Revolución sin política
El Universo
Quito, 23 de mayo de 2011
Por Simon Pachano
“Ante los resultados de la consulta el líder revolucionario y ciudadano podía mirar con detenimiento los cambios producidos, hacer un balance meditado y sacar las consecuencias para su gobierno y para el país. O podía, por el contrario, obviar todos los detalles, proclamar su triunfo en términos absolutos y seguir como que nada había cambiado. La primera opción habría demostrado una comprensión de la política como un juego de fuerzas variables en el que van configurándose nuevas situaciones que, a la vez, exigen redefinir las propias posiciones.
La segunda opción, en cambio, significaba responder con reacciones primarias, aquellas que solamente ven ganadores y perdedores sin la riqueza de los matices que siempre proporciona la realidad. Obviamente, él se fue por la segunda y con eso marcó una posición que de inmediato fue secundada por sus seguidores (aunque inicialmente algunos de ellos mostraron cierta sensibilidad para entender el mensaje de los votos).
… Aunque es innegable que, de acuerdo a las reglas electorales, triunfó la posición del líder, tampoco cabe duda de que ya no pudo repetir las holgadas victorias de las contiendas anteriores. La diferencia entre el Sí y el No es de apenas 7 puntos en promedio, a una enorme distancia de los 74 puntos que los separaron en la consulta del año 2007 y de los 40 puntos que hubo entre ellos en la consulta del 2008.
Tampoco guarda relación con los 24 puntos que le separaron a Rafael Correa de su seguidor inmediato en las presidenciales del 2009. Así mismo, por primera vez en la larga cadena de eventos electorales propulsados por la revolución ciudadana, el país volvió a dividirse regionalmente cuando la mitad de las provincias rechazó sus propuestas.
No es por ceguera que él no quiera ver esos cambios. La explicación se encuentra en el embargo de todo el proceso a la persona del caudillo y, derivada de ello, a la repetición interminable de sus triunfos. Aceptar uno solo de los indicios de descenso del apoyo equivaldría abrir un boquete bajo su propia línea de flotación. Pero, perversamente, eso significa cerrar las puertas a la política comprendida como la capacidad de entender y manejar las circunstancias. Cuando se juega al todo o nada y cuando toda la apuesta se concentra en una sola persona –y no en procesos ni en las acciones colectivas–, no queda espacio para la política. Desde el inicio de esta etapa ha habido exceso de caudillismo y déficit de política. Por ello, a la caracterización de la revolución ciudadana como una revolución sin ciudadanos habría que añadirle que es también una revolución sin política”.


























