Propuesta de integración andina
El Mercurio
Santiago de Chile, 23 de noviembre de 2010
Por El Mercurio (Chile)
“La proposición del Presidente del Perú, Alan García, en cuanto a buscar una integración amplia y profunda entre los países de la región andina -Chile, Perú, Ecuador, Colombia, e incluso Panamá- podría estimarse en primera instancia como otra más de las muchas iniciativas de esta especie que han surgido en nuestra región a lo largo de las décadas, proliferando especialmente en los últimos años.
Variadas siglas, plagadas de retórica integracionista, se han levantado y ocupado periódicamente titulares de los medios latinoamericanos hace más de medio siglo, para luego encontrar en los intereses individuales de los países -o bien en las desconfianzas arraigadas por antiguas disputas territoriales o comerciales- excusas o pretextos para no avanzar u obstáculos para empantanarse estérilmente, creando, en definitiva, frustración y escepticismo.
Sin embargo, esta vez la invitación formulada por el Presidente García tiene mejores fundamentos conceptuales, ha sido planteada en una mejor coyuntura y está respaldada por un importante bagaje de experiencia de los países involucrados, todo lo cual le otorga mejores visos de prosperar. En efecto, la mayoría de las iniciativas anteriores aspiraba a establecer mercados comunes con protección baja en el interior de los mismos y alta frente al exterior, con la idea de expandir los mercados internos y de esa manera elevar las tasas de crecimiento.
Como la teoría económica lo predice, eso condujo a interminables discusiones para establecer excepciones que protegieran intereses ya establecidos, con las consiguientes disputas y problemas, y a preservar las ineficiencias y la ausencia de innovación que provocan las barreras levantadas ante el resto de los mercados. Ésas fueron las fuentes de sus reiterados fracasos y de la consiguiente decepción de la ciudadanía ante ellos.
Chile comprendió tempranamente lo errado de tal camino, por lo que a mediados de la década de 1970 abandonó unilateralmente el Pacto Andino, y nunca aceptó incorporarse como miembro pleno al Mercosur, a pesar de las reiteradas invitaciones para que lo hiciera. Por el contrario, su estrategia fue comerciar con todo el mundo, y para ello bajó sus aranceles aduaneros por iniciativa propia, y luego estableció tratados de libre comercio con la mayoría de los países del globo.
El Presidente García ha exhibido una notable capacidad para aprender de los errores del pasado, y por eso en esta oportunidad ha propuesto que la integración se realice sobre la base del libre ingreso de bienes, servicios, capitales y personas entre los países invitados, al estilo de la Unión Europea. Ha convocado además a naciones que comprenden y comparten el razonamiento en que esa integración se funda -lo que explicaría la ausencia de Bolivia- y que creen en ese libre intercambio -salvo, quizás, el Ecuador de Correa, aunque su formación económica, desencanto con Chávez y cercanía geográfica con el resto podrían impulsarlo a incorporarse-. La propuesta ciertamente debería comprender a los países del Foro del Arco del Pacífico, como México y Costa Rica, que tienen predisposición favorable a esta iniciativa integracionista.
A pesar de todo lo anterior, los obstáculos son formidables, en especial aquellos relacionados con las desconfianzas que las disputas del pasado alimentan en las mentes de muchas personas de esos países y en sus clases dirigentes. Pero, por otra parte, el avance institucional logrado por los países convocados y la madurez económica que actualmente han alcanzado hacen pensar que en esta ocasión no se trata de una iniciativa voluntarista como las anteriores, sino de una que permite albergar esperanzas de éxito, para que éste, finalmente y de manera definitiva, permita a la región avanzar hacia el desarrollo y la prosperidad que su destino común le señala”.


























