Salarios, consumo y votos: ¿Por qué Chávez está perdiendo el respaldo electoral?

Infolatam
Caracas, 10 octubre 2010
Por Leonardo V. Vera

Quien haya seguido los detalles de la campaña que precedió a las elecciones parlamentarias en Venezuela, no tendrá la menor duda de que quienes allí se midieron fueron dos entidades muy diferentes. Por un lado, un nutrido y heterogéneo grupo de candidatos arropados bajo el signo de la “Unidad Democrática”; y por otro, Hugo Chávez Frías.

Chávez se tomó la campaña para si encabezando decenas de caravanas y concentraciones a todo lo largo y ancho del país y poniendo los recursos del Estado venezolano al servicio de su actividad proselitista. De hecho fue Chávez quien protagonizó y dio cierre de la campaña el día 23 de septiembre en el Estado Carabobo, una ocasión que aprovechó para sentenciar con el mayor desparpajo: “¡Le vamos a dar una paliza el domingo a esos escuálidos vende patria y corruptos. Los candidatos de ellos son candidatos del Imperio. Cada quien escoja, los que quieran patria vengan con Chávez!”. Por eso, es correcto leer el resultado de las elecciones parlamentarias venezolanas como una medición temprana de un liderazgo político que por años ha lucido imbatible pero que ahora muestra sus fisuras.

La oposición sacó el 52% de los votos nacionales; que aunque ciertamente sólo terminó representando el 40% de los escaños de la asamblea unicameral venezolana, tal desproporción, que quede claro, no fue más que el resultado de la perversa retrogresión institucional que ha sufrido Venezuela de manos de poderes públicos secuestrados por Ejecutivo. En el año 2009, el PSUV (el partido de Chávez) presentó y aprobó en el seno de Asamblea Nacional una Ley Orgánica de Procesos Electorales que abrió paso a esta injusta y vergonzosa distorsión en la representación política parlamentaria.

El punto fundamental es que Chávez ha perdido casi un millón de votos con respecto a su propuesta de re-elección indefinida aprobada el 15 de febrero de 2009, y cerca de un millón ochocientos mil votos con respecto al pico alcanzado en la elección presidencial del año 2006 ¿Dónde pueden estar las claves para entender este retroceso? Los estudios de “grupos focales” ayudan a revelar donde no están las respuestas, pero no dicen mucho más.

Las respuestas no están en la crisis de gestión del Estado; ni en las 120 mil toneladas de comida perdida en las redes de importación y distribución de alimentos del gobierno. Tampoco están en la creciente deficiencia de los servicios públicos, o en el retorno obligado a la edad de piedra que a menudo experimentan los hogares humildes como consecuencia de la crisis de energía. No es la inseguridad ciudadana que cercana la vida de cientos de personas en las zonas urbanas del país. La respuesta está más bien en una pastosa mezcla de economía y socio-cultura.

Muy al contrario de lo que pre-figuran algunos promotores del proceso socio-político chavista, la sociedad venezolana no está avanzando dentro de un proyecto visionario, de construcción colectiva y de signos altruistas y solidarios. Lo que es peor, la sociedad venezolana no se piensa hacia el futuro, y vive cada vez más sumida en un dramático inmediatismo donde lo que prevalece es el accionar individual y defensivo de aquellos que cifran su supervivencia material en el oportunismo, en ciertas conductas no-cooperativas y en una creciente desconfianza hacia el resto de la sociedad. La inestabilidad, que desde hace años es el signo moderno del juego político y del acontecer económico del país, ha sido un ingrediente esencial de esta distorsionada conducta.

Los venezolanos han vivido tres décadas con sobresaltos sorpresivos que acontecen sobre un continuo proceso de erosión de sus ingresos. Quien no desarrolla en este ambiente capacidad alguna para defenderse, queda al margen, y defenderse en pocas palabras para el venezolano es maximizar el consumo presente. La inflación ha permeado de tal manera en sus decisiones que sólo vive el presente sin posponer el consumo.

Durante los años 2004 al 2007, en el mayor esplendor de la más reciente bonanza petrolera, el consumo privado creció en Venezuela a una tasa promedio anual de 20%. Nada igual ocurrió en país Latinoamericano alguno. En sólo cuatro años el consumo pasó, de constituir el 60% del Producto Interno Bruto de la nación, a representar el 73% del PIB. Por eso el “socialismo chavista” aparece a los ojos del visitante perplejo como una enredada conjunción, a veces hasta ridícula, de consumismo y vanidad, con un asfixiante trasfondo materialista.

El motor fundamental de esta vorágine de consumo en Venezuela ha sido el crecimiento del salario real. Hasta finales del año 2007, el salario real estuvo creciendo ininterrumpidamente en Venezuela por 16 trimestres. Pero a partir del primer trimestre de 2008, el salario real comienza a caer, y desde entonces lo ha hecho ininterrumpidamente por 10 trimestres consecutivos. El asunto es que la economía venezolana no genera ya incrementos de ingresos suficientes para compensar tasas de inflación de 30% anual.

