Soberanía en el San Juan, sin extremismo
Confidencial
Managua, 14 de noviembre de 2010
Por Carlos F. Chamorro
“…Evidentemente no hay acuerdo entre Nicaragua y Costa Rica. La presidenta Chinchilla alega que su país está siendo invadido militarmente por Nicaragua, pero no ha presentado ninguna prueba contundente. El propio Insulza dijo el martes pasado que no hay tal invasión porque, además, físicamente resulta imposible que una tropa se instale en ese pequeño territorio de suampos y pantanos.
Nicaragua insiste en que no ha invadido territorio tico, y que por lo tanto no puede retirarse de su propio territorio. Una comisión de directivos de la Asamblea Nacional y jefes de bancada de distintos partidos políticos visitó la zona de conflicto el jueves por la mañana, y de acuerdo a sus conclusiones, confirma que no se ha producido una invasión a territorio costarricense.
…El diferendo está centrado en torno al trazado fronterizo que se deriva del laudo Alexander que delimitó la frontera entre 1897 y 1900. Según el Laudo la frontera arranca en Punta de Castilla en el mar caribe, un punto que nadie disputa, siguiendo por la laguna de Harbour Head (ahora conocida como Los Portillos), hasta llegar a un caño que comunica con el Río San Juan. Y ahí esta el punto de la discordia. Costa Rica presenta mapas con un trazado en los que no aparece el caño mencionado por Alexander. Nicaragua sostiene que los mapas nunca fueron verificados en el terreno y que lo que cuenta es lo que dice el Laudo.
Según el Dr. Jaime Incer Barquero, asesor presidencial para temas de medio ambiente –y ahora miembro de la misión de Nicaragua que participa en la sesión de la OEA en Washington– la discrepancia se resolvería analizando las fotos satelitales que sí registran donde estuvo ubicado ese caño antes de 1900, que gradualmente se secó por los cambios provocados por la sedimentación en el delta del río. Y si como dice Incer la frontera no se altera por los cambios en la geografía, se impone un análisis exhaustivo de las fotos satelitales, ya sea de parte de expertos de la OEA o de cualquier otra institución especializada, para reconocer el trazado fronterizo, incluso antes de ir a un arbitraje a la Corte de La Haya. A final de cuentas, seguramente en La Haya tendrían que hacer ese mismo trabajo técnico, porque lo que se discute no son los límites, sino como éstos se expresan in situ en un territorio sumamente pequeño.
Lo positivo de esta controversia es que está generando consenso en Nicaragua sobre cómo ejercer la soberanía en una zona fronteriza. La historia demuestra que hace falta desarrollar infraestructura e invertir recursos económicos en programas sociales y productivos. Y aunque de forma tardía, es importante que por primera vez en su historia la Asamblea Nacional haya sesionado en San Carlos, Río San Juan y aprobado una importante erogación de recursos para el desarrollo de la zona fronteriza.
Lo negativo, y esto hay que decirlo con claridad aunque se molesten algunos sectores, es que tanto en Costa Rica como en Nicaragua se está generando una agitación extremista en torno a este diferendo, que no traerá ningún beneficio a los pueblos de ambos países.
En el lado de Costa Rica, se invoca una política de defensa militar con aliados internacionales incluidos, ante una supuesta invasión que no han podido probar, y se desata una ola de xenofobia contra los nicas, exigiendo represalias contra los trabajadores inmigrantes que resultan fundamentales para la economía de ese país, y para el alivio de la pobreza en su propio país con las remesas que envían a sus familiares.
Desde el lado nicaragüense, también se escuchan voces extremistas que apelando a un falso patrioterismo abogan por sanciones contra el pueblo costarricense, y convocan alegremente a los trabajadores nicaragüenses “a regresar a su patria y trabajar en lo que sea”.
Al margen de estos discursos exaltados y el azuzamiento provocado en torno al diferendo diplomático, las relaciones entre Nicaragua y Costa Rica están entrelazadas no sólo por razones históricas, sino además por la complementariedad entre ambas economías. Entonces, una cosa es reivindicar el dragado del San Juan y el amojonamiento de la frontera con Costa Rica –ahora refrendadas como una política de estado y de unidad nacional–, y otra muy diferente es convertir artificialmente en enemigo al pueblo costarricense.
Ya estamos apreciando cómo está naciendo el discurso extremista en ambos lados de la frontera. Un discurso que además suele ser presa fácil de la manipulación política; el problema es cómo desmontarlo cuando prende en el alma de los pueblos. Por eso, en medio de la agitación mediática que genera este diferendo, es imperativo alertar contra el nacionalismo chauvinista y el tono agresivo de cierta retórica que, al menos en nuestro caso, no le suma nada a la defensa de nuestra soberanía. Y estamos a tiempo para advertir sobre este riesgo ahora, cuando apenas está empezando un conflicto que podría agravarse y prolongarse de forma indefinida, si en los próximos días no se logra alcanzar una salida diplomática”.


























