Venezuela 2010: otra década perdida
Infolatam
Madrid, 22 septiembre 2010
Por Jonás Fernández
La crisis financiera internacional contrajo sensiblemente la actividad de América Latina en 2009 un 1,8 por ciento. Venezuela cayó un 3,1 por ciento. Para el año en curso, las previsiones apuntan a una expansión del conjunto de la región del 4,0 por ciento, tasa similar al crecimiento esperado para 2010. Venezuela caerá más del 2,5 por ciento en 2010 y apenas registrará un leve incremento del 0,4 por ciento en 2011. Todo ello, con la inflación cercana al 30 por ciento interanual y, sobre todo, con unos desequilibrios acumulados en la última década de difícil arreglo.
Durante los años de “revolución bolivariana”, el país ha caído en una profunda crisis que ha combinado los efectos típicos de la “enfermedad holandesa” y los resultados de una política económica hiper-intervencionista. La apreciación real de su moneda derivada de la inflación local y de la exportación de petróleo ha acabado por eliminar de su cesta exportadora a productos no petroleros y ha minimizado la oferta nacional de la cesta de consumo, desplazada por las importaciones de menor precio, socavando todo ello a la industria local.
En la misma dirección, la presión del gobierno contra los empresarios nacionales ha deprimido aún más la inversión privada y, con ello, ha restringido la oferta y elevado la inflación, animada también por el extraordinario gasto público. De este modo, en la última década hemos ido presenciando una contracción permanente de la oferta privada nacional, sustituida por las importaciones, mientras la oferta pública, sustentada en los ingresos petroleros, ha ido incrementándose, anulando a su vez al sector privado. Este modelo permitió durante los buenos años del boom internacional financiar un elevado gasto público destinado a mejorar las condiciones de vida de las capas populares. Sin embargo, las cosas parecen estar cambiando.
En primer lugar, la producción de petróleo lleva cayendo desde 2005. De hecho, la producción real acumulada en doce meses a cierre de junio suponía un 13,5 por ciento menos a la registrada en el mismo periodo de 2005. Así, aún cuando los precios se han recuperado frente a los peores momentos de la crisis, los ingresos nominales han caído sensiblemente. Como resultado, las divisas para sufragar las importaciones que suponen ya cerca del 40 por ciento del PIB (en términos constantes) han comenzado a ser exiguas.
Esta realidad justifica primero el control de cambios y recientemente el sistema de doble tipo de cambio que está complicando la viabilidad de la menguada industria local al encarecer a su vez los suministros. En este sentido, la escasez de divisas ha venido a tensionar aún más la inflación, disparada en los últimos años por el volumen de gasto público y la menguante oferta local, y ahora fundamentalmente por la importancia creciente del mercado negro de divisas y bienes y servicios.
Además, la caída de ingresos petroleros está comprometiendo a su vez la activa política asistencial del gobierno. En este sentido, es importante clarificar que el desarrollo de políticas sociales, financiadas en su mayor parte por PDVSA, no se han enraizado en las bases del Estado. Más al contrario, las “misiones bolivarianas” destinadas a mejorar la educación, la sanidad o la alimentación de las capas populares del país se han desarrollado a través de un modelo para-estatal, perdiendo una buena oportunidad para diseñar un Estado del Bienestar, aún modesto, pero al menos con visos de estabilidad. De este modo, esta estructura “oficiosa” de las políticas asistenciales supone ahora su mayor riesgo para salvaguardar su viabilidad.
En fin, el país se enfrenta a unas perspectivas de crecimiento muy exiguas, con un marco de elevada inflación e inseguridad jurídica, con una decadente producción petrolera que no sólo compromete la situación económica sino también el despliegue de las políticas sociales. Y bajo este escenario se celebran las elecciones legislativas del próximo domingo. Las encuestas parecen adelantar una victoria de las candidaturas de Hugo Chávez, si bien la oposición volverá a sentarse en la Asamblea Nacional. Su peso determinará la evolución de la revolución bolivariana, que camina ya por una senda sin salida aparente.


























