La democracia en el punto ciego del Latinobarómetro

Infolatam
La Paz, 24 julio 2011
Por Jorge Lazarte

Probablemente es la primera vez que la prensa nacional le otorga tanta cobertura al Latinobarómetro(LB), tanto  porque ciertos datos difundidos parecen contradecir otros que se conocen a menudo en las encuestas nacionales, negativos para el país ; y luego porque desde  las esferas del poder hubo un intento de usarlos para desmentir su deteriorada imagen.   La razón  suplementaria fue la presencia de su directora en Bolivia,  y una presentación pública  con invitados seleccionados.

Como se sabe, el Latinobarómetro es la agencia encuestadora de la región   más reconocida internacionalmente,  que elabora informes  anuales  desde 1995 sobre distintos aspectos de la realidad latinoamericana  a partir de los datos de encuesta en 18 países.

De la batería de preguntas, una especialmente ha sido siempre destacada  y es  la que  se refiere a las percepciones de la población sobre la salud de la  democracia . Mientras hubo cierto consenso sobre el referente empírico  de lo que se mostraba como democracia  sustentada en ciertos  principios ,  todo parecía estar en orden.   Las mismas preguntas podían repetirse en el tiempo,   pues  se suponía  que los que respondían se referían  más o menos a lo mismo, a su núcleo compartido, a una idea o concepto de democracia internacionalmente aceptado.   Por tanto, era pertinente sumar   los apoyos a la democracia, y presentarlos  como  mayoritarios.

¿Pero qué ocurre cuando se evidencia  que en varios países de la región- en  los “bolivarianos”-  esas mayorías desde hace años se enfrentan  exactamente por  distintas concepciones de democracia,   y promueven   modelos de democracia que no son compatibles?. Los  referentes empíricos de la democracia ya no son los mismos de los años noventa , y    han sido reemplazados  por la “otra” democracia (“popular”, “socialista”, la “plurinacional” de  “a  las buenas o a las malas”),  que  está en la base de nuevos regímenes políticos, con  reglas de funcionamiento que no tienen mucho de común-excepto que se sigue votando- con el concepto  “pluralista” de democracia.

En el caso de Bolivia esto especialmente evidente. Los enfrentamientos en la Asamblea Constituyente ,  y los que siguieron hasta poner al país al borde del abismo,   tuvieron  que ver con estos dos visiones confrontadas. Estos  conflictos  no estallaron  en el marco  de una idea o concepto  compartido de democracia, sino de concepciones  no compartidas de democracia.

Si es así,  ¿entonces, sigue siendo pertinente preguntar  a los encuestados si en general apoyan o no a la democracia, cuando en realidad lo que  apoyan  se cristaliza en  dos regímenes políticos distintos o contrapuestos? .  Más  aún, ¿es apropiado  que   el Latinobarómetro siga  sumando  datos distintos   como si fueran lo mismo?   Por ello llama la atención la ligereza de la afirmación   de  que   Bolivia es el “único país donde aumenta  el   apoyo a la democracia, muy por encima  del promedio de la región”.

Esto es simplemente un ocultamiento de una  realidad política contrastada , que seguramente podría ser develada si las preguntas fueran distintas, ajustándose mejor   a los  trastornos  políticos  que tienen lugar en esos países.  En estas nuevas condiciones  repetir las mismas    preguntas hasta parece una  ingenuidad,  pues es poco probable que  los que  adhieren a  un modelo de “democracia popular”  respondan que no  apoyan a la  democracia, aunque  lo que tienen en mente sea   incompatible en dimensiones sustanciales  con una cierta idea de la democracia presente  en los pactos internacionales.

Por tanto,  los datos del Latinobarómetro sobre la democracia  se convierten en un retrato  distorsionado de lo real,  pierden   objetividad,  lo que no rima con lo que debería ser una encuesta. Si el LB cambiara sus preguntas en consonancia con la realidad latinoamericana compleja y contrastada,   las respuestas serían otras, y no tan optimistas.  Por lo menos muchos de nosotros en su momento formulamos estas otras preguntas, y las respuestas estaban más cerca de lo que pasaba e iba a pasar que muchas otras encuestas muy costosas.

Por ello no resulta muy coherente afirmar simultáneamente  que la democracia en Bolivia se “consolida”  pero  que no hay  la confianza en las instituciones( es la democracia sin instituciones).  Peor aún, sorprenderse de que  esta “consolidación”  no se exprese en el avance de la “cultura cívica”, (es la democracia sin demócratas) . Parecería que el LB se  hubiera  contaminado con  la concepción “populista”    de que cuanto más se vota hay más democracia, sin importar mucho  si hay  independencia del poder judicial,   si se  garantiza  el ejercicio  de  los derechos fundamentales,  y si se producen   atropellos permanentes   al Estado de  derecho. ¿Es  que los países pobres sólo merecen una  “pobre” democracia”?.

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