Recientes ataques de las Farc demuestran que están en crisis
El Tiempo
Bogotá, 19 de septiembre de 2010
Por Román Ortiz
“La intensidad de los ataques terroristas no refleja el poder político-militar de las organizaciones que los comenten. Muchas veces, los violentos reaccionan con dosis masivas de terror cuando se sienten débiles…
Desde esta perspectiva, la evolución de una campaña anti-terrorista no se puede medir por una escalada coyuntural de los terroristas. La clave está en otras cuestiones como el escenario geográfico donde se producen los ataques, la naturaleza de estos o el grado de coordinación que demuestran.
Los recientes choques armados han tenido lugar en zonas como Caquetá, Catatumbo o Putumayo donde la guerrilla gozó de una fuerte presencia durante largo tiempo. Ahora, las acciones de las Farc buscan enfrentar la entrada de la Fuerza Pública en esos territorios y defender su influencia sobre la población.
En las zonas bajo su control, la guerrilla construyó un orden piramidal para explotar a los ciudadanos. Desde la cúspide, las estructuras de combate de la organización aplastaban la resistencia de cualquiera que se les opusiese.
Por debajo, los milicianos vigilaban a sus vecinos y exigían su contribución en plata o especie al grupo armado. En el fondo del sistema, la población debía aceptar las extorsiones bajo la sombra de permanentes amenazas.
La llegada de la Fuerza Pública está provocando una discreta, pero profunda revolución social en estas zonas.
A medida que la capacidad de amedrentamiento de los terroristas se reduce, la población se libera del trato feudal a que era sometida y muchos antiguos colaboradores de la guerrilla rompen con la organización. Con estas circunstancias, las Farc están obligadas a defender el orden tiránico del que depende su supervivencia.
La segunda cuestión significativa es el perfil de los pasados ataques, que tomaron la forma de emboscadas y hostigamientos con un uso masivo de explosivos.
…El recurso a estas tácticas apunta a la incapacidad de operar como la guerrilla lo hacía hasta comienzos de la década de 2000, cuando podían concentrar sus combatientes alrededor un pueblo y sostener un asalto durante horas o incluso días hasta completar su destrucción. Ahora, se utilizan explosivos para causar un daño masivo y luego darse a la fuga.
Finalmente, vale la pena analizar el estado de la estructura de mando de las Farc.
Los cabecillas de las estructuras guerrilleras han respondido a la consigna general de intensificar sus acciones en el inicio del nuevo Gobierno, pero es evidente que han diseñado sus acciones individualmente, golpeando los blancos de oportunidad que estaban a su alcance. En otras palabras, la guerrilla ha dado señales de coordinación política, pero no operacional.
Al mismo tiempo, los ataques guerrilleros han tenido lugar en áreas relativamente alejadas de zonas como el cañón de las Hermosas o la Macarena donde se encontrarían los líderes de la organización, ‘Alfonso Cano’ y el ‘Mono Jojoy’.
Esto último pone de relieve la presión que la Fuerza Pública está ejerciendo sobre la cúpula del grupo. Un cerco que limita las posibilidades de la dirección guerrillera de coordinar los movimientos de sus estructuras armadas.
Todo lo dicho no implica que las Farc hayan perdido su capacidad de desestabilización. De hecho, una serie de indicios apunta a que la lucha contra el terrorismo podría enfrentar pruebas difíciles en el futuro.
El creciente acercamiento de las Farc a las bandas criminales proporciona a la guerrilla ventajas claves. De momento, la guerrilla ya utiliza estructuras delincuenciales como canales para exportar narcóticos y recibir armas.
Además, hay crecientes indicios de que las Farc se están apoyando en el crimen organizado para cometer atentados en las ciudades. Se vio en Cali, luego en Buenaventura y probablemente es parte del entramado en el ataque contra Radio Caracol en Bogotá.
Esta fusión entre terrorismo y crimen organizado exigirá una nueva forma de entender la lucha contra las grandes bandas delincuenciales y una cooperación más estrecha entre militares y policías.
…los propagandistas de la crisis de la Seguridad Democrática olvidaron mencionar que los ataques terroristas realizados en el país entre enero y agosto de este año fueron un 4,1 por ciento menos que en igual periodo del año anterior”.


























