Los mitos (chavistas) también ruedan

El Universal
Caracas, 7 de diciembre de 2010
Por Roberto Giusti

Con las lluvias no sólo cayeron barrios enteros, sino también viejos mitos. Uno de ellos es la presunta vocación social de una casta de burócratas que ha gobernado en nombre de los pobres y para los pobres. Una ilusión que se alimentó a base de demagogia, populismo barato, clientelismo excluyente, exacerbación de las diferencias sociales, mucho histrionismo y un gigantesco aparato comunicacional.

…Hoy en día el incremento de la densidad demográfica, la desordenada ocupación del espacio, las invasiones, la basura, las enfermedades, la violencia, la crisis de los servicios y la ausencia del gobierno central en extensas zonas del país, abandonadas a su suerte o atendidas por alcaldes y gobernadores de oposición (con todas las limitaciones que eso implica), se conjuntaron en una sola gran catástrofe, evidencia de la debilidad, la ineficacia y desidia, (a veces voluntarias), de un Gobierno que todo el tiempo hace política (de la más rastrera, hipócrita y pedregosa) pero no aplica políticas para hacer buena la tan pregonada justicia social.

Que Chávez entregue su despacho a unas cuantas familias, más allá de efectismo y la demagogia, es demostración del fracaso de la política habitacional (¿existe eso?) porque cuando el jefe de Estado se deja invadir por los damnificados está reconociendo su incapacidad en la solución de un problema básico. Claro, experto en sacarle jugo político a las tragedias, al final buscaba preparar el terreno para la confiscación de hoteles y centros turísticos (en algún momento arremeterá contra propietarios de segundas viviendas) y darle, a quienes no lo tienen, el techo de otros que él no supo, ni pudo, ni quiso construir. Y ahí si cumple con su palabra de repolarizar el país

Pero todo eso es expresión de otro mito no menos crucial: el de la existencia de un Gobierno, un partido, un Estado y una sola maquinaria política y social, extendida por todo el país, que controla todo, resuelve todo y avanza en la cristalización del totalitarismo. Falso, el incremento de su poder resulta inversamente proporcional a su capacidad para asumir competencias arrebatadas a otros. Por eso la mancha roja se borra, desaparece, se disuelve con la lluvia”.

Extracto del artículo publicado por el diario El Universal

- Imprimir

Comentar esta noticia