¿La suerte está echada?
Infolatam
Buenos Aires, 30 septiembre 2010
Por Bruno Ayllon
A pocas horas de la conclusión del último debate televisivo en la red Globo entre los cuatro candidatos presidenciables más conocidos (Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores, José Serra del Partido de la Social Democracia Brasileña, Marina Silva del Partido Verde y Plinio A. Sampaio, del Partido del Socialismo y la Libertad) y a escasos tres días del inicio de los comicios, los ciudadanos brasileños se enfrentan a la responsabilidad de elegir con su voto al jefe del Estado, a 513 diputados federales, a 54 senadores (2/3 de esa cámara) y a los 27 gobernadores de 26 estados y el Distrito Federal (Brasilia).
Por sexta vez desde el retorno de la democracia en 1985, la maquinaria electoral coordinada por el Tribunal Supremo Electoral deberá funcionar como un reloj perfectamente engrasado para garantizar que la votación en las urnas electrónicas de más de 136 millones de electores, en un territorio de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados, se traduzca en un nuevo mapa del poder en Brasil.
Todas las encuestas indican que se avecina una importantísima modificación del panorama político brasileño, de forma que la oposición a Lula saldrá vapuleada y apenas conseguirá mantener un puñado de gobernadores y senadores, algunas decenas de diputados federales y, lo que es más grave para ellos, acumulará una nueva derrota en el intento de alcanzar la Presidencia de la República.
Así, el PSDB y el DEM, principales partidos del arco de centro-derecha opositor a Lula, mantendrán apenas la gobernación de los estados de Sao Paulo, Minas Gerais y otros tres o cuatro estados de importancia mucho menor. Bahía, Río Grande do Sul, Distrito Federal, Río de Janeiro y el resto de estados quedarán en manos de candidatos del PT o de la amplia base aliada de partidos (PMDB, PSB, PDT, PR entre otros) que apoyan a Lula y a su probable sucesora.
En la Cámara de Diputados las proyecciones estiman un crecimiento sustancial del PT, del PMDB (el partido que es compañero de viaje de Lula con la candidatura a vicepresidente de Michael Temer, antiguo aliado de Cardoso) y de otros menos importantes pero decisivos para garantizar una agenda de gobierno en 2011 (PDT, PC do B, PR, PRB, PSB, PSC, PTN, PTC).
En realidad, la “emoción” de esta campaña ha quedado reducida en el último mes a despejar la incógnita sobre la victoria, en primera o segunda vuelta, de la candidata ungida con las bendiciones del presidente Lula. Dilma está sólo dos puntos porcentuales por encima de la suma de los votos de todos sus contrincantes. A día de hoy, no puede afirmarse claramente que sea inexorable la posibilidad de la elección de Dilma el próximo domingo 3 de octubre. ¿Estará la suerte echada?
Todo dependerá de algunos factores que conviene considerar y de su evolución en los próximos días.
En primer lugar, la desmovilización de parte del electorado que Lula/Dilma han conquistado en estos meses de campaña. La hipótesis de una transferencia de la popularidad de Lula, que se tradujese en votos para Dilma (46 % en intención de votos), ha quedado plenamente confirmada, pues en todas las regiones (por goleada 80 a 20 en el nordeste), en todos los segmentos sociales (con una progresión entre las clases más pudientes y más escolarizadas) y, especialmente, entre las mujeres, la candidata llamada a consagrar el “lulismo” como movimiento y estilo político, supera ampliamente a Serra, que apenas domina en algunos bastiones del sur y el sudeste.
Sin embargo, es cierto que se ha diseminado un cierto clima de “ya ganó”, como dicen los brasileños, por lo que algunos cientos de miles de votos pueden escapársele a Dilma entre estos votantes menos convencidos o tentados a desmovilizarse.
