Socialismo neoliberal
La Razón
México D.F., 8 de enero de 2011
Por Bertrand de la Grange
“En su desesperación por conservar el poder, los hermanos Castro han creado un esperpento, llámese socialismo neoliberal o estalinismo capitalista, que se nutre de lo peor de cada casa. Consiste en despedir a cientos de miles de empleados estatales sin reconocerles los derechos sociales vigentes en las democracias capitalistas. Los cubanos pierden así los beneficios del sistema socialista —salario garantizado, libreta de abastecimiento— y no consiguen, a cambio, las ventajas de la economía de mercado, como la libertad de ejercer su profesión o de abrir un comercio. Por menos que esto han caído varios gobiernos.
En Cuba, es cierto, ya existía ese lamentable capitalismo de Estado que controla el poder sindical y explota a los trabajadores mucho más que en cualquier país genuinamente capitalista. Durante medio siglo, el régimen se ha dedicado a destruir la empresa privada para entregar al Estado el monopolio de la producción en casi todos los sectores de actividad. Con resultados tan desastrosos que la isla se ha visto obligada a importar el 80% de los alimentos que consume. Y ahora, cuando está de rodillas y no dispone de los recursos para pagar los salarios de una plantilla abultada y poco productiva, el Gobierno echa a la calle sin contemplaciones a todos los que sobran. Según la terminología oficial, tan proclive al eufemismo, no se trata de “despidos”, sino de “reordenamiento laboral” o de “actualización del modelo socialista”.
Los primeros despidos han coincidido con el 52 aniversario de la revolución, el 1 de enero. Medio millón de trabajadores perderán sus empleos en 2011 y otros 800 mil en los próximos tres años. Es decir, casi el 30% de la población activa. No conozco otro caso de la misma proporción en la historia. Ni la Gran Depresión, que en su peor momento (1933) disparó la tasa de desempleo en EU al 24.9%. Un verdadero terremoto social se aproxima a la isla, y no parece que las autoridades tengan algún plan de contingencia ni los recursos para paliar los efectos desastrosos de su propia política.
Los cubanos lo aguantan todo, creen sus dirigentes. En los años noventa, vivieron momentos extremadamente duros —el “periodo especial”— cuando el derrumbe de la URSS provocó la suspensión de la ayuda, generosa e interesada, de la gran potencia comunista. A partir de 2000, volvió una bonanza muy relativa gracias al petróleo de Hugo Chávez y a los dólares del exilio cubano. Chávez y Miami proveerán, piensan en La Habana.
…Los Castro y sus acólitos no podrán, sin embargo, mantener cerradas todas las puertas si quieren bajar la presión social creada por los despidos masivos. Y cualquier rendija será aprovechada para ganar espacios de libertad en detrimento de un Estado que ya no es capaz de proporcionar un mínimo de bienestar a la población…”.
Extracto del artículo publicado por el diario La Razón de México


























