La reconstrucción política también es necesaria

Miami Heral (EE.UU.)
Miami, noviembre 2010
Por Marifeli Pérez-Stable

Tomas se avecina fuerte y directo hacia Haití, donde el 12 de enero pasado un terremoto dejó a casi dos millones de personas sin hogar y su capital, Puerto Príncipe, aún sigue recogiendo escombros. El cólera también hace estragos con alrededor de 300 muertes y casi 5.000 hospitalizados hasta el momento.

Las elecciones están programadas para el 28 de noviembre pero algunos políticos solicitan que se pospongan. La Organización Mundial de la Salud trabaja con autoridades sanitarias locales para contener la propagación de esta enfermedad contagiosa. Las autoridades haitianas y la Organización de Estados Americanos (OEA) insisten en que el proceso electoral respete el calendario marcado, aunque si el cólera no se mantiene bajo control, sería complicado seguir con los planes previstos.

Antes del 12 de enero de 2010, Haití era un estado fallido; ahora apenas tiene un estado. Al igual que sus compatriotas, René Préval sufrió ante la pérdida de vidas y la devastación sin fin. Nunca suficientemente cómodo en su papel, no supo qué decir. Bill Clinton y Leonel Fernández, el presidente de República Dominicana, tendieron su mano a los haitianos mientras su máximo representante permanecía tras las puertas cerradas. Los haitianos no podían contener su furia.

Todavía, Préval es la única autoridad elegida por la nación que permanece en pie. El pasado mes de marzo, la Cámara de Diputados concluyó su mandato; las elecciones legislativas iban a celebrarse ese mismo mes, pero fueron pospuestas y la fecha aún no ha sido marcada. Si los presidentes haitianos siempre tuvieron en mente a la comunidad internacional, ahora los actores externos son todavía más necesarios.

Sin ellos, no habría elecciones, de hecho, no hay esperanzas de reconstruir las instituciones del estado. Naciones Unidas y la OEA están ayudando al Consejo Electoral Provisional (CEP) a actualizar el registro electoral, montar una unidad de educación cívica, instalar centros de votación y usar un software electoral fiable. Un grupo de trabajo de la OEA – con miembros de Naciones Unidas, de la Comunidad Caribeña, la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y Brasil – asesora a las autoridades haitianas en materia electoral.

Mientras, muchos en el país y en el extranjero cuestionan la imparcialidad de la CEP, Préval ha defendido el cuerpo electoral. Cuando el consejo hizo pública la lista de los candidatos presidenciales, Yvon Neptune – concurre con Fanmi Lavalas, el partido del ex presidente Jean-Bertrand Aristide y el mayor de Haití- estaba en ella. En 2006, Fanmi Lavalas fue excluido del proceso electoral, lo que provocó un boicot generalizado de sus partidarios.

La mayoría de los políticos haitianos han tenido poco contacto con los ciudadanos. Por un lado, la historia de la democracia de Haití se remonta a 1990 cuando Aristide fue el primer presidente electo. Y el recorrido no ha sido gran cosa: Aristide fue derrocado en 1991, recuperó el poder en 1994 y lo mantuvo hasta 1996, después, elegido de nuevo en 2001 sólo volvió una vez más en 2004. Desde entonces, ha vivido en Sudáfrica.

En resumen, Aristide – no demócrata, aunque elegido dos veces de forma democrática – es muy querido por la mayoría empobrecida. Sus políticas mejoraron el acceso a la asistencia sanitaria y la educación, duplicó el salario mínimo, instituyó la reforma agraria y otras reformas de tipo socioeconómico. Por primera vez, los haitianos empezaron a confiar en su presidente. Sin embargo, al igual que otros líderes populistas, Aristide no alimentó la arquitectura institucional de la democracia.

Con un poco de suerte, los haitianos elegirán a su presidente el 28 de noviembre. Las elecciones legislativas deberían celebrarse pronto, en 2011. Pero las elecciones son sólo el primer paso: la legitimidad tiene que ganarse día a día en una sociedad gravemente marcada por la miseria. Aristide no es un modelo a seguir, pero sus políticas ofrecieron una pobre esperanza. No le importa pero siempre piensa en sus sucesores. Sin ellos, Haití nunca se mantendrá a flote. Todavía las élites políticas y socioeconómicas no pueden llegar a comprender este hecho.

Incluso si, al final, la reconstrucción de Haití es responsabilidad de los haitianos, la comunidad internacional actúa como garante. La ayuda ha tardado en llegar, en parte porque los donantes temen que sus dólares y euros terminen en los bolsillos equivocados. Las autoridades haitianas necesitan ganar en confianza. Se suele decir que las personas tienen los líderes que se merecen, pero en este caso, las élites no han representado con dignidad al pueblo haitiano.

Artículo publicado en Miami Herald y traducido por Infolatam

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