Rebelión en Bolivia
Washington Post
Washington, 12 de enero de 2011
Por Álvaro Vargas LLosa
“…Lo que ha ocurrido en Bolivia encierra dos lecciones para el resto de América Latina. En primer lugar, el modelo populista es insostenible. Segundo: la lógica del populismo autoritario apunta a una radicalización cada vez mayor precisamente porque es insostenible.
Morales nacionalizó la industria del petróleo y el gas en mayo de 2006… Gracias a los altos precios de exportación de los recursos naturales, los ingresos de Bolivia aumentaron 200 por ciento en siete años (tomó a Estados Unidos cuatro décadas lograr lo mismo). Numerosos programas sociales que llevan nombres de personajes históricos permitieron a las autoridades poner en marcha un vasto sistema de clientelismo y dependencia.
Mientras esto ocurría, las empresas que solían invertir en petróleo dejaron de hacerlo debido a los bajos precios internos fijados por el gobierno. Algunas apostaron su dinero al gas natural en condiciones draconianas; otras se dieron por vencidas. El ente petrolero y gasífero del gobierno, YPFB, que se suponía debía librar a los bolivianos del combustible importado, se vio obligado a compensar la caída de la capacidad de producción y refinación mediante la compra de mucha más gasolina, diesel y gas licuado de petróleo a altísimos precios internacionales.
Pronto, la cuenta ascendió a más de 600 millones de dólares anuales. Dado que el precio interno de los combustibles estaba fuertemente subvencionado, el coste abultó un déficit fiscal ya pasmoso. En 2010, año en el que el alto precio de los “commodities” proporcionó a la autocracia de Morales cifras récord de ingresos, el déficit presupuestario de Bolivia, a pesar de las fantasiosas estadísticas oficiales, alcanzó el equivalente al 5 por ciento del producto interno bruto del país.
Hasta que Morales decidió que no tenía más remedio que devolver los precios a la realidad, decretando el aumento. Su argumento fue que el combustible subvencionado estaba alimentando el contrabando hacia los países vecinos. Tenía razón, por supuesto: los precios controlados por comisarios siempre tienen este efecto. Pero ese era sólo uno de los muchos problemas ocasionados por su demencial política energética. En cualquier caso, las organizaciones que lo habían apoyado durante los diversos enfrentamientos que han marcado su gestión contra grupos de centro-derecha, la clase media y gremios empresariales de la provincia oriental de Santa Cruz, se rebelaron, furibundos, contra Morales, amenazándolo con la suerte sufrida por sus predecesores.
Todo lo cual confirma una sencilla verdad. Morales no comanda a sus tropas. Ellas lo comandan a él, como es común en el populismo latinoamericano. Cuando las políticas populistas fracasan, las tropas populistas exigen más nacionalizaciones y una mayor centralización del poder…y más chivos expiatorios. El líder puede o bien llevarlas a donde quieren ir, que es lo que Hugo Chávez está haciendo en Venezuela, o perecer políticamente (o físicamente). Morales ha decidido mantenerse en el poder y doblegarse ante las tropas desesperadas por combustible barato y las graves consecuencias de tal acción”.


























