¿Le llegó la hora al TLC?
El Espectador
Bogotá, 3 de enero de 2011
Por Michael Shifter
“…todavía queda pendiente un asunto serio: el TLC. El acuerdo, firmado por los dos gobiernos y aprobado hace cuatro años por el Congreso colombiano, languidece en el Legislativo estadounidense. Es fácil entender por qué Santos no quiere dedicar mucho tiempo y esfuerzo a hacer lobby en un tema que se encuentra totalmente atrapado por la lucha entre republicanos y demócratas.
No obstante, Washington está a punto de cambiar. El 5 de enero un nuevo Congreso estará instalado. Con los republicanos al mando de la Cámara de Representantes y teniendo una representación más sólida en el Senado, ¿cómo lucen hoy las perspectivas para acuerdo? Y, ¿qué otros cambios pueden esperarse en la política estadounidense hacia Colombia y sus vecinos?
Para los partidarios del acuerdo hay tanto signos de esperanza como de preocupación. Que John Boener reemplace a Nancy Pelosi como presidente de la Cámara de Representantes abre una nueva oportunidad. Pelosi, respondiendo a la base del Partido Demócrata, se resistió a poner la medida a votación.
Boehner, en cambio, está más comprometido con el acuerdo y ha apoyado firmemente la legislación sobre el libre comercio. Él tendrá pocos problemas en movilizar a sus colegas republicanos, sin embargo queda un interrogante, ¿cuánto apoyo logrará reunir por parte del Tea Party? Él también debería lograr tener el respaldo de un pequeño número de demócratas pro TLC. Lograr que el acuerdo sea aprobado por el Senado no debería ser un problema.
Sin embargo, la pregunta es si la Casa Blanca está dispuesta a apoyar la medida y presentar el proyecto de ley a estudio del Congreso. El presidente Obama, quien ha sido indiferente al comercio en sus primeros dos años de gobierno, ha dicho insistentemente que lo apoya. Pero no ha sido una prioridad para él. Hasta el momento no ha estado dispuesto a gastar su capital político en él. En cierto sentido, el comercio sería una cuestión natural para Obama ya que encaja con su reciente movimiento hacia el centro y ofrece una oportunidad de encontrar un piso común con los republicanos.
Pero, al mismo tiempo, Obama está nervioso por alienar su base demócrata (sobre todo los poderosos sindicatos, como la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales —AFL-CIO, por su sigla en inglés—), que está preocupada por cómo los TLC podrían impactar en el fuerte desempleo (aproximadamente 10%). El 17 de diciembre, el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, no fue muy alentador. Dijo que la Casa Blanca no planea someter el TLC con Colombia a estudio del Congreso “porque no cuenta con los votos suficientes”. Gibbs señaló que ahora, la mayor urgencia del momento es la aprobación del tratado con Corea del Sur, que debido a la creciente preocupación de Washington por Corea del Norte, tiene amplias ramificaciones y menos resistencia por parte de los sindicatos.
En cuestiones geopolíticas relacionadas con América Latina, la nueva mayoría republicana en la Cámara Baja también traerá algunos cambios importantes. El representante por la Florida Connie Mack, que asumirá el cargo de presidente del Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental, pondrá a la administración Obama a la defensiva por ser demasiado suave con la Venezuela de Hugo Chávez.
Mack es de línea dura y ha urgido al gobierno para que catalogue a Venezuela como un Estado que patrocina el terrorismo debido a su apoyo a las Farc, el Eln, Eta y sus alianzas con Irán. Por otro lado, la nueva presidenta del influyente Comité de Asuntos Exteriores, Ileana Ros-Lehtinen, una cubana americana de Miami, tiene una postura firme particularmente con respecto a los hermanos Castro y Chávez, pero también hacia otros líderes de América Latina que simpatizan con el régimen cubano. Mack y Ros-Lehtinen no deben estar aplaudiendo el acercamiento de Santos y Chávez, pero hasta el momento no hay signo alguno de que retiren su apoyo hacia Colombia y su TLC (ya que esto sólo favorecería a Chávez).
En el próximo periodo es probable que Washington permanezca incierto e impredecible. Las prioridades domésticas de Santos, que se enfocan en Derechos Humanos y el Estado de Derecho, no sólo buscan fortalecer la democracia colombiana. Las medidas son también la mejor forma de convencer a los demócratas y republicanos de las dos cámaras, de que un TLC bilateral merece ser ratificado en 2011″.


























