Avances en la eficacia, la calidad y la transparencia de la Cooperación de Brasil
Por Bruno Ayllon
Foro AOD. .- La cooperación brasileña avanza decididamente en el desafío de acompasar su creciente presencia solidaria en el mundo con las exigencias de lograr mayores grados de eficacia, coordinación, transparencia y rendición de cuentas, como se plantea en la actual agenda internacional de eficacia de la ayuda.
Después del significativo crecimiento cuantitativo (favorecido por la bonanza económica, el activismo de la diplomacia presidencial de Lula y la diversificación de intereses brasileños en África y América Latina), los esfuerzos se concentran ahora en la mejora cualitativa de la cooperación brindada por cerca de 120 instituciones federales y algunas pocas del sector privado (algo ya señalado en este Foro).
Entre otras medidas generadoras de mayores resultados de desarrollo, la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC) está dando prioridad a la puesta en marcha de “acciones estructurantes”, es decir,proyectos creadores de capacidades nacionales con impacto social y económico sobre los beneficiarios que aseguren más apropiación y sostenibilidad. Este tipo de proyectos están desarrollándose prioritariamente en África, como muestra el catálogo de la cooperación técnica ofrecida por Brasil en este continente.
En la línea de generar informaciones más transparentes que propicien la coordinación inter-agencias y de visibilizar su esfuerzo solidario, un grupo de instituciones de la administración federal (Instituto de Pesquisa Económica Aplicada, ABC y la Casa Civil de la Presidencia de la República) han diseñado y puesto en marcha un sistema de contabilización cuantitativa de los recursos destinados por organismos públicos a acciones de cooperación para el desarrollo internacional (COOP-BRADI por sus siglas en portugués), que abarca el periodo 2005 – 2009. Los primeros resultados indican que en este quinquenio se habría dedicado unos 1.600 millones de dólares en diferentes modalidades cooperativas (ayuda humanitaria, becas, cooperación técnica, científica y tecnológica, contribuciones a organizaciones multilaterales y operaciones de paz).
El concepto utilizado (de carácter instrumental y no político o estratégico) para definir estos recursos comprende “la totalidad de recursos invertidos por el gobierno federal brasileño, totalmente o a fondo perdido, en el gobierno de otros países, en nacionales de otros países en territorio brasileño, o en organizaciones internacionales con el propósito de contribuir al desarrollo internacional entendido como el fortalecimiento de las capacidades de organizaciones internacionales, de grupos o poblaciones de otros países para la mejora de sus condiciones socio-económicas”.
Más allá del debate sobre el concepto, las modalidades incluidas y excluidas o el método adoptado para la cuantificación de determinadas categorías (temas que no son menores y que deberían discutirse con mayor detalle, amplitud y participación), lo relevante es el esfuerzo realizado por el gobierno brasileño y la generación de una interesante dinámica que tendrá, sin dudas, efectos benéficos sobre la práctica cotidiana y la imagen exterior de la cooperación de Brasil. También puede tener efectos positivos y miméticos en otros países que realizan Cooperación Sur – Sur.
Con todo, quedan tareas pendientes que el gobierno de Dilma Rousseff debería estar dispuesto a asumir. Entre otras señalamos la profesionalización y subsanación de carencias organizativas en la ABC (pensando en la modificación de su estatuto), la inclusión de otros actores nacionales, la participación de la sociedad civil en la definición de prioridades geográficas y sectoriales, la reducción de la dispersión, fragmentación y descoordinación que se detecta en una actuación basada en proyectos, la planificación estratégica, la previsibilidad presupuestaria y la sostenibilidad de las acciones, el establecimiento de sistemas de evaluación de impactos, la rendición de cuentas ante la opinión pública y el Congreso Nacional, la fijación de recursos presupuestarios dedicados a cooperación en las instituciones federales y en la propia ABC (al menos con carácter anual) y la ejecución de reformas legales que permitan agilizar y ampliar la acción de la cooperación brasileña.
Por último destacar que se está generando una incipiente red académica y de instituciones de la sociedad civil, tanto en Brasil como en otros países (ver el informe del Overseas Development Institute), que siguen con atención los pasos iniciados en esta senda de pensar el modelo de cooperación que debe y puede construir un país con unas características tan peculiares.
La contribución académica es importante, y así lo ha entendido la administración federal que, a través del IPEA, ha convocado a un grupo de expertos para desarrollar investigaciones, durante el año 2011, y aportar directrices de políticas y de gestión para el fortalecimiento de las asociaciones con países del eje Sur – Sur.


