En segundo lugar, aunque es difícil estimarlo y más preverlo, el último debate televisado puede ser un factor que juegue en los dos sentidos (puede dar o puede quitar votos a Dilma). Dependerá de la habilidad de los otros tres candidatos en pugna, que harán frente común contra Dilma, pues sus intereses convergen ante la posibilidad de una segunda vuelta. En el caso de Serra (28 % en intención de voto), no es difícil imaginar que utilizará el último (¿será el último?) escándalo de corrupción que ha estallado (¡¡¡ nuevamente !!!), en el ministerio de la Casa Civil (¿se acuerdan de José Dirceu?) y que esgrimirá las turbias maniobras de funcionarios del ministerio de Hacienda afiliados al PT, que intentaron violar su sigilo fiscal y el de su hija, como muestra del estilo petista de conservar el poder. Lo cierto es que Serra se equivocará si opta por este camino, pues este tipo de argumentos impactan poco en el electorado tradicional de Lula/Dilma, al contrario que las promesas de mayores programas de transferencias de rentas, de aumento del salario mínimo o de preservación de beneficios de la seguridad social.
Parece más factible que Marina Silva (14 % en intención de voto) gane a parte de los votantes descontentos con el gobierno Lula (por ejemplo por su escasa sensibilidad medioambiental) entre aquellos, mayoritariamente jóvenes, que están cansados de las opciones tradicionales y que pueden sentirse atraídos por la figura, frágil pero firme, de una mujer ecologista que mantuvo sus convicciones por encima del ímpetu desarrollista del lulismo.
En tercer lugar, el resultado del proceso que se juzga en estos momentos en la sede del Supremo Tribunal Federal (STF). La legislación electoral ha introducido como novedad la obligatoriedad de votar con dos documentos, uno de los cuales, debe llevar imperativamente la fotografía del elector. En caso contrario, el ejercicio del derecho al voto sería imposibilitado. Pues bien, el Partido de los Trabajadores presentó un recurso contra este requisito alegando que “es excesivo”.
En realidad, existe un temor fundamentado a que parte del electorado de Lula/Dilma, con menor nivel de instrucción y con menos información, especialmente en las zonas rurales, pueda ver bloqueado su derecho al voto por esta exigencia legal. Si bien la mayoría de jueces (ministros, como los llaman en Brasil) ya han manifestado su voto a favor de la retirada de esta exigencia, el presidente del STF, Gilmar Mendes, en el uso de sus atribuciones, ha paralizado el análisis del proceso por lo que, a esta hora (21 horas en Madrid), y en este día (30 de septiembre) la incertidumbre se mantiene. No es un tema menor pues, al ser tan estrecho el margen favorable a Dilma para ganar en primera vuelta, hay que ponderar este impacto negativo en sus aspiraciones si finalmente se confirma el mantenimiento de la exigencia legal de votar con dos documentos.
En definitiva, ni la suerte está echada ni deben descartarse “sorpresas” de última hora.
Nada, sin embargo, redimirá a la oposición a Lula, carente de discurso y de nuevas propuestas, merecedora de una derrota después de una campaña desastrosa, errática y sin coordinación. No acertaron al evitar la celebración de primarias entre el gobernador de Minas Gerais, Aecio Neves, y el gobernador de Sao Paulo, José Serra. Tampoco en la elección rocambolesca del compañero de fórmula del PSDB para la vicepresidencia, el diputado del partido DEM Indio da Costa, un perfecto desconocido al que hubo de parar los pies la dirección de campaña por sus acusaciones de vínculos entre las FARC y el PT.
Pero lo más grave es la falta de pericia de la oposición para darse cuenta que Brasil ha cambiado y que los millones de brasileños que han ascendido a la clase media en estos años (por mérito de los gobiernos de Cardoso y de Lula) necesitan escuchar otros discursos e ilusionarse con otras realidades que satisfagan sus aspiraciones. Puede que Neves lo consiga en 2014 aunque tenga en frente a Lula.































1 octubre 2010 a las 14:53
eleicoes
7 octubre 2010 a las 17:53
[...] avanza en la elección de su nuevo/a presidente, Brasil ya se encuentra consolidado como potencia emergente en lo económico y la gobernanza [...]