Mi amigo el cavernario

El Universal
Caracas, 13 de diciembre de 2010
Por Roberto Giusti

“…él no concibe el mundo sino entre dos categorías: lo que están conmigo y quienes no lo están. Y a estos últimos, como quieren mi salida del poder (no importa que sea por la vía electoral) les niego el pan y la sal, los persigo, los amedrento, los hostigo y si puedo los liquido, por siempre y para siempre.

Por eso nada más lejos de la verdad que esa especie según la cual la montonera gobernante es una reproducción de la era adeco-copeyana, con sus vicios, sus taras y sus corruptelas, sólo que exacerbadas. En realidad las diferencias resultan abismales y la básica es que mientras en democracia representativa se respetaba al adversario, se le reconocía, se convivía con él y se le dotaba de ciertos respiraderos (universidades, medios de comunicación, Inciba, Conac, créditos cinematográficos para hacer películas contra el sistema), lo cual generaba disenso, aquí se niega al enemigo y sólo se acepta la sumisión como forma de relacionamiento.

Por eso cierran medios, reforman la ley de contenidos, le cierran la santamaría a la investigación científica, ahogan a la empresa privada, niegan la presencia de la oposición en el Parlamento y en el envión esperan llevarse por delante a tres enemigos hasta ahora ilesos aunque aporreados: los medios, las universidades y el sector productivo.

Es el homínido elemental, el hombre recién salido de las cavernas, el eslabón perdido cuyo instinto resulta más poderoso que la razón, enfurecido porque le quieren arrebatar la presa (la pérdida de la mayoría), la realidad se comienza a imponer sobre la venta de pomadas vencidas y el método electoral, del cual se servía, para freírle la cabeza a adecos, copeyanos y otras especies ruines, se vuelve en su contra”.

Extracto del artículo publicado por el diario El Universal

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