Empieza el final de la luna de miel de Dilma

Infolatam
Sao paulo, 15 mayo 2011
Por Carlos Eduardo Lins da Silva

La luna de miel de Dilma Rousseff con la opinión publica brasileña parece estar llegando a su fin, casi cinco meses después del inicio de su gobierno. Mantiene una enorme popularidad, que ya no es sólo resultante de la herencia del prestigio recibido de Luiz Inácio Lula da Silva.

Por sus propios méritos, la presidenta ha conseguido captar la simpatía de varios sectores de la sociedad brasileña, en especial los de la clase media alta del sur y sudeste del país, en los que Lula nunca tuvo mucho éxito.

El estilo discreto, la dedicación incansable al trabajo, la seriedad con que Dilma Rousseff se dedica a los negocios de la nación justifican ese éxito.

Pero los problemas se empiezan a amontonar y todavía no es posible tener certeza de si ella conseguirá superarlos sin el carisma que posibilitó que Lula pasara incólume por los suyos propios.

Muchos de ellos derivan de la gran flexibilización económica que el gobierno anterior practicó entre 2008 y 2010, tanto por la necesidad imperiosa de acciones anticíclicas para lidiar con la crisis financiera global como por el deseo de apalancar la candidatura presidencial de Dilma Rousseff en el pasado año.

Lula se apartó de la ortodoxia económica que caracterizó su mandato y le endosó las cuenta por pagar (literalmente en muchos casos) a su sucesora, que no tiene como escaparse.

Los dispendios gubernamentales crecieron mucho en los últimos tres años y muchas promesas hechas por Lula no podrán ser cumplidas por Dilma, que se arqueará con la carga de la decepción de los que no fueron contemplados, además de tener que lidiar con deficits presupuestarios y una deuda pública en crecimiento alarmante.

Al mismo tiempo, la economía sobrecalentada por el crédito fácil y por las exenciones fiscales desencadenó temores de aceleración inflacionaria que ya son suficientemente concretos para asustar a una sociedad que vivió la tragedia de la hiperinflación por muchas generaciones y se libró de ella hace menos de 20 años. En abril, por primera vez en años, la inflación superó la meta máxima de 6,5%.

Todos sabían que el crecimiento del PIB de 2010 (7,5%) no se repetirá este año. Pero, si bien probablemente no va a ser despreciable en 2011 (en torno al 5%), las personas comienzan a percibir  que la altitud está bajando y, como ocurre con los aviones cuando bajan, puede haber turbulencias.

La debilidad del dólar en todo el mundo y el atractivo de tasas de interés elevadísimas (para intentar contener la inflación) mantiene el real sobrevalorado con efectos negativos para las exportaciones.

Para completarlo, el precio internacional de las commodities está en una baja que aparentemente puede ser a la larga, lo que también afecta perjudicialmente a la balanza comercial brasileña.

El gobierno de Dilma viene respondiendo a esos desafíos de acuerdo con la personalidad de su jefa: sin fuegos artificiales, gradualmente. Mucha gente encuentra que eso puede no ser suficiente y que si no se adoptan medidas más radicales, lo que ahora está lejos de ser una crisis puede llegar a serlo.

Nada de mucha gravedad debiera ocurrir hasta agosto, que en Brasil es llamado el “mes del cachorro loco” por que muchos eventos trágicos en su historia han ocurrido después de julio y antes de septiembre.

Junio es un mes en que la actividad política se paraliza debido a las fiestas populares y en julio hay vacaciones. Cuando los congresistas vuelvan al trabajo en agosto, después de haber oído la creciente insatisfacción en sus bases, es cuando finalmente las cosas podrían empezar a complicarse para Dilma.

Pero ya ahora hay indicios de que la luna de miel se va acabando. A pesar de la enorme mayoría de los partidos de la coalición alíada al gobierno, el congreso está entrampado en la votación del nuevo Código Forestal barsileño, con enormes brechas entre diputados y senadores que en principio deberían estar de acuerdo.

La tradicional “Marcha dos Prefeitos” a Brasilia, que ocurre todos los años en mayo y es cuando los líderes municipales piden recursos al gobierno central, acabó en una enorme frustración por lo poco que obtuvieron de Dilma en comparación con lo que recibían de Lula, una anticipación de lo que ocurrirá a lo largo de este año y del próximo.

La necesidad de cortar inversiones públicas para contener la inflación tal vez traiga perjuicios simbólicos importantes para el gobierno por que podría perjudicar las obras para la Copa del Mundo de Futbol de 2014 y para los Juegos Olímpicos de 2016, dos enormes fuentes de orgullo para el país.

Sin contar que también interrumpirá el proceso de corregir deficiencias crónicas de infraestructura, necesarias no sólo para evitar vergüenzas en la Copa y en la Olimpiada, sino también para que fluya la producción agrícola nacional y para garantizar el bienestar de la población y del gran contingente de personas que se viene agregando al mercado consumidor.

En suma, Dilma Rousseff precisará mostrar mucho servicio para poder superar todos esos obstáculos que se interponen en su camino. El año que viene, en octubre, habrá elecciones municipales, importantísimas para chequear sus posibilidades reales de reelegirse en 2014.

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