América Latina: atrapada en el estrecho entre Escila-Libia y Caribdes-Japón

Infolatam
Washington, 16 de marzo de 2010
Por Paul Isbell

(Especial para INFOLATAM).- El precio del Brent estaba ya cerca de los $ 100/barril cuando las “Revoluciones Jazmín” de Túnez y Egipto florecieron a principios del 2011. Cuando el precio se disparó un 20 por ciento en sólo dos meses, parecía razonable preguntarse si los disturbios en el mundo árabe podrían provocar un alza en los precios del petróleo, con consecuencias negativas para la economía mundial.

Hace una semana uno podría tener rápidamente respuesta a la pregunta con relación a América Latina: un aumento importante de los precios ayudaría a los grandes de la región, empujando a los exportadores de petroleo, como Venezuela y México, (al menos en el corto plazo), reforzando sus NOCs endeudados y reflotando las finanzas nacionales. Sin embargo, una subida de precios verdaderamente significativa y sostenida destruiría la demanda, frenaría la incipiente recuperación mundial  y provocaría una disminución a largo plazo  del petróleo.
Sólo una verdadera reforma política energética sería capaz de traducir los precios más altos en más estabilidad y prosperidad a largo plazo en estos países productores tan torpes.
América Central y el Caribe serían los más vulnerables a una subida de los precios, sostenida o no, habida cuenta de la dependencia casi total de la subregión del petróleo importado.
Tal vez Petrocaribe podría aliviar el dolor, pero en un entorno cada vez más inestable económica y políticamente, nadie va a apostar a que Venezuela se convierta o siga siendo su caballero blanco. Mientras tanto, los exportadores netos (como Colombia y Ecuador) tendrían algo que ganar en el corto plazo y los importadores netos (como Chile) sufrirían, al menos en términos relativos.

Brasil podría tener más que ganar, con precios más altos dando fuerza tanto a sus biocombustibles como a  las ofertas subsal, y con una inestabilidad ofreciendo una situación diplomática cada vez más interesante en la que Brasil podría funcionar. Pero en última instancia, América Latina -mejor ahora que nunca- seguiría siendo vulnerable si la subida de los precios del petróleo detiene el crecimiento económico chino.

Pero el mundo es un lugar muy diferente de lo que era hace una semana. Japón se enfrenta a una triple calamidad  y los mercados del mundo han respondido con una rápida retirada. Los precios del petróleo están cayendo de nuevo, no sólo por el aumento en la producción de Arabia Saudita y la sensación de que Gadafi pronto se las arreglará para reactivar la producción de Libia, sino más seriamente por la penumbra proyectada sobre toda la economía mundial por el desastre en Japón.


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