Cuba-Venezuela: el bálsamo de Fierabrás
Infolatam
Madrid, 30 de junio de 2011
Por Vicente Botín
Cucharada a cucharada, Fidel Castro y Hugo Chávez, ambos vestidos de rojo bolivariano, daban buena cuenta de sendos yogures, como si del bálsamo de fierabrás se tratara. Estaban en la habitación de un hospital de La Habana; el cubano, postrado en la cama; el venezolano, diligente, a su lado. Era el 13 de agosto de 2006, fecha del 80 cumpleaños del Líder Máximo, quien dieciséis días antes había sufrido un grave problema intestinal que casi acaba con su vida. Aquellas imágenes dieron la vuelta al mundo y sirvieron para poner fin a los rumores de que Fidel Castro había muerto. Chávez visitó reiteradas veces a Castro durante su enfermedad y su incontenible verborrea, trufada de metáforas imposibles, sirvió para entretener a todos los que se afanaban por desvelar el estado de salud del sátrapa cubano que él había declarado secreto de estado.
Casi cinco años después de aquella primera visita y cuando Fidel Castro está a punto de cumplir 85 años, Hugo Chávez se encuentra de nuevo en La Habana. Pero esta vez las circunstancias han cambiado. Si se repitiera la famosa escena del yogurt, sería Hugo Chávez quien estaría postrado en la cama con un solícito Fidel Castro a su lado, aunque no precisamente “más sano que una manzana” como dice don Quijote a Sancho a propósito de las virtudes curativas del bálsamo de fierabrás.
El estado de salud de Hugo Chávez, como ayer el de Fidel Castro, es un arcano que quizás podría desvelarse si el paciente se hubiera quedado en Caracas, pero no en La Habana. De Fidel Castro se supo lo que Fidel Castro quiso que se supiera, bien a través de sus “reflexiones” o por medio de “mensajeros”, como el doctor García Sabrido quien informó detalladamente acerca de la enfermedad y las intervenciones a las que fue sometido el Líder Máximo. De Hugo Chávez se sabe que fue operado de urgencia el 10 de junio en La Habana de un absceso pélvico, una acumulación de pus en la zona baja del abdomen. “Que el poder de mi Dios bendito me lo sane y me lo traiga rápido”, ha pedido Elena Frías, su madre.
La simbiosis entre Castro y Chávez, el grado de mimetismo entre el venezolano y el cubano ha llegado a tal extremo que casi parece una broma lo que les ha ocurrido a ambos. Cuando Fidel Castro enfermó, el gobierno cubano estaba volcado en la preparación de la XIV Cumbre de Países No Alineados, a la que iban a asistir medio centenar de jefes de estado y de gobierno. La asamblea estuvo a punto de suspenderse, pero finalmente se celebró, presidida por Raúl Castro. En Venezuela, la misteriosa enfermedad de Hugo Chávez ha coincidido también con los preparativos de la Cumbre para constituir la Comunidad de Estados Latinoamericanos (CELAC) en la que iban a participar los jefes de estado del subcontinente. Hugo Chávez no tiene, como Fidel Castro, un fiel escudero que le represente (y le herede) en ese tipo de eventos y ha optado por aplazar la reunión. Para no incrementar la alarma sobre el estado de salud del venezolano, Chávez y Castro aparecieron juntos, esta vez sin yogurt, hojeando el diario Granma, acaso tan fiero en su lucha contra el imperio como el paladín de Carlomagno, Oliveros, que derrotó al gigante Fierabrás en combate singular.
Mientras se deshoja la margarita sobre el futuro de Chávez, el Gobierno cubano cruza los dedos para que todo quede en un susto. Cuba tiene una enorme dependencia de Venezuela y la muerte o la inhabilitación del caudillo bolivariano podría provocar una catástrofe en la frágil economía de la isla. Ese fue el término que empleó Fidel Castro poco antes del referéndum para la reforma de la Constitución venezolana, en diciembre de 2007, que supuso la primera derrota en las urnas de Chávez.
El gobierno de Hugo Chávez es el principal sostén de la economía cubana, subsidiando el enorme déficit comercial de la isla con pagos sobrevalorados por servicios de salud, precios preferenciales en la venta de petróleo y contratos a empresas estatales cubanas para trabajos de infraestructuras en Venezuela. Según el economista cubano Carmelo Mesa Lago, profesor emérito de la Universidad de Pittsburg, en 2008 Venezuela exportó a Cuba 4.477 millones de dólares en mercancías mientras que las exportaciones de Cuba a ese país fueron solo de 415 millones, lo que generó un déficit en la balanza de pagos de 4.062 millones de dólares. Ese déficit representa el 38% del déficit total de Cuba que ese año acumuló 10.560 millones de dólares. Según Mesa Lago, en el año 2008 el subsidio total a Cuba fue de cerca de 10.000 millones de dólares: 5.600 millones en servicios para el pago de médicos, enfermeros y otros profesionales de la salud que trabajan en Venezuela; suministro de 97.000 barriles diarios de petróleo y derivados (el 65% de la demanda total cubana) a precios subsidiados (27 dólares por barril) por un valor de 2.400 millones de dólares; y otros 1.370 millones que Caracas otorgó a La Habana para financiar proyectos en sectores de la construcción o para infraestructura ferroviaria.
Sin la ayuda de Venezuela, Cuba se vería abocada a un nuevo periodo especial como el que siguió a la pérdida de las subvenciones soviéticas tras la desaparición de la URSS. Sería la puntilla para la supervivencia del régimen. Los planes de Raúl Castro de “actualizar” el modelo y garantizar la “irreversibilidad” del socialismo, pasarían a mejor vida. Ningún yogurt ni bálsamo de fierabrás podrían evitarlo.


























