Oposición ve éxitos de Dilma y pierde el norte


Por Josías de Souza

Tres meses de Dilma Rousseff han sido suficientes para que Fernando Henrique Cardoso cambiase el concepto que tenía de ella.

Presidente de honor del PSDB y el principal ideólogo de la oposición, FHC colgara de Dilma, durante la campaña de 2010, la etiqueta de “muñeca de ventrilocuo”. Insinuaba que electa, quien repartiría las cartas sería Lula, no ella. Hoy, en diálogos privados, FHC reconoce que Dilma lo “sorprendió”. Positivamente.

La evaluación de FHC se expande por toda la oposición. Se estiende por el PSDB y también por el DEM, su socio en la oposición.

Se convirtió en un consenso entre los opositores  la percepción de que, a menos que haya contratiempos, no será fácil oponerse a Dilma.

Se estima que la presidenta se reveló dueña de su propia personalidad. Se distancia de Lula en los puntos que alimentaron el fuego de la oposición.

Ha sustituido el histrionismo por la parsimonia verbal. Cambió  la ideología por el pragmatismo. Se distanció de Irán Se volvió a acercar a los EE.UU.. Anuncia cortes de presupuesto.

Por si fuera poco, ha demostrado ser capaz de gestos como una invitación a FHC para el almuerzo ofrecido al visitante Barack Obama. Un gesto que entonado por la ausencia de Lula, obligó a Cardoso a derramar elogios sobre los micrófonos.

Aparte de la ausencia de discurso, la oposición debate con ella misma. PSDB y DEM son hoy en día, los principales opositores del PSDB y del DEM.

El PSDB, el club de amigos hecho 100% de enemigos, se revuelve en sus divisiones. Divisiones internas y eternas. En el centro de todas las grietas está José Serra, el candidato que la exmuñeca abatió con la ayuda del exventrílocuo.

Serra mide fuerzas con Aécio Neves por el 2014. Lucha con Sergio Guerra por la presidencia del partido. Disputas con Geraldo Alckmin la hegemonía en Sao Paulo.

El DEM, una vez engullido por la “onda Lula”,  lucha para que  la liposucción en el Congreso no se convierta en un raquitismo patológicos.

Los “demos” que no se han unido al proyecto de nuevo partido del alcalde Gilberto Kassab, se dividen en dos grupos.

Un ala mira al futuro con gran duda. La otra ya no tiene ninguna duda: el futuro es la fusión con el PSDB, una especie de espera inexorable en busca  del mejor momento.

Así dividido, desgarrado y sin norte, la oposición considera que los éxitos de Dilma son una barrera adicional para poner un pie en el discurso alternativo.

Van a buscar municiones en los detalles. El DEM hizo un inventario de las promesas de campaña de Dilma. Cree que no hay manera de cumplirlas. Y esboza la cobranza.

El PSDB hará del recrudecimiento de la inflación su principal caballo de batalla…Va a atacar la inificiencia del Estado “amañado” y resaltar el legado tóxico dejado por un Lula que tenía en su principal gestor a Dilma.

A su manera, Aécio Neves, el gran duque del tucanato de Minas, esgrimió esos tópicos en el discurso inaugural que pronunció en el Senado.

“Vemos, infelizmente, renacer, de la farra del gasto descontrolado de los últimos años, en especial del año electoral, la crónica y grave dolencia de la inflación”, dice Aécio.

…Al reconocer los méritos de Lula, Aécio realzó dos: la manutención de los pilares económicos erigidos en los mandatos de Itamar y FHC y el  cambio social.

El problema es que el ciudadno tiende a  asociar los benefícios resultantes de la combinación al mandatário de turno, no a los gestores del pasado.

Esto significa que si se puede superar el aumento de la inflación y mantener en la cocina en orden, Dilma va a la antesala del 2014 bien situada.

Se acabó la época en que los votantes creían en los milagros y los salvadores. No hay un “antes” y “después”. Sólo es el “proceso”, una querida palabra del PSDB.

Escolarizado, el dueño del poder de voto se agarra a la fuerza de las continuidades. Mira el cambio con escepticismo. Una vez más: se vive una crisis del “de repente”.

Sin vocación para hacer una oposición al estilo del ex-PT, PSDB y DEM, fueron condenados a una emboscada. En silencio rezan por un tsunami que destruya la posibilidad del longevo poder que Dilma  llegó a representar.

Incluso la gente exige moderación. Un gradas ruidosa puede sonar poco patriótico.

Blog de Josías de Souza.-

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