Sobre Dilma, Alfredo Nascimento y el papel de madre
Blog de Josías, Folha de Sao Paulo
4 de julio de 2011
Por Josías de Souza
Dilma Rousseff conversó con Alfredo Nascimento. Decidió mantenerlo en el sillón del ministerio de transportes.
Mandó decir que Nascimiento todavía cuenta con la confianza de la jefa. Va a coordinar la investigación de las denuncias de corrupción.
A la oposición se le hace la boca agua. Trama llevar al ministro al congreso. Llevará el caso al Ministerio Público y al TCU. Intentará que se forme una CPI.
Dilma se mueve en el pantanoso terreno de los Transportes guiándose por sus instintos y por los consejos de su gente. La presidenta tal vez debiese incluir a su madre, Dilma Jane Rousseff, en el rol de consejeros. Doña Dilma, como buena madre, ha de haber repasado con la pequeña Dilma lecciones básicas de higiene.
Cosas así: “el dinero es sució, ¿lo tocó? A lavarse las manos” o así “la baranda de la escalera está llena de microbios. ¡Mejor ni tocarla!”. Las niñas acostumbran a inspirar en las madres preocupaciones específicas. El asiento en el inodoro es el gran terror. “¿Baño público? Conviene evitarlo. Si fuera inevitable, fórrelo con papel higiénico. O, mejor todavía, equilíbrese encima del asiento”.
Al llegar a la Presidencia de la República, Dilma, la hija, se expuso a un riesgo que Dilma, la madre, no tomó en cuenta ni en sus delirios más antisépticos. Doña Dilma jamás imaginó que su hija sería sometida a la amenaza de contagio que viene junto al PR de Alfredo Nascimiento, Valdemar Costa Neto y compañia.
El sábado, Dilma expulsó a cuatro funcionarios del Ministerio de Transportes acusados de cobrar de los proveedores comisiones del 4%. Entre las cabezas llevadas en bandeja están dos auxiliares directos del gabinete de Alfredo Nascimiento.
Si hubiera podido anticipar el futuro, la madre de la presidenta le habría aconsejado: “Hijita, jamás confíe plenamente en un ministro del PR que no pueda oler lo que pasa bajo sus propias narices. Desconfíe, tome distancia, salga corriendo”.
Por suerte Doña Dilma, la madre, vive con Dilma, la hija, en la Alborada. Puede añadir a las viejas lecciones nuevas enseñanzas. ¿PR? ¡Ni forrando la tapa!
(Artículo publicado en el Blog de Josias,Folha de Sao Paulo, Brasil, traducido por Infolatam)


























