Haití, tesis que agrada a los militares.

Desde el punto de vista simbólico, es un avance que una presidente fue presa política de la dictadura haya nominado a un diplomático de izquierda para comandar la Defensa. Es señal de que la creación de la Comisión de la Verdad sobre la dictadura continua como prioridad del actual gobierno en el Congreso.

(Folha de Sao Paulo (Brasil)) traducido por Infolatam

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