En este ambiente, el consumo privado en términos reales se ha desplomado y en los últimos ocho trimestres ha crecido a una tasa promedio interanual de -1,2%. Una decisiva restricción en los ingresos ha conducido a este dramático ajuste. Esta es la pérdida de bienestar que para bien o para mal los venezolanos hipervaloran hoy día. El chavismo no ha permanecido inerte frente a esta realidad. Su desarrollada intuición para conocer el mercado político local le ha advertido la importancia que tiene mitigar los efectos de esta caída en el ingreso real de su clientela.

Por eso la política pública se ha movido sigilosamente desde las misiones educativas y de los programas de salud hacia los subsidios y el crédito fácil al consumo, motando a los efectos un entramado económico que lleva al cliente desde la banca pública a los hipermercados. Ese 23 de septiembre Hugo Chávez lo expreso con una crudeza nunca vista: “¿Ya llegarían aquí las neveras de Chávez? Tremendas neveras, de las mejores del mundo ¿No hay? Será que se acabaron, pero no se preocupen porque ya vienen más, porque conseguimos tremendo crédito desde China.”

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2 comentarios a “Salarios, consumo y votos: ¿Por qué Chávez está perdiendo el respaldo electoral?”

  1. Tweets that mention Salarios, consumo y votos: ¿Por qué Chávez está perdiendo el respaldo electoral? | Infolatam -- Topsy.com dijo:

    [...] This post was mentioned on Twitter by Simón Salas, Jharol Guevara, Yenny Gomes, Angel Garcia Banchs, Tomás Andrés Ramírez and others. Tomás Andrés Ramírez said: Artículo d Leonardo Vera: Si no hay lia no hay lopa ni votos tampoco ¿Por qué Ch está perdiendo el respaldo electoral? http://bit.ly/bjSZ3t [...]

  2. Lucas Blanco Acosta dijo:

    PARTICIPÓ UN 93.59 % DE ELECTORES Y NO UN 66.45 %
    Según los votos que contabiliza el CNE en su web, Participó un 93.59 % de electores y no un 66.45 % en las elecciones parlamentarias de septiembre de 2010. Según estas cifras publicadas por el mismo CNE; 16.373.272 de venezolanos votaron en estas elecciones parlamentarias del 26 de septiembre de 2010; para registrar un 93.59 % de participación. Según el universo electoral venezolano de 17.495.353 electores, publicado por el mismo CNE, el 31 de marzo de 2010.
    Si le sumamos el porcentaje de votos nulos, que por lo regular en este tipo de elecciones parlamentarias es alto; porque son más complejas que otras elecciones; alrededor de un 3 % más, por votos nulos; y los que ejercieron solo el voto del parlamento latinoamericano o el indígena y no sufragaron por el voto lista, ni el nominal, regulémoslos en 1 %. El total indicaría: 93.59 + 3 + 1 = 97.59, es decir, el 98 % de participación; esto explicaría porque en este modelo de votación tan rápido y perfecto, la Directiva del CNE retardó su primer y único boletín, hasta las 2 am de la madrugada del día siguiente.
    Será que les faltarían mas venezolanos inscritos en el CNE, para lograr su meta de 110 diputados; precisamente dos días después el presidente Chávez declaraba que había muchos venezolanos sin cédula de identidad, que había que hacer una campaña para cedularlos o más bien será crear el porcentaje virtual que les hizo falta esta vez.
    No puede ser posible que las principales instituciones del país no entren en cuenta ni imputen este atropello, todo indica que son cómplices, principalmente la dirigencia o los que representan la Mesa de la Unidad Democrática, el partido político PPT y PODEMOS; que supuestamente son los más votados, conjuntamente con el oficialismo.
    Entonces tendremos que comprobar que son aliados secretos o mejor dicho, guardan este gran secreto que los “beneficia”; el de los votos invisibles; el de los venezolanos que nunca han existido, pero están registrados en los cuadernos electorales y siempre, en los últimos años han votado por quien les convenga. Resulta que ahora no se trata del partido o candidato que tenga más preferencia entre el electorado, sino del que tenga la capacidad o disponibilidad de generar más cédulas de identidades, usurpación de votos o electores invisibles.
    Qué venezolano o que institución acepta el reto de sumar, evidenciar y después denunciar este exabrupto, ante cada fiscalía de su municipio o Estado; hasta que, a los responsables de este desafuero los abandone el cinismo. Para que las diversas universidades y los técnicos en biometría, intervengan y hagan las auditorias respectivas en el Consejo Nacional Electoral venezolano y ambos, nos curemos en salud.
    Esta apreciación, es otra prueba que añadiré a mi denuncia. Puede revisar mi acusación consignada el 30 de septiembre de 2010 ante la fiscalía, en: http://www.lucasblancoacosta.com, igual puede verificar allí el detallado cálculo matemático del 93.59 % de participación, Estado por Estado.

    Lucas Blanco Acosta.

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