Argentina y el Club de Paris

Infolatam
Madrid, 14 de febrero de 2010
Por Claudio Loser

El Gobierno Argentino nuevamente renegocia su deuda con el Club de Paris… y una vez más desestima a inversores privados

En las últimas semanas el Gobierno Argentino ha indicado su intención de acelerar las negociaciones con el Club de Paris. Informaciones de prensa indican que Argentina pagaría 7.000 millones de dólares en atrasos, mas 2.000 millones por intereses devengados. Estos montos no han sido confirmados por las autoridades, quienes se reunirán a fines de febrero a fin de continuar las negociaciones. Ello puede parecer una buena noticia, excepto que Argentina ha anunciado repetidamente la intención de negociar, incluso en 2008 y nuevamente en 2009, y aun no hay progresos concretos en esta ronda.

Argentina ha tenido un comportamiento inadmisible respecto de su deuda externa, considerando su importancia económica y las prácticas aceptadas en los mercados financieros mundiales. El país no tiene acceso al crédito internacional, y ha desafiado las acciones judiciales impuestas por tribunales extranjeros idóneos y resultados arbitrales aceptados por el propio gobierno. Por otra parte ha embargado fondos de pensión privados, y ha quebrado acuerdos con sus socios comerciales al imponer fuertes restricciones discriminatorias a sus importaciones, con la posible excepción de Brasil.

Estas acciones van en contra del espíritu de cooperación del G-20 grupo al que Argentina pertenece, y el cumplimiento de obligaciones internacionales como miembro del FMI y otros organismos. Respecto del FMI, desde 2006 Argentina se ha negado a realizar la consulta del Artículo IV, un análisis económico que realizan todos los países miembros y que es considerado esencial como parte de una regularización de relaciones de Argentina con el resto del mundo.

Respecto de las restricciones a las importaciones, estas chocan con los principios del Sistema Generalizado de Preferencias, (GSP por sus siglas en Ingles) otorgadas a las exportaciones de países en desarrollo. Argentina está lejos de ser el único país que ha impuesto restricciones arbitrarias al comercio. Sin embargo, Argentina ha recibido un trato preferencial. Por ejemplo, en el periodo 2005-09, EEUU otorgó exenciones arancelarias de 140 millones de dólares, el monto más alto per-cápita en toda America Latina, dentro del sistema de GSP.

Argentina se ha recuperado de la fuerte crisis de 2001-02 y está en un proceso de fuerte expansión aunque de escasa calidad. De acuerdo a ciertos parámetros el país tiene el ingreso per-cápita más alto de la región, fuertes ingresos fiscales, aunque malgastados, y reservas internacionales que superan los 54.000 millones de dólares. Sin embargo, aun luego de dos reestructuraciones unilaterales, la ultima en 2010, Argentina se mantiene en atrasos a acreedores privados por aproximadamente 16.000 millones de dólares, incluyendo intereses, más su deuda con el Club de Paris.

Las razones recaudatorias fiscales del Club de Paris para lograr que Argentina pague son claras. Pero es lamentable que los acreedores oficiales estén dispuestos a negociar sin tener en cuenta la existencia de importantes deudas impagas privadas, con efectos negativos tanto al fisco como a los ciudadanos de esos países. Los gobiernos tendrían que aprovechar esta ocasión para presionar a Argentina a negociar una solución integral de la deuda. Por cierto que hay planes de acción en diferentes países, y el hecho que el Presidente Obama no visite a la Argentina en su próxima gira Latinoamericana, puede señalar la preocupación de los EEUU sobre este y otros temas. En los EEUU hay peticiones legales por empresas e individuos perjudicados por las acciones del gobierno Argentino para penalizar a Argentina en términos de acceso a los mercados y a beneficios dentro del GSP, pero aun sin resultados

Algunos pueden ver estas acciones como un castigo a la Argentina, pero en realidad acelerarían el retorno del país a una situación financiera de normalidad. Se podría beneficiar un grupo importante de acreedores. Pero el beneficio mayor sería para la Argentina, que podría nuevamente atraer fondos del exterior y así acelerar la inversión productiva y crecer en línea con su gran potencial.

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