Cuba: Los hombres de mármol

Infolatam
Madrid, 1 mayo 2011
Por Vicente Botín

(Especial para Infolatam).-

En la “nueva” Cuba de Raúl Castro, los hombres de mármol están llamados a desaparecer. El Reglamento de la Emulación Socialista será muy pronto una entelequia y los obreros de “vanguardia” tendrán que demostrar su productividad y no “su nivel de compromiso” con la revolución. Ni siquiera les quedará el consuelo de que les erijan una estatua de mármol como a Mateusz Birkut, el albañil estajanovista que llevó a la pantalla Andrzej Wajda.

Pero las cosas no han cambiado del todo. En esta época bisagra se mantiene todavía el lenguaje de los “viejos” tiempos. La CTC, la Central de Trabajadores de Cuba, hizo un llamamiento a los “merolicos”, los trabajadores recientemente autorizados para trabajar por cuenta propia, para que participaran en los desfiles del primero de mayo para “ratificar la disposición de defender la revolución y el socialismo”. Esa “disposición” puntuará favorablemente en el proceso de selección que va a abrir la CTC para que los trabajadores no estatales puedan afiliarse, por primera vez en medio siglo, al único sindicato autorizado en la isla.

La Central de Trabajadores de Cuba, “lo mejor de la clase obrera cubana, no cualquier clase, sino la que está en el poder”, como la definió Fidel Castro, es una organización, una más de las que hay en la isla, al servicio del gobierno. Su secretario general, Salvador Valdés Mesa, es miembro del Consejo de Estado, el órgano de poder más importante de Cuba, y del Buró Político del Partido Comunista. La CTC la integran 19 sindicatos que agrupan al 96 por ciento de los trabajadores estatales. La afiliación es obligatoria.

De la misma manera que el Gobierno cubano ratificó, en febrero de 2008, los Pactos internacionales de Derechos Civiles y Políticos y los de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, incluidos en la Declaración de Derechos Humanos, también es firmante de los Convenios 87 y 98 de la OIT, la Organización Internacional del Trabajo, que garantizan la libertad sindical y el derecho de los trabajadores a negociar sus condiciones laborales a través de sus legítimos representantes. Pero derechos humanos y derechos sindicales son lo mismo para los hermanos Castro. Puro humo.

A los miembros de la Confederación Obrera Nacional Independiente (CONIC), un sindicato ilegal integrado por 22 agrupaciones independientes, el gobierno no les ha pedido, como a los “merolicos”, que participen el primero de mayo en “la batalla por la actualización del modelo económico”. Las reclamaciones de esos otros sindicalistas para que se respeten derechos fundamentales de los trabajadores como la libre sindicación, el derecho de huelga y de cualquier forma de manifestación pacífica, la negociación colectiva y el fin de los despidos laborales por razones políticas, les ha llevado inexorablemente a la cárcel, condenados por “actos contra la independencia y la integridad territorial del Estado”, incluidos en la llamada Ley Mordaza.

El primero de mayo decenas de miles de trabajadores estatales desfilaron de manera “volungatoria”, como se dice en Cuba. Previamente les pasaron lista por si a alguien se le olvidaba, como recordó el diario Granma a propósito del último congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, que es importante hacer “cuantos esfuerzos y sacrificios sean necesarios para fortalecer la capacidad defensiva del país, conscientes de que más vale morir que perder soberanía, regresar al pasado y vivir como esclavos bajo el dominio imperialista”.

Los trabajadores no estatales, los “merolicos”, desfilaron por primera vez, sin necesidad de tener que someterse al trámite de pasar lista. La defensa de sus frágiles licencias para poder trabajar por cuenta propia estaba en juego. No era cuestión de arriesgarse. Si París bien vale una misa, la defensa de sus permisos bien merecía participar en una mascarada.

Desde hace medio siglo se repite en la isla la parodia del primero de mayo. Se desempolvan las viejas consignas, se celebran los “logros” de la revolución y se promete resolver los problemas pendientes. Así que pasen mil años.

Un comentario a “Cuba: Los hombres de mármol”

  1. Omar Sanchez dijo:

    Su escrito esta muy bueno y se ajusta a la verdad de lo que pasa en Cuba en lo que si no comparto la idea es a lo que ud, dice de forma obligatoria no es así en loa anos que viví en Cuba nunca pudieron hacerme ir a una manifestación y ni siquiera pertenecer al comité pero créame eso es un problema de testosterona de lo que hoy padecemos muchos Cubanos

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