Bolivia: Política marítima, ¿otro viraje sin destino ?


Por Jorge Lazarte

Como en alguna otra ocasión muy próxima, el gobierno sorprendió a muchos y quizá se sorprendió él mismo, cuando anunció el 23 de marzo un cambio radical de estrategia marítima con Chile no fácilmente comprensible ni siquiera tomando en cuenta una necesidad de coyuntura. ¿Cómo explicar que tres días antes se hubiera afirmado que las relaciones con ese país eran “muy buenas” y que había un nivel “histórico” de “confianza”, y luego días más tarde afirmar con la misma convicción que se había “caído en la trampa” de “perder el tiempo” durante cinco años? Más allí de que esta declaración no hace honor al gobierno, una vez más se evidenció que en política internacional una era la política del Palacio y otra la de la cancillería, y que el problema de fondo en este ámbito fue que se había se había llegado a un punto muerto, que entrampó a las partes.

Mientras duró el proceso de aproximaciones mutuas la cuestión de la soberanía había permanecido en las penumbras. Sin embargo, con el nuevo gobierno de Piñera en Chile empezó a adquirir un papel relevante y cada vez más se insistió en que cualquiera que fuese la propuesta chilena no incluiría la soberanía marítima, y que ese era su límite infranqueable. Por el lado de Bolivia, desde dentro, se empezó a recordarle al gobierno que de lo que se trataba era de un acceso marítimo con soberanía tal como manda la nueva Constitución Política. Es decir, de un lado era muy poco lo que se podía hacer para lo mucho que espetaba la otra parte. La enorme brecha produjo el punto muerto que paralizó a ambas partes.

Con todo, no era una fatalidad que un trabajoso proceso de aproximaciones recíprocas terminará en un impasse. En este resultado que no buscaron cada cual tuvo su parte. El gobierno de Chile no entendió la impaciencia del gobierno de Bolivia hecha pública por lo menos un mes antes del viraje, por lo que consideraba magros resultados, y que esperaba una propuesta escrita antes del 23, en un momento ciertamente complicado por los problemas del país que lo acosaban. Chile respondió con cierta arrogancia, y en lugar de calmar el juego prefirió decir que tenía su propia agenda, potenciando la irritación. La propuesta esperada no llegó nunca, y dejó pasar una oportunidad histórica para rematar tangiblemente todo el proceso que consideró siempre auspicioso. Esa fue su responsabilidad

El gobierno boliviano a su vez también tuvo su parte en el desenlace al haberse atado las manos con la Constitución que hizo aprobar y que no da margen para una estrategia “progresiva” , como la impulsada por el canciller, tal como lo declaró el 22 de marzo, un día antes del viraje.

Salir del punto muerto recurriendo a los tribunales internacionales no sólo es contradictorio con lo que tres días antes se había desestimado afirmando “ no creo en eso”, sino que además desportilla las relaciones de confianza que se habían tejido trabajosamente entre las partes, y por las cuales el gobierno del Bolivia se había empeñado a fondo, tanto que es lo mejor que hizo en las relaciones internacionales.

Derivar la demanda marítima hacia terceros internacionales es apostar por un resultado incierto con argumentos jurídicos muy endebles, tal como se infiere de la lectura de los tratados que se dijo servirían de apoyo jurídico. El “pacto de Bogotá” de 1948, ratificado apresuradamente y a última hora por la Asamblea Legislativa, excluye de su marco a los tratados ya existentes entre partes. La Convención de Viena de 1969 no tiene efecto retroactivo. El mismo Tratado con Chile de 1904 sólo admite errores de demarcación susceptibles de ser apelados.

¿ El brusco cambio de estrategia fue un salto al vacío ?. El mismo Presidente de Venezuela, usualmente muy locuaz cuando se trata de apoyar sus aliados, esta vez fue muy parco y enigmático al decir en su reciente visita a Bolivia, que “Evo es sabio, y sabe lo que hace”, que es una forma de expresar dudas, o mejor de decir que era mejor la vía “diplomática”.

En realidad la decisión tomada está más cerca de la improvisación que una estrategia debidamente madurada, lo que puede explicar que el prometido decreto de formación del prometido consejo marítimo haya sido diferido. Los apoyos logrados no muy fervorosos eran los previsibles. En otros casos hubo cálculos . Esta nueva estrategia “del todo o nada” es la que había rechazado el canciller el día anterior al 23 de marzo . Se impuso la nueva estrategia del Palacio contra la del canciller, más realista pero solitaria, con el inconveniente de no ser compatible con el texto constitucional. El resultado del entuerto, es la “nada”, como temía el canciller.

Y ¿qué hacer ahora?. La situación engendrada puede ser una oportunidad para convertir la demanda marítima de puro juego de gobiernos en política de Estado. La promesa de organizar una instancia especial para la cuestión marítima puede ser el escenario plural para definir los mejores medios para alcanzar un objetico compartido. Pero también puede ser una oportunidad para que las promesas de consulta nacional no sean para apoyar decisiones ya tomadas, sino insumos para pesar en decisiones futuras.

El Consejo anunciado debería dejar en suspenso en los hechos la nueva estrategia sin destino. y examinar las alternativas existentes y proponer las mejores vías para alcanzar un objetico compartido. Debe recuperarse lo recuperable de lo ya avanzado y no creer que lo que puede funcionar en Bolivia puede también funcionar en las relaciones externas. Y no tomar decisiones que comprometen al país desde las emociones , ni imaginar estrategias como si se tratara de juego de infantes. La política no es un juego de dados.

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