Personal e intransferible
El Universo
Guayaquil, 18 de julio de 2011
Por Simon Pachano
“Repuesto a medias de su operación, el presidente Hugo Chávez afirmó que el socialismo que dice estar construyendo será eterno. Como todas sus expresiones, esta deja mucha tela para cortar. Lo primero que se puede poner en duda es la denominación de socialismo para lo que se está haciendo en Venezuela. Económica, social y políticamente puede ser cualquier cosa menos el sistema que, según el pensamiento de los siglos XIX y XX, debía sustituir al capitalismo. Por eso es que no se ha cerrado ni se cerrará en mucho tiempo el debate entre quienes sostienen que es simplemente uno más de los populismos latinoamericanos y quienes se empeñan en calificarle como un proceso revolucionario.
…Por medio de ese ejercicio de monólogo consigo mismo (y quién sabe si también en diálogo con Fidel) habrá llegado a dos dolorosas conclusiones. En primer lugar habrá comprobado –con mucha satisfacción por el sentido que logró dar a su vida– que todo lo que ha sucedido en Venezuela en diez largos años se debe únicamente a su presencia permanente y predominante. Todo por obra de él, nada sin la voluntad de él.
En segundo lugar, con más pánico que angustia habrá comprobado que esa misma presencia dominante es la mejor garantía para unir el destino de la revolución bolivariana a su propio destino personal. Sin un partido o una organización política estable ni cuadros de recambio, sin una estructura estatal que asegure la continuidad de las políticas ni una sociedad deliberante y organizada, el único elemento que aseguraría la continuidad sería el juramento expresado a gritos por un grupo de consternados seguidores uniformados con sus rojas camisas infantiles. Pero, como se sabe, a las palabras se las lleva el viento, y más si se han sembrado muchos de estos y llega el momento de la cosecha de tempestades.
La toma de conciencia del presidente Chávez tiene tintes dramáticos porque vino de la mano de su problema personal. Pero es obvio que, aun sin esa dura eventualidad, tarde o temprano la cruda realidad le iba a decir que hasta ahí no más llegaba su proyecto político. Por ello, no es necesario pensar en el peor de los escenarios –con enfermedades y operaciones de por medio– para saber que en cualquier momento se encontrarán en esa misma situación los otros presidentes latinoamericanos que gustan llamarse revolucionarios. Independientemente de sus características personales y de las particularidades de cada país, todos los experimentos políticos que ellos encabezan tienen como denominador común la ausencia de los elementos que se requieren para asegurar su permanencia. Aunque sus líderes sienten que encabezan cruzadas heroicas en las que participa entusiastamente el pueblo, la verdad es que reinan solos. Nadie más puede poner la firma de autor. Han inaugurado la era de las revoluciones personales e intransferibles”.


























