Un protectorado para Haití
Revista Atenea
Madrid, 20 de enero de 2011
Por Rogelio Núñez
Haití es el principal problema de gobernabilidad que afecta en estos momentos a la región porque, a diferencia de México, se ha convertido en un estado fallido en pleno Caribe, lugar geoestratégicamente vital para las rutas y los cárteles del narcotráfico.
Además de la tragedia humana que se está viviendo desde el terremoto de enero de 2010, en su suelo se está propagando una enfermedad mortal muy peligrosa (el cólera), se encuentra el borde del estallido social (los ataques a la misión de la ONU lo demuestran) y, finalmente, el riesgo de colapso total del anémico estado haitiano no debe descartarse. Algo que, de producirse, provocaría una avalancha migratoria (lógica en un país donde el 80% de la población es pobre) lo cual terminaría irremediablemente afectando a la República Dominicana, algo que en realidad ya está ocurriendo a menor escala, aún.
El despliegue de la MINUSTAH fue en su momento un paso trascendental pero evidentemente no ha alcanzado todos los objetivos deseados y tiene que dar un salto cualitativo para resultar eficaz.
Como aseguraba un editorial del diario chileno El Mercurio, la Minustah ha dado aspirinas para curar un cáncer: “hasta ahora, nos hemos preocupado de reducir la fiebre y no de atacar su causa. Están pendientes, entre otros, el necesario consenso sobre la primacía del estado de derecho, un sistema electoral apropiado, reformar el sistema judicial y carcelario, la compleja formación de la policía, la ausencia de generación permanente de trabajo, educación, salud, etc.”.
Hay que ser conscientes de la situación y asumir que la reconstrucción será un camino largo, difícil y que, sin ayuda internacional e implicación exterior, Haití acabará siendo la Somalia o el Afganistán del Caribe.
Con el Estado derrumbado, sin autoridades legítimas (René Preval acaba su mandato el 7 de febrero) y con un proceso electoral cuestionado (se cometió fraude en las elecciones de noviembre y la segunda vuelta de enero fue aplazada), solo se perfila una salida en el horizonte: una especie de protectorado de la ONU (o una fórmula similar) para llevar a cabo las reformas y la reconstrucción necesaria…
Más si cabe cuando sobre el país sobrevuelan dos de los mayores responsables de que Haití sea lo que es hoy: el exdictador Jean Claude Duvalier (corrupto y venal, presidente a los 19 años elegido por su padre Francois Duvalier) y el expresidente Jean Bertrand Aristide (un populista sin visión de estado e incapaz de aportar gobernabilidad al país).
No hay otra salida pues el Estado haitiano es frágil y no tiene capacidad para gestionar la ayuda que recibe. Miles de ONG desarrollan su trabajo pero no se coordinan y las fuerzas internacionales están limitadas y ahora poco legitimadas, como se ha visto en los recientes ataques que la población ha lanzado contra ellos.
La intervención de la ONU en Haití con la implicación activa de EEUU y un protagonismo destacado de los países latinoamericanos serviría para relanzar el alicaído papel de la ONU y dar a la región un mayor protagonismo internacional.
Implicaría como ha apuntado Andrés Oppenheimmer diseñar una nueva figura, pues, Naciones Unidas no puede crear un protectorado en un país soberano e independiente. La fórmula, sin embargo, no distaría demasiado de lo que ya existe en Haití con la presencia de la Minustah y los gobiernos de los países amigos.
Como Paulo Collier y el propio Oppenheimmer recordaban hace unos meses “los actores clave en la ayuda internacional a Haití –Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Naciones Unidas, Brasil y el propio gobierno haitiano- deben embarcarse en una acción coordinada y simultánea para la reconstrucción del país. Haití necesita una solución supranacional”.
…Ya lo dijo en mayo de 2010 el escritor Carlos Fuentes, y ahora se antoja más urgente que nunca: “para poder restaurar Haití es necesario que las Naciones Unidas se auxilie de la comunidad internacional para crear un protectorado que gobierne ese país, porque de lo contrario, los esfuerzos serían en vano. Es que en Haití existe una elite corrupta que no permitirá el avance de ese país (…) la restauración sólo será posible de esa manera (un protectorado) que asuma la dirección y control de lo que hay que hacer para ayudar a esa nación”.


























