La democracia no está garantizada

Infolatam
Miami, 29 enero 2011
Por Marifeli Pérez-Stable

(Especial para Infolatam).-

Incluso antes de la Gran Recesión, la democracia en todo el mundo sufrió varios reveses. En 2007, Freedom House registró un descenso neto en su clasificación de países libres, parcialmente libres y no libres. Desde entonces, el descenso ha continuado, haciendo de los últimos cuatro años el periodo más largo de declive en cuarenta años.

En las Américas, Nicaragua, Guatemala, Honduras y Venezuela experimentaron el deterioro más serio. Otros cinco países estaban clasificados como parcialmente libres y Cuba como el único no libre. Sin embargo, la mayoría de los países son libres y tienen un régimen democrático.

El índice de Freedom House proporciona el telón de fondo para la Cultura Política de la Democracia, 2010, un estudio basado en las entrevistas a alrededor de 44.000 personas en 26 países. Desde 2004, el Proyecto de la Opinión Pública de América Latina (Latin American Public Opinion Project, LAPOP) – gestado en la Vanderbilt University – ha emitido informes sobre los ciudadanos de la región. (www.AmericasBarometer.org) El más reciente es especialmente útil. A pesar de los duros tiempos en el sector de la economía, América Latina no dio marcha atrás a la democracia. Mitchell Seligson y su equipo de investigación ofrecen una interesante explicación. En muchos países, los gobiernos abordaron la crisis con habilidad. Parece que las políticas económicas ya habían establecido buenos fundamentos macroeconómicos y mantuvieron la inflación baja lo que, sin duda, ayudó. La mayor parte de las clases políticas han aprendido sus lecciones económicas.

Aunque dos de cada cinco encuestados culpa a la actual administración o sus predecesores de la crisis, solo uno de cada 20 la atribuyó a la democracia. Alrededor del 13 por ciento culpó al sistema económico y un porcentaje similar de ciudadanos asume la responsabilidad de esa crisis. Menos del 8 por ciento echa la culpa a los países ricos. La Habana, Caracas y otras capitales similares toman nota.

Habida cuenta del pasado no tan lejano de América Latina, muchos ciudadanos no pensaron que la última crisis fuera la peor. A finales de los 90, por ejemplo, los duros tiempos cobraron un peaje a la actitud del público hacia la democracia. Sin embargo, una vez que se retomó el crecimiento en 2003, muchos países hicieron avances contra la pobreza y se ampliaron las clases medias. Los resultados del estudio de LAPOP 2010 reflejan una creciente madurez que debería ser un buen augurio a la región.

Al mismo tiempo, las elites políticas y económicas no deben dormirse en los laureles. Todavía hay mucho que hacer para consolidar la democracia en América Latina. Aunque es inimaginable un retorno generalizado de las dictaduras, la arquitectura institucional que sustenta las sociedades abiertas y democráticas no está garantizada. Nos vienen a la mente los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua además de Argentina que todavía tiene que enterrar a medio peronismo, al igual que México que tiene lo peor del viejo partido Revolucionario Institucional.

LAPOP siempre hace a los encuestados cinco preguntas para medir el apoyo al sistema en una escala del 1 al 100:

-          ¿Los tribunales garantizan un juicio justo?

-          ¿Tiene usted respeto por las instituciones políticas de su país?

-          ¿Están protegidos los derechos de los ciudadanos?

-          ¿Está orgulloso de vivir bajo el sistema político de su país?

-          ¿Deberían los ciudadanos aguantar el sistema político?

Comparando las respuestas de 2008 y 2010, los años de crisis, se apreciaron resultados inesperados. En Honduras, el apoyo aumentó significativamente del 46,4 al 60,4. Antes del golpe, la mayoría tenía una mala opinión sobre el sistema. Después de las elecciones de noviembre de 2009, el apoyo se disparó. Los ecuatorianos y nicaragüenses dieron una puntuación significativamente más alta al sistema político mientas que los venezolanos consideraron el suyo más o menos igual (por debajo de 50).

La opinión pública aplaudió la elección de los partidos opositores. En Uruguay, Panamá, Paraguay y El Salvador, los ciudadanos expresaron un apoyo notablemente más alto. Uruguay tiene la puntuación más alta de la clasificación. En 2010, los paraguayos dieron a su sistema político una puntuación por debajo de 50, pero bastante superior a la de menos de 30 otorgada en 2008. Los panameños eligieron un Gobierno de centro-derecha. Los salvadoreños optaron por Mauricio Funes, de centro-izquierda, el cambio más notable de todos, teniendo en cuenta la historia sangrienta del país.

Como Cuba, Haití es un caso aparte por diferentes razones. Los haitianos ni confían en su sistema judicial ni respetan a sus instituciones ni creen que sus derechos fundamentales estén protegidos ni están orgullosos de su sistema político. Sin embargo, los haitianos figuran en el puesto más alto en activismo, a través de protestas políticas y la participación en grupos religiosos y comunitarios, o asociaciones de padres, de profesionales y de mujeres.

Los haitianos – los más pobres de América – son los mejores ciudadanos.

El equipo de Vanderbilt no incluye a Cuba. LAPOP, en definitiva, estudia la opinión pública en los sistemas democráticos. Todavía sospecho que, incluso después de la transición, los cubanos podrían figurar en los últimos puestos. La reconstrucción de su espíritu será más difícil que el establecimiento de instituciones democráticas.

